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Deporte de base

Cristóbal Carlos, el arquitecto silencioso del atletismo en Mula

Cristóbal Ramírez lleva más de dos décadas formando atletas en Mulasport, un club que ha demostrado que el talento también puede crecer lejos de las grandes pistas y los centros de alto rendimiento

Cristóbal Carlos en un entrenamiento

Cristóbal Carlos en un entrenamiento / L.O.

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Paco Sarabia

Paco Sarabia

Cuando hablamos de atletismo, nos solemos centrar en los Juegos Olímpicos o en torneos internacionales y, si hablamos de formación, lo primero que nos viene a la mente son los Centros de Alto Rendimiento, pero en Mula existe desde hace años un proyecto que demuestra que el talento también puede crecer sobre asfalto, en caminos de tierra y con instalaciones improvisadas. Detrás de ese trabajo se encuentra Cristóbal Carlos Ramírez Durán (Mula, 21 de mayo de 1971), entrenador de Mulasport y una de esas figuras imprescindibles sin las que sería imposible entender el desarrollo de deportistas.

Durante un entrenamiento

Durante un entrenamiento / L.O.

Su labor va mucho más allá de preparar entrenamientos. Es profesor, psicólogo, consejero y, muchas veces, la persona que consigue que un niño no abandone el deporte cuando llegan las primeras dificultades. Lleva más de dos décadas formando atletas y continúa defendiendo la misma idea con la que comenzó: antes de fabricar campeones, hay que formar personas y deportistas.

Su historia con el atletismo comenzó siendo un niño y a los 12 años empezó a competir. Le fascinaba la organización de las competiciones, el trabajo de los entrenadores y la metodología que utilizaban los mejores clubes del país. Aquella curiosidad terminó convirtiéndose en vocación. «Cada campeonato era una oportunidad para aprender», recuerda.

Una filosofía distinta

El nacimiento de Mulasport respondió precisamente a esa manera diferente de concebir este deporte. Cristóbal Ramírez formaba parte de otro club de la localidad, pero consideraba que el atletismo debía ofrecer mucho más que preparar corredores para disputar carreras populares. Su objetivo era crear una escuela en la que los niños conocieran todas las disciplinas antes de especializarse. «No puedes condenar a un niño a una sola prueba cuando todavía está creciendo y cambiando físicamente», explica.

Cristóbal Carlos rodeado de algunos de sus alumnos

Cristóbal Carlos rodeado de algunos de sus alumnos / L.O.

Actualmente, Mulasport reúne entre 50 y 60 deportistas de perfiles muy distintos. Conviven niños que empiezan a dar sus primeros pasos con atletas federados que compiten en campeonatos de España, corredores populares e incluso opositores que preparan pruebas físicas. Cada uno necesita su planificación.

Por eso rechaza los entrenamientos estandarizados. Antes de fijar objetivos, realiza diferentes pruebas para conocer el estado real del atleta y, únicamente a partir de esos resultados, comienza a diseñar el trabajo. «Hay quien llega diciendo que quiere correr una determinada marca, pero primero hay que saber desde dónde parte. Si entrenas para un nivel que todavía no tienes, lo único que consigues son lesiones», afirma.

Una necesidad

Si hay una reivindicación que acompaña al entrenador muleño desde hace años, es la construcción de una pista de atletismo en Mula. No es una cuestión de comodidad. Es una necesidad deportiva.

Mientras las pruebas de carrera pueden adaptarse relativamente bien, disciplinas como el salto de altura, las vallas o algunos lanzamientos obligan al club a improvisar continuamente. «Hay niños que han nacido para determinadas pruebas y no podemos entrenarlos como deberían», lamenta.

El capítulo de Mo Katir

La trayectoria de Cristóbal Ramírez también está inevitablemente ligada a uno de los nombres más conocidos del atletismo español: Mohamed Katir. El atleta comenzó a desarrollarse bajo sus órdenes siendo apenas un adolescente y fue en aquella etapa cuando empezó una progresión que acabaría llevándole a la élite.

Ramírez recuerda aquellos años con especial satisfacción. Sin apenas recursos, ambos realizaron entrenamientos en la playa, sesiones específicas y una preparación que permitió a Katir proclamarse campeón de España y conseguir la mínima para disputar el Campeonato del Mundo de pista cubierta, una cita que finalmente quedó frustrada por la irrupción de la pandemia.

«Con los medios que teníamos conseguimos mucho más de lo que cualquiera podía imaginar», resume.

La posterior suspensión del atleta por incumplir los controles de localización supuso un duro golpe para el atletismo español. Ramírez evita alimentar polémicas, aunque reconoce que un deportista profesional conoce perfectamente las obligaciones que implica competir al máximo nivel. «No puedes saltarte tres controles», afirma con rotundidad.

Porque para Cristóbal Ramírez el verdadero legado nunca ha dependido de un solo nombre. Su mayor éxito sigue estando cada tarde en la pista improvisada de Mula, donde decenas de niños continúan descubriendo un deporte que él aprendió a amar hace más de cuarenta años y que hoy sigue enseñando con la misma ilusión del primer día.

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