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Opinión

Invertir en tiempos de incertidumbre: tener un plan marca la diferencia

Javier Fano (izquierda) y Jorge Ureña (derecha), Family Bankers de Banco Mediolanum.

Javier Fano (izquierda) y Jorge Ureña (derecha), Family Bankers de Banco Mediolanum.

El mundo ha vuelto a sufrir una sacudida, en esta ocasión por el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán. Otro conflicto bélico en Oriente Medio y, por tanto, otro foco de inestabilidad que afecta a todos los ámbitos. También a las finanzas personales.

Efectivamente, la evolución de los mercados está muy ligada a las tensiones geopolíticas que se producen en el mundo, y una guerra es de las peores noticias posibles. Aunque de un tiempo a esta parte parece que los mercados se han inmunizado ante estos conflictos, esta nueva escalada bélica sí ha provocado fuertes correcciones a la baja en algunas bolsas.

En contextos como el actual es cuando cobra más sentido contar con un plan de inversión, porque un plan financiero es el mejor antídoto contra la incertidumbre. Hay ahorradores que, en momentos como el actual, entran en pánico y desinvierten de forma precipitada con el objetivo de minimizar pérdidas, aunque en realidad lo que consiguen es justo lo contrario: consolidarlas. Les sucede a quienes no tienen una estrategia definida, no están preparados para actuar ante una caída del valor de su cartera y, desde luego, a quienes no cuentan con el acompañamiento de un asesor financiero profesional.

La volatilidad y los desplomes bursátiles son connaturales a los mercados. No hay que verlos de forma temerosa. Es más, pueden convertirse en oportunidades para el inversor y hay que saber gestionarlas para aprovechar momentos de entrada atractivos. Estas situaciones permiten comprar activos con potencial de crecimiento a largo plazo, reforzar posiciones o reequilibrar las carteras.

Lo que nunca se debe hacer es dejarse llevar por impulsos. No hay que reaccionar con miedo cuando algo ocurre, porque eso da pie a la improvisación y a la toma de decisiones precipitadas —generalmente erróneas—. Al contrario, se debe estar preparado con un plan acorde a nuestro perfil y nuestras metas y diseñado para afrontar las sacudidas que afecten a nuestras inversiones. Y para eso necesitamos el apoyo de un asesor financiero.

Como profesionales de las finanzas, es curioso lo que nos ocurre. Cuando una persona necesita consejo legal acude a un abogado; si tiene una dolencia, al médico; si el coche le falla, al taller. Pero cuando hablamos de dinero, de nuestros ahorros, del bien más necesario para asegurarnos nuestro futuro y el de nuestros hijos, la mayoría de las personas toma decisiones por su cuenta, sin contar con especialistas que le vayan a ayudar a alcanzar sus objetivos vitales a través de una planificación financiera.

Un acompañamiento que no es puntual. Permanecemos siempre al lado del ahorrador para tranquilizarle cuando hay una nueva sacudida en los mercados, para recordarle que ya tiene un plan diseñado para surcar la incertidumbre, para reconducir la hoja de ruta cuando cambian las circunstancias personales… Somos proactivos.

Porque contar con un plan y con un asesor financiero es garantía de entender lo que pasa, de saber actuar en cada momento, de conservar y aumentar nuestro ahorro a largo plazo.

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