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Fútbol

Curro Torres se aferra a su once de seguridad en el Real Murcia

El entrenador murcianista evita experimentos y ofrece su confianza a los mismos jugadores durante las últimas jornadas

Curro Torres, entrenador del Real Murcia, durante el último encuentro en Nueva Condomina

Curro Torres, entrenador del Real Murcia, durante el último encuentro en Nueva Condomina / Juan Carlos Caval

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Paco Sarabia

Paco Sarabia

La aritmética y el fútbol son, a menudo, disciplinas irreconciliables, aunque cada año intentemos negarlo y sigamos haciendo cuentas. Hace apenas unas semanas, en la previa del encuentro en Nueva Condomina ante el Antequera, el entorno del Real Murcia trazaba con escuadra y cartabón la hoja de ruta hacia la salvación. Las cuentas eran claras: con dos victorias en los últimos seis encuentros, el cuadro grana llegaría a 48 puntos y la permanencia sería un hecho matemático. Sin embargo, el equipo murcianista se ha encargado de demostrar que, en este deporte, las predicciones suelen ser castillos de naipes frente al viento.

El calendario, caprichoso y aparentemente benévolo en su momento, situaba los duelos en casa ante el Antequera, sumido en una racha negativa de resultados las semanas previas, y el Betis Deportivo, hundido en puestos de descenso, como los escenarios ideales para sellar el objetivo que se tuvo que imponer el mismo club tras una temporada decepcionante. Pero el fútbol volvió a agitar su coctelera de sorpresas una vez más. Lo que debían ser seis puntos relativamente cómodos en la Nueva Condomina se transformaron en dos derrotas dolorosas que sumieron a la afición en el desasosiego.

Paradójicamente, ha sido en el exilio, en la exigente gira por tierras catalanas, donde el conjunto dirigido por Curro Torres encontró algo de oxígeno que fue incapaz de lograr en su propio feudo. Los cuatro puntos que obtuvo de seis posibles ante el Europa y el Sabadell devolvieron la confianza en la salvación. Sin embargo, el tropiezo ante el filial bético volvió a romper esa confianza. Ahora, a falta de dos jornadas para el cierre del campeonato, el Real Murcia viaja a Torremolinos con una premisa única: ganar para dejar de contar que está claro que no se le da bien.

El escenario de este sábado a las 21.00 horas no es otro que El Pozuelo. Aunque técnicamente no es una final a vida o muerte, pues una derrota no supondría el descenso automático y restaría la «bala» del partido contra el Eldense en la última jornada. El vestuario lo afronta como el último tren para evitar un desenlace agónico ante el líder de la categoría. Curro Torres, fiel a su filosofía de gestión, no parece dispuesto a experimentos. Se espera una apuesta por la continuidad, manteniendo el bloque que ofreció una buena imagen en la Nova Creu Alta y que ante el Betis Deportivo mostró momentos de buen fútbol, pero sin el punto competitivo necesario en las áreas.

Bajo los palos, la figura de Gazzaniga seguirá siendo el pilar de confianza del técnico, a pesar del ruido exterior tras las decepcionantes actuaciones de este curso. En la retaguardia, a falta de confirmar el estado físico de Jorge Mier, se prevé la misma línea sólida que ha sostenido al equipo en las dos últimas semanas, con la pareja de canteranos en el centro de la zaga. En la sala de máquinas, la jerarquía de Óscar Gil y la clarividencia de un recuperado físicamente Moyita, junto a la calidad en tres cuartos de Juan Carlos Real, parecen innegociables. Mientras que en la vanguardia, un Pedro Benito trabajador sin suerte, un Jorquera incisivo y un Flakus obligado a marcar deben ocupar las tres plazas de arriba.

Mejor lejos

Si hay un dato que invita al optimismo en la expedición murcianista, es, precisamente, la metamorfosis que sufre el equipo cuando se aleja de la pedanía de Churra para jugar. Este Real Murcia de la temporada 2025-2026 pasará a la historia por su incomprensible alergia a la Nueva Condomina y su notable fiabilidad como foráneo. Los números no mienten y sorprenden al que no lo viva semana tras semana: el conjunto grana se presenta en Torremolinos como el sexto mejor visitante de la categoría, una estadística que contrasta con la fragilidad mostrada ante su propia hinchada, en la que es el decimoséptimo mejor local. Un dato terrorífico para un club con 19.000 abonados.

Mientras que en Murcia el césped parece quemar y la presión del entorno atenaza las piernas de los futbolistas, fuera de casa el equipo despliega una versión mucho más efectiva. El Pozuelo recibirá a un equipo que sabe sufrir y que ha sumado puntos en plazas mucho más complicadas que la del décimo tercer mejor local del grupo. El Torremolinos, un conjunto que no termina de hacerse fuerte en su estadio, podría ser la víctima propicia para un Real Murcia que se siente más cómodo bajo el rol de invitado que bajo el de anfitrión.

El cuadro grana está a un paso de lograr la salvación. Quizás un empate baste para amarrar la permanencia de forma matemática si llegan buenas noticias de Tarragona y Sevilla. Sin embargo, el espíritu que impera en la expedición murcianista es el de ir a por el triunfo y mirar al curso que viene con el marcador de todos los equipos a cero y sin cuentas que hacer.

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