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Baloncesto

El Caesa Cartagena vence en Mallorca para seguir creyendo en la salvación

El cuadro albinegro se impone en un duelo marcado por la igualdad y la tensión

Alberto Martín, en el partido Fibwi Mallorca-Caesa Cartagena

Alberto Martín, en el partido Fibwi Mallorca-Caesa Cartagena / Caesa Cartagena

José A. Muñoz Devesa

En el baloncesto, hay victorias que se celebran, y otras que se recuerdan. Ganar sufriendo es una forma de resistencia que pone a prueba no solo el talento, sino también el carácter y la fe de un equipo. Son triunfos que llegan tras el desgaste, la incertidumbre y el esfuerzo llevado al límite, donde cada minuto pesa y cada error amenaza con echarlo todo por tierra. Todas esas sensaciones ha experimentado el Grupo Caesa Cartagena durante su encuentro ante el Fibwi Mallorca. Un duelo que se decantó a favor de los albinegros (77-80) y que, bien puede, valer una permanencia en Primera FEB.

Desde el pitido inicial quedó claro que no iba a ser una tarde cómoda para los baleares. El equipo de Roberto Blanco salió con una idea muy clara: incomodar, cerrar espacios y obligar al Fibwi Mallorca a jugar lejos de su zona de confort. El plan surtió efecto. A los locales les costaba enlazar jugadas, circular el balón con fluidez y generar ocasiones claras.

Ficha técnica

Fibwi Mallorca Basquet Palma: Niangs (7), Matulionis (14), Capalbo (13), Bombino (14), Bracey (7) -cinco inicial-; Vázquez, Martínez, Aramburu (7), Siquie, Bocca (3), Smith (5) y Scariolo (7).

Grupo Caesa Seguros Cartagena: Harguindey (4), Webster (11), López Santana (5), Faverani (9), Svejcar (14) -cinco inicial-; Martín (9), Idehen, Rivera (11), Garuba (10), Ayesa (3), Polynice (4) y Domenech.

Marcador cada cuarto: 17-25, 38-40 (descanso); 60-62, 77-80 (final).

Árbitros: Báez Batista, Martín Vázquez y Seijo Vázquez.

Pabellón: Polideportivo de Son Moix.

Aun así, el conjunto isleño no perdió la compostura. Sin encontrar su mejor versión, supo mantenerse dentro del partido, evitando errores graves y esperando su momento. La igualdad era máxima, con fases de dominio alterno y sin que ninguno de los dos equipos lograra imponer su estilo de manera clara en la primera mitad (40-42).

El paso de los minutos fue acentuando el desgaste físico y mental. Cada canasta se celebraba como una victoria, cada recuperación era un pequeño triunfo. El Fibwi Mallorca insistía, empujado por la urgencia del resultado, mientras que el Caesa Cartagena trataba de estirar sus posesiones para respirar y enfriar el ritmo del encuentro. La tensión era palpable, tanto en el campo como en la grada.

En los compases finales, el partido se convirtió en un ejercicio puro de supervivencia. El orden defensivo, la concentración y la solidaridad entre líneas fueron fundamentales para resistir las últimas acometidas del conjunto balear. No hubo margen para el error, y el Caesa Cartagena supo entenderlo a la perfección, compitiendo cada acción con una intensidad máxima hasta el último segundo.

La bocina final desató el alivio y la celebración. Más que un triunfo, el Caesa Cartagena había conquistado una victoria que habla de identidad, de compromiso y de capacidad para sobreponerse a la adversidad. No fue el partido más vistoso, ni el más cómodo, pero sí uno de los más significativos.

Porque en el baloncesto, hay triunfos que se construyen desde el talento, y otros que nacen del sufrimiento.

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