21 de diciembre de 2018
21.12.2018
La Opinión de Murcia
Rutas para ir con niños

Biólogos por un día

El Valle y Carrascoy es hogar de una gran diversidad de especies

21.12.2018 | 04:00
Biólogos por un día

Cada día por el Puerto de la Cadena en Murcia pasan infinidad de coches, atravesando ese pequeño puerto de montaña que es un cruce de caminos con un tesoro biológico en sus entrañas. Nos encontramos con una rambla que forma parte de una zona de conservación con la catalogación de nivel prioritario, dentro del Parque Regional El Valle y Carrascoy.

El agua que transcurre por esa zona de rambla, a los pies del Castillo de la Asomada, procede de las aguas de escorrentía, permitiendo un cauce permanente de agua que lo convierte en un entorno privilegiado para los anfibios y otro tipo de animales. Cuando vamos por la carretera percibimos si vamos en dirección hacia Cartagena, a mano derecha, una pequeña zona recreativa en la que se puede aparcar. Nos encontraremos un panel expositivo cuyo lema es 'Sin rana no hay cuento, y tú cuentas mucho€' , en el que nos explican la ubicación del lugar en el que nos encontramos y sus características medioambientales.

En cuanto accedemos al sendero que da paso a la zona de rambla, empezamos a percibir de inmediato el cambio del paisaje, y nos sorprende que estando tan a la vista y al tiempo tan escondido, lo tengamos tan cerca y pase a veces por alto. Las inmensas cañas nos están revelando ya en el paisaje la existencia de agua. Esta ruta la hemos hecho tras ver una de las propuestas que lleva a cabo la Asociación Columbares, con Paz Parrondo y David Verdiell, un equipo incansable en la conservación de las especies del sureste ibérico.

Hay una actividad que es para comprobar el nivel de pureza de las aguas, y eso se determina a través de los marcadores que nos ofrece poder encontrar una serie de macroinvertebrados en esas aguas, como diferentes tipos de moluscos (limneidos, planórbidos, ancílidos o almejas) o crustáceos (gambas, cangrejos y oligoquetos como la lombriz de agua). Dentro de los dípteros que habitan la zona están las moscas, mosquitos y quironómidos; los odonatos son la libélula y el caballito del diablo, y los heterópteros son el escorpión de agua, el nadador de espaldas o los zapateros. Y así un número de macroinvertebrados que, según la abundancia de unos u otros, nos determinarán el nivel de idoneidad de las aguas que por allí transcurren. Son ellos realmente unos biomarcadores medioambientales.

La actividad que llevamos a cabo con los biólogos se basaba principalmente en la observación de esta fauna variada con un set que nos proporcionaron los organizadores. Constaba de una hoja plastificada con toda la taxonomía y clasificación de los macroinvertebrados, con una descripción tanto de cómo eran sus cuerpos, como de una representación en un dibujo para que se les pudiera reconocer fácilmente. Con ayuda de unas tablas de entrada se iba apuntando lo que se fue recogiendo con cuidado con unos coladores, y que posteriormente se volcaba en unas cubetas de plástico blanco para su mejor observación. Lo que a simple vista parecía no contener nada, nos fue deparando una cantidad de vida en esas aguas realmente increíble.

Nos explicaron la importancia de esas pozas que hay en la rambla, en las que hace mucho años surgieron porque de esas piedras sacaban ruedas para hacer molinos, por lo que los huecos quedaron como zonas de pozas ideales para las ranas y sapos. Toda esta zona cuenta con algas y bacterias que sirven como parte de ese ciclo biológico que superan las ranas a lo largo de su vida. Contamos con la rana común, el sapo común y el sapo corredor, definidos como la gran nadadora, el gigante tranquilo o el explorador incansable. Eso sí, nos advierten que es una zona en la que hay que respetar al máximo el ambiente en el que viven. Mucha gente pasa por allí haciendo senderismo, y hay que llevar extremo cuidado por donde pisamos, y sobre todo no dejarnos nada de suciedad ni desperdicios.

Con el equipo con el que pasamos la jornada, se retiró la tierra de pozas que estaban llenas de tierra que había arrastrado la lluvia, para así adecuar zonas para la cría de ranas y sapos, así como el hábitat en el que están, esté lo más limpio posible. Nos indican incluso que las libélulas suelen ser depredadoras de los huevos de rana, pero que todos cumplen un papel en la naturaleza, una función en ese equilibrio natural llamado cadena trófica.

Desde aquí, dar nuestra más sincera felicitación a todo el trabajo del Proyecto Amphibia por la difusión de todo ese conocimiento que ponen al alcance de todo el que esté interesado y que quiera interactuar con la naturaleza más cercan. Así como a los responsables del cuidado del Parque Regional El Valle y Carrascoy.

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