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Pasando la Cadena

Digan lo que digan

Ser lo que somos no se dibuja en un instante, sino en el largo trecho que nos lleva al triunfo, al fracaso o a la intranscendencia. La vida es el camino, amigos. Lo demás, adornos

Seguidores animan al autobús de la selección

Seguidores animan al autobús de la selección / LAVANDEIRA JR.

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José Luis Ortín

José Luis Ortín

Un resultado puede ser caprichoso, pero el trabajo previo no. Hay vida más acá y más allá de cualquier meta porque el camino es lo relevante. El camino para llegar es lo que define y el título, aun siendo lo que se recuerda y conmemora, solo su corona. Ser lo que somos no se dibuja en un instante, sino en el largo trecho que nos lleva al triunfo, al fracaso o a la intranscendencia. La vida es el camino, amigos. Lo demás, adornos.

Escribo la última columna de la temporada a nueve horas de que ruede el balón entre Argentina y España y tengo sensaciones encontradas. Esperanza por el juego de los de De la Fuente y nostalgia prematura porque al final del día todo habrá acabado. Ilusión por ver de nuevo a los nuestros y tristeza vieja porque cualquier detalle puede dar al traste con una trayectoria ejemplar. Y es que, el pasado también cuenta.

Porque junto a la parada balonmanística de Casillas a Robben y el histórico gol coral de Iniesta en el glorioso Mundial de Sudáfrica en 2010, recuerdo la injusticia de Corea en 2002; junto al penalti marcado de Cesc a Italia en la Eurocopa de 2008, donde empezó todo, me sobrevuela el fallado ante Bélgica por Eloy en Méjico en el Mundial del 86; junto al atlético gol de Torres a Alemania en la final de la Eurocopa de 2008, me vienen los fallados por Salinas y Cardeñosa o el no gol que sí fue de Michel ante Brasil o el codazo impune de Tassotti a Luis Enrique también en EEUU en otros tantos Mundiales nefastos.

Pero también me consuela la goleada a Italia en la final de la Eurocopa de 2012; espejo en el que mirarnos esta noche frente a la Argentina de Messi. El mejor jugador de la historia, sin ninguna duda.

Y me consuela porque veo a nuestro equipo actual, de la mano del riojano De la Fuente, como bastante similar al de entonces. Y es más, si solo fuera fútbol lo que se disputa esta noche, mi apuesta seria un tres o cuatro a cero para los chicos del maestro Rodri sobre los guerrilleros del imperial Messi. Porque esta España me recuerda más a la de dos mil doce que a la de dos mil diez. Más fútbol, más seguridad, más alegría y más goles.

Y digo si fuera solo fútbol porque el árbitro esloveno que nos han puesto para la final de Nueva York tendrá mucho que ver en lo que resulte el partido. Y en el primer cuarto de hora se verá retratado. Si logra hacerse con el mando del encuentro, dejando jugar, pero no enmierdar el choque, el fútbol saldrá ganando. Y a eso no hay quien gane hoy por hoy a la selección española de fútbol.

Dicen que fútbol es todo, como algunos taurinos que hasta el rabo todo es toro, pero dar leña por amedrentar o por incapacidad de hacer otra cosa no solo no es fútbol, sino que lo destruye. Y en eso no ganan los nuestros.

Rodri es el mejor mediocentro del mundo. Laporte y Cubarsí son la mejor pareja de centrales de este Mundial. Porro y Cucurella los laterales más solventes, tanto en defensa como en ataque. A Olmo solo Messi le disputa la media punta más brillante, Fabián le saca varias cabezas a cualquier otro interior del campeonato y Lamine, aun sin marcar y casi a medio gas, es el extremo más desequilibrante. Si, además, esta noche enchufa seremos campeones con holgura. Y es lo que muchos esperamos.

Porque hay que sumar a Pedri, que también tendrá mucho que decir. Igual que a Oyarzabal, a Baena y cómo no, al rutilante Merino de los goles imposibles. Y a Unai Simón. El portero tranquilo que impone serenidad e inicia el juego desde atrás. Sin alardes, sin desplantes, sin nervios y con pocas palabras. En él empieza el pasillo de seguridad, que diría el inolvidable Luis Aragonés, artífice del renacer de la España sin miedos y sin complejos ante nadie.

Que ruede la pelota y que gane el mejor. Y la mejor selección es la española. De la Fuente lo expresó sin duda alguna y quienes aman el fútbol lo refrendan. Nosotros también.

Así que pase lo que pase, nuestros internacionales ya son campeones de este Mundial de tantas rarezas. Y lo son a base de buen fútbol.

Ni más, ni menos.

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