22 de mayo de 2019
22.05.2019
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Debate electoral: Fortalezas y debilidades

El debate de La Opinión confrontó las ideas políticas de seis aspirantes a presidir la comunidad autónoma: los candidatos exhibieron sus virtudes pero también evidenciaron sus puntos débiles

21.05.2019 | 22:51
Debate electoral: Fortalezas y debilidades

Análisis. El debate que organizó este periódico en el Paraninfo de la UMU dejó a Urralburu y a Garre como los principales beneficiados: ambos fueron los candidatos que desarrollaron con mejor soltura sus planteamientos en el atril. El encuentro también puso de manifiesto que Conesa sigue sin arriesgar y que Franco ocupa el centro de la diana de las críticas, lo que le obliga a situarse a la defensiva. Salvador y Álvarez–Castellanos, más discretos, sólo convencieron a sus fieles.

Un debate es ante todo una oportunidad para exhibir una propuesta política y confrontarla con el contrincante. Nada más útil que medirse con el adversario ante el público para ganarse la confianza del votante. El debate que organizó LA OPINIÓN el pasado lunes en el Paraninfo de la Universidad de Murcia evidenció las virtudes de los candidatos que aspiran a presidir la Comunidad Autónoma en las próximas elecciones autonómicas del 26 de mayo, pero también dejó a la vista de todos sus puntos débiles.


Alberto Garre, de Somos Región, sello inconfundible

No hay político más reconocible que Alberto Garre. Desde su primera intervención, su retórica es inconfundible. Cuenta con un relato propio que le diferencia del resto, con el sello de un político curtido en mil batallas, que conoce la Región y también su vertiente política, la Comunidad. Y tiene la habilidad de no disparar nunca al aire: sus balas hacen fuego. ¿Benizar? ¿Qué pueden prometer todos por Benizar? Su respuesta es la única que no contuvo una promesa, sino hechos: «Yo fui el último presidente que acudió y se preocupó». ¿La eterna discusión ideológica sobre Educación? Él se centra en lo esencial: «No se puede permitir que haya colegios con amianto y con aulas con frío en invierno y altas temperaturas en verano».

Garre fue además breve, directo y mordaz. En su contra se sitúa su pasado como dirigente del partido al que ahora quiere precisamente derrocar en las urnas; esta circunstancia puede abrir el abanico de las contradicciones, pero ninguno de los contrincantes le buscó la cosquillas en ese sentido. Nadie le pidió cuentas por el PP. Sólo tuvo un momento agrio, el rifirrafe con Vox, del que salió airoso.

Óscar Urralburum, de Podemos-Equo, en su hábitat más cómodo

Por cada encuesta que golpea a Podemos, la formación morada responde en los debates con el mejor Óscar Urralburu. El candidato morado es el que mejor se desenvuelve en este formato: no sólo se siente muy cómodo en el atril, es que por momentos brilla, ofreciendo su mejor repertorio oratorio. Pide la palabra continuamente, se ofrece el primero para descargar sus consignas y no teme el cuerpo a cuerpo. Urralburu tiene un discurso sólido, le sobran armas dialécticas y a sus cualidades se suma la mochila de cuatro años de trabajo en la Asamblea, que le aventaja con sus adversarios.

Precisamente algunas de sus virtudes se revuelven en su contra. Buscó con frecuencia a Ciudadanos, a veces casi de forma obcecada, abusando de un duelo que le propicia pocos réditos electorales: la formación naranja es un partido rival, sí, con políticas antagónicas, sí, pero sus votantes no son los suyos, ni viceversa. Su caldero de votos se encuentra a la izquierda de Ciudadanos: empezando por el PSOE y terminando por Cambiar la Región. A ellos apenas se dirigió. Y no cabe olvidar que Podemos afronta el problema de que parte de su electorado perciba en el PSOE el voto útil para el cambio, además del temor de que pase factura las disputas de sus dirigentes nacionales. Contra todo eso Podemos lucha con uno de sus candidatos más preparados. Por eso resultó una lástima que leyera el minuto de oro, el único desliz de una intervención de gran nota.

