10 de marzo de 2014
10.03.2014
Aniversario

Flores que dan la vida

09.03.2014 | 20:51

Historia, anécdotas, trabajo, esfuerzo, constancia, cercanía y familia. 120 años no son fáciles de resumir, pero estas palabras ayudan a hacerse una idea de lo que fue, es y será Floristería Fernando, un negocio familiar que comenzó de manos de Dolores Pina, 'La Trista', cuando en 1894 comenzó a vender flores en la plaza del mismo nombre.

Dolores Pina, conocida como 'La Trista', recogía cada mañana las flores que cultivaba en la huerta e iba hasta la plaza de las Flores para instalar su puesto. Estamos hablando del año 1894, cuando en Murcia la floristería era toda una desconocida. Dolores fue quien comenzó con un comercio que este mes cumple 120 años, y que ha conseguido que los murcianos que a diario pasean por la popular plaza no la conciban sin el puesto de Floristería Fernando.

Pero para llegar a lo que hoy en día es, han sido necesarias muchas horas de dedicación, jornadas incansables y mucho amor por las flores, porque las flores que en su día comenzó a vender Dolores y que ahora venden su nieto Antonio Ríos López y su biznieto David Ríos Nicolás, son flores que dan la vida a esta familia tan conocida en Murcia.

Los años pasaron y Dolores tuvo hijos. Uno de ellos, Fernando Ríos Pina, aprendió el oficio junto a su madre, y desde niño ya se le veía trabajar en el negocio familiar. En el año 1964, Fernando, junto a su mujer Ana López Franco, recibieron la licencia municipal para instalar un quiosco en el mismo lugar en el que Dolores instalaba su puesto, junto a la iglesia de San Pedro, aunque por aquel entonces entre la parroquia y el quiosco existía un edificio, cuyo dueño, el doctor José Clavel, «no puso ningún impedimento para que se concediera la licencia», recuerda Antonio Ríos, quien ahora está al frente del negocio ayudado por su mujer, Encarna Nicolás, y su hijo David, quien será el encargado de continuar con la saga de floristeros.

Se cuentan con los dedos de las manos comercios que hayan superado los cien años. Floristería Fernando comparte este honor con la panadería Bonache con la que también tiene en común la ubicación: la concurrida plaza de las Flores, cuyo nombre, de buen seguro, tuvo mucho que ver con Dolores Pina, la fundadora del comercio. Antonio, al igual que su padre, comenzó a los ocho años a conocer el oficio. Ahora, a punto de cumplir los 60, se le iluminan los ojos cuando se le pregunta qué suponen para él las flores: «Todo, la vida, todo», explica con una sonrisa de oreja a oreja.

La floristería ha cambiado mucho y ahora nada tiene que ver el trabajo que se realiza con el que Antonio aprendió de niño. «Era muy manual, con cañas, alambres?», asegura este murciano de pura cepa, que también tiene tiempo para recordar a la figura de su padre. «Lo conocía todo el mundo y a él lo que le importaba es que todo el mundo tuviera flores; si no se las podían pagar, ya se las pagarían», destaca Antonio, quien recuerda la gran devoción que su padre profesaba al Cristo de la Esperanza, su 'vecino' de la iglesia de San Pedro.

Hace años, Fernando era quien se encargaba de decorar todos los tronos de la Semana Santa en Murcia, tarea que mantuvo en el caso del titular de la Esperanza. «Hubo un año que no tenían dinero para pagar el arreglo de flores y mi padre no consintió que el Cristo saliera a la calle sin sus flores», recuerda Antonio. 120 años dan para muchas anécdotas e historias, desde las colas de coches que se formaban los fines de semana en la puerta de la floristería –cuando por la plaza de las Flores podía pasar el tráfico rodado– para que Antonio los arreglara para bodas; pasando por las visitas a la floristería de los actores de la talla de Francisco Rabal o José Luis López Vázquez, quienes cada vez que visitaban Murcia para actuar en el Romea buscaban un hueco para ir a ver a «Fernando el de las flores». Ahora, con 120 años cumplidos, el futuro de Floristería Fernando está asegurado gracias a la cuarta generación: David. «Estoy muy orgulloso de ver que mi hijo va a continuar con el negocio», reconoce Antonio, quien ha enseñado a David todo lo que sabe, ya que, en definitiva, «se ha criado en la plaza de las Flores», añade el padre. En definitiva, 120 años de esfuerzo, buen hacer, trabajo constante, y un trato cercano y exquisito hacia los clientes.

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