A partir del próximo 1 de enero las empresas textiles españolas afrontarán la conclusión del acuerdo por el que, durante dos años, China vio limitado el crecimiento de sus exportaciones al mercado único en diez de las 35 categorías de productos textiles.

Este nuevo escenario supondrá la vuelta a la liberalización total de los intercambios internacionales que durante el primer semestre de 2005 provocó fuertes cambios en la estructura del sector en toda Europa.

Según Crédito y Caución, las empresas del sector textil registran uno de los peores índices de incumplimiento en el conjunto de la economía española, asociado a las dificultades a las que se enfrentan las empresas de menor tamaño. En torno al 80% del sector está formado por pequeñas empresas de menos de 10 trabajadores.

El fuerte componente geográfico concentra más de la mitad de la actividad en el Noreste: en torno al 35% se sitúa en Cataluña y un 20% adicional, en Valencia.

Crédito y Caución destaca el mal comportamiento de Cataluña, situada en la banda de morosidad frente a la media del sector, lo mismo que las empresas textiles de Murcia que también se encuentran en esta banda, pero su peso específico en el sector es poco significativo.

Tras un sostenido proceso de saneamiento, el sector textil en España está formado por algo más de 10.200 empresas dedicadas a la producción o la comercialización mayorista. Dichas empresas han superado un intenso ajuste del entramado empresarial, ya que en 2000, el sector ocupaba en España a más de 280.000 trabajadores mientras que en el último ejercicio la cifra se sitúa en torno a los 205.000.

ESTRATEGIAS DEL SECTOR.

A lo largo de estos años, explicó Crédito y Caución, el sector textil ha seguido tres estrategias distintas para adaptarse a esta nueva coyuntura.

En primer lugar, frente a las tiradas largas de calidades medias-bajas propias de la producción asiática, las empresas españolas han buscado productos con mayores márgenes, como los tejidos técnicos, de alta gama, las aplicaciones deportivas o la potenciación de la marca.

Una segunda estrategia se basa en la deslocalización de las fases iniciales del proceso de producción a países asiáticos o, en el caso de tiradas más cortas, a mercados más cercanos como Marruecos o Turquía. Las fases finales, en las que se añade valor a la prenda y se efectúa un control de su calidad final, tienen lugar en España.

Por último, una tercera estrategia se centra en abandonar la producción para centrar la actividad en la comercialización de productos totalmente manufacturados en países asiáticos.