23 de febrero de 2018
23.02.2018
Abrir boca

Bar Legazpi, donde comer de camino a Madrid

Cocina de base tradicional y producto de mercado con el que elaboran un menú diario por 9 euros y un menú picoteo por 12

23.02.2018 | 11:37
Los artífices del Bar Legazpi, al completo.

En los años treinta abrió sus puertas en el barrio murciano de San Andrés, en la Plaza de San Agustín, el bar La Barra, un lugar de cita obligada el Viernes Santo, donde desayunaban los nazarenos de Jesús antes de salir en procesión.

Fundado por Francisco Sánchez Ros, ese fue el origen del actual Bar Legazpi, hoy situado en la Avenida Miguel de Cervantes, en la antigua carretera hacia Madrid, camino de Espinardo.

Al estar situado justo enfrente de la antigua Lonja de Murcia, en el barrio de San Basilio, era el punto de partida de todos los camiones de frutas y verduras que salían diariamente hacia Madrid para llevar sus productos con destino al antiguo Mercado Central de Frutas y Verduras en la madrileña Plaza de Legazpi. Y aquí era donde almorzaban o comían, antes del entonces larguísimo viaje, los transportistas murcianos.

Vocación de restaurante

El Legazpi de hoy, regentado por Paco Sánchez Córdoba, hijo del fundador del bar La Barra, con la ayuda de su hijo Daniel y su yerno Gustavo Lorente en la cocina, sigue manteniendo la denominación de bar en el rótulo de la puerta, pero es un bar con clara vocación de restaurante donde podemos encontrar excelentes platos de una cocina de base tradicional con productos frescos de mercado y una amplia oferta de tapas, platos y menús.

Ocupan un gran local, reformado en agosto, con más de 300 metros repartidos en varios espacios: la terraza –con seis mesas en la calle–, una terraza interior para fumadores, la zona de barra y comedor con capacidad para 40 comensales y un comedor privado en el que pueden dar servicio a otros 60 comensales.

Cuentan con menús para grupos desde 12 a 40 euros, un menú diario por 9 euros con ensalada, pan, dos platos, bebida y postre, y un menú picoteo, por 12 euros para dos personas que incluye patatas bravas, croquetas de jamón, caballitos, alcachofa de foie, milhoja de verduras con rulo de queso de cabra y secreto ibérico para compartir, además de bebida y café.

Ofrecen una gran variedad de aperitivos donde sus platos estrella son, sin duda, el pulpo roquero cocido y pasado por la plancha, las croquetas caseras (como las de jamón o las de gamba roja) y sus patatas bravas. Pero también cuentan con ensaladilla rusa, ensaladilla de alcachofa, rollitos de salmón, caballitos, tigres, empanadillas, marineras, tostas de huevo de codorniz y jamón, de salmón ahumado con crema de queso, de queso fresco y anchoas, callos, manitas de cerdo y todo tipo de montaditos. Cuentan con tres tipos de ensaladas –de la casa, la César y la de tomate con salazones– y, entre sus entrantes, destacan su calamar a la plancha, las alcachofas con foie y caramelo, berenjenas crujientes con miel o gamba roja a la plancha o al ajillo.

Sus menús también cuentan con guisos de olla y arroces de todo tipo –ojo con dejar de probar el de costilleja ibérica...–. Por otro lado, el apartado de carnes de su carta incluye pechuga de pavo adobada, entrecot de ternera madurada, costillar o secreto ibérico y chuletas de cordero, además de una mini hamburguesa de ternera gallega. Fritura variada, lubina a la plancha, ventresca de atún, gallo Pedro o rodaballo con infusión de gamba son sus platos de pescado.

Entre sus vinos muestran especial predilección por los de Jumilla y, entre sus postres caseros, destacan la leche frita de toffe o de turrón, la tarta de la abuela, la mousse de chocolate blanco o su coulant de chocolate.

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