Isabel Franco, de Cs, marcando distancias

Hubo un momento en que Isabel Franco transmitió cierto hartazgo de ocupar el centro de la diana de los candidatos. Con López Miras fuera de combate, el objetivo era ella, y eso le privó de tomar la iniciativa, posicionándola a la defensiva ante sus rivales, que la atosigaban con insistencia. No ayuda que le saquen a colación las leyes y los entresijos de una legislatura en la que no ha formado parte, lo que le obliga a recurrir a argumentarios para responder. En su favor, nunca rehuyó el combate y devolvió todas las embestidas. Y planteó un buen minuto final, con un discurso –que no leyó– en el que marcó distancias con el PP. Nunca despeja la incógnita de los pactos porque le beneficia: no puede perder ni al indeciso que se plantea votar al PSOE o a Ciudadanos ni tampoco al que duda entre el PP o la formación naranja.

Pascual Salvador, de Vox, poco fiero

Si el espectador esperaba un volcán en el candidato de Vox, se equivocó. Pascual Salvador no tiene el perfil agresivo y crispón que desprenden sus líderes nacionales. No es Santiago Abascal. Su puesta en escena es conciliadora, pese a que en el contenido no se desmarca ni una coma del ideario y las propuestas de Vox. Ese talante le permitió ganar puntos en imagen con la vista puesta en su inminente entrada en las instituciones, pero también le hizo pasar desapercibido por el debate: nunca marcó el paso, sus consignas no se impusieron. Pascual Salvador tampoco tiene la experiencia de Lourdes Méndez, quien en el debate celebrado en el Casino de Murcia logró que políticos como Pedro Saura y Teodoro García giraran sus mensajes hacia Vox . Salvador apenas recibió un par de reprimendas, de Conesa el principio y Garre al final. Con todo, era un político que se presentaba a su primera prueba de fuego, frente a cinco candidatos opuestos, y salvó los muebles.

José Luis Álvarez–Castellanos, de Cambiar la Región de Murcia, la izquierda pura

El discurso de José Luis Álvarez–Castellanos es la expresión de quien ha dedicado toda una vida política a defender la voz de izquierda más pura en las instituciones públicas. Así lo transmitió en sus intervenciones, exhibiendo la defensa de lo público como bandera. Su mejor momento tuvo lugar en el capítulo de la Educación, un asunto que él –como profesor jubilado y como militante comprometido de izquierdas– domina. Pero al igual que muchos de sus antecesores, Álvarez–Castellanos se enfrenta a la dificultad de seducir más allá de su espectro ideológico. Convenció a sus convencidos, sí, pero ¿y al resto? Tal vez sean conscientes de esa realidad: de que no aspiran a atraer al elector ajeno a la izquierda, sino a movilizar al votante dormido de la izquierda.

Diego Conesa, de PSOE, conservador en las formas

Diego Conesa continúa sin arriesgar ni un milímetro. Esta postura conservadora se facilita además cuando no hay un López Miras que le ataque y cuando las fuerzas de la izquierda tampoco le incordian. Ausente su mayor rival para la Presidencia, Conesa sigue sin alterar el tono y tal vez no lo hace porque, en el fondo, su perfil político no es ese. Lo suyo es otro talante: mostrar moderación y ofrecer diálogo. Solo elevó la voz para reprender a Vox: un gesto que está bien de cara a la galería, pero que en la práctica apenas aporta: ni el votante de izquierdas se va a ir a Vox ni viceversa. Conesa recurre a sus logros en la Delegación, refugiado en la coyuntura de desgaste del PP, pero desperdicia la ocasión en los debates de profundizar en sus propuestas para la Región.

Fernando López Miras, del PP, el gran derrotado

Un debate que reúne a seis aspirantes a convertirse en presidentes de la Comunidad y no se presenta el actual jefe de Gobierno; seis candidatos disparando contra el Ejecutivo regional y nadie lo defiende. Seis candidatos imponiendo su relato, detallando sus ideas y mostrando su programa, y nadie lo contrarresta desde el partido gobernante. El contexto tampoco ayuda: el PP se juega los comicios más cruciales en el momento más complicado de su historia en la Región, con el voto del centro derecha dividido y con el PSOE que ya le arrebató la victoria en las generales. La ausencia de Fernando López Miras fue un error impepinable.

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