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Primera RFEF

El Real Murcia se empeña en seguir jugando con fuego

Un gol en el minuto 96 condena a un conjunto grana que se conformó con igualar dos veces el marcador ante el Antequera (2-3)

Ángela Moreno

Ángela Moreno

Parece que los aficionados del Real Murcia van a tener que rezar más porque pierdan los equipos que aparecen por detrás de los granas en la clasificación que porque gane su propio equipo (2-3). Porque parece que el Real Murcia, con sus tres victorias consecutivas en el inicio del mes de abril, ya ha agotado todos los milagros. Da igual que salga con la intención de mirar arriba, porque cuesta un mundo crear una ocasión y porque cuando se crea una clamorosa, se falla; y da igual que se le ponga un poco de actitud si luego cometes errores groseros que hacen que un rival hundido como el Antequera parezca de Champions. Y es que mientras que al Real Murcia no le sale absolutamente nada, sus contrarios se sienten superiores cuando se enfrentan a los murcianistas.

Volvió a suceder este viernes. Tras un fallo de Jorge Sánchez en la salida de balón -la defensa sale a regalo y medio por partido-, Siddiki, sin nadie que le tosiera, marcó el gol de su vida. Y cuando Jorge Sánchez se quitó un peso de encima logrando en el minuto 25 el gol del empate medio de rebote, los malagueños solo necesitaron unos segundos para inventarse una jugada de otra categoría en la que Biabiany batía a Gazzaniga para poner a temblar a Nueva Condomina (29'). Solo de penalti parecía ser capaz escapar el Real Murcia de la derrota, pero ni el gol de Flakus sirvió para sumar. Porque ese empate que durante muchos minutos era insuficiente no acabó ni quedándose en el marcador, porque mientras que el Real Murcia dejaba pasar los minutos como si no se estuviera jugando la vida, el Antequera apareció en el minuto 96 para sentenciar a un equipo grana empeñado en complicarse la permanencia en la categoría.

Después de resucitar al Nástic de Tarragona, al descanso, parecía que el Real Murcia también estaba empeñado en regalar oxígeno a un rival que llegaba con cinco jornadas sin ganar, las últimas cuatro con derrota. Ni ocho minutos aguantó sin encajar el cuadro grana. Porque mientras que los locales juegan medo andando, limitándose a los centros laterales de David Vicente; los visitantes solo necesitaron un regalo para adelantarse en el marcador. Erró Jorge Sánchez en la salida de balón, Moi Parra se la dio a Siddiki y Siddiki se sacó de la chistera un disparo que acabó en un gol de bandera. No podían empezar las cosas peor para un Real Murcia al que le cuesta un mundo ver puerta, y más ante defensas cerradas.

Porque el Antequera tenía a las primeras de cambio donde quería el partido. Mandaba en el marcador y dejaba toda la presión para los locales. Debía dar un paso al frente Moyita, la novedad en un once en el que no estaba Óscar Gil; y debía mostrar galones Víctor Narro, que aparecía en lugar de Joel Jorquera. Pero el Real Murcia siguió siendo demasiado previsible. Tan previsible que se limitó a centros laterales de David Vicente, casi siempre salvados por la defensa visitante. Con dominio de balón, pero sin esa hambre que te lleva a derribar hasta la muralla más alta, tuvo que aparecer Jorge Sánchez para rematar casi desde su casa, con la suerte de que el balón fue desviado por un jugador del Antequera, despistando al meta Alcover y colándose en la red.

Vuelve a encajar

Llegaba el 1-1 en el minuto 25 y muchos podían creer que este iba a ser el primer paso para la reacción del Real Murcia, sin embargo, nada más reanudarse el juego -estuvo parado varios minutos por la revisión de un posible fuera de juego posicional- llegó el siguiente jarro de agua fría. No había sacado el Antequera del centro del campo y ya había marcado el 1-2. Esta vez fue Biabiany el que se coló entre los defensas con una facilidad tremenda, pero más de medio gol fue de Luismi Gutiérrez, que se inventó un pase de otro mundo.

Era increíble como un equipo que lleva cinco jornadas sin ganar, que ha perdido los últimos cuatro partidos, pareciese un equipo de Champions en Nueva Condomina. Y es que los malagueños incluso se pudieron ir con una ventaja mayor al descanso después de otra ocasión clarísima, en esta ocasión del propio Luismi, que no pudo batir a Gazzaniga.

Falló el Antequera en el 45 y falló el Real Murcia en el tiempo añadido. Fue Pedro Benito, tras un gran pase de Moyita, el que cabeceaba un balón que al botar era desviado por el propio césped.

Gazzaniga, lesionado

Si los ánimos ya estaban más que tocados mirando el marcador, el descanso trajo otra mala noticia para el Real Murcia. Gazzaniga, que en la primera parte había recibido un golpe en la mano en un choque con Biabiany, no pudo continuar. En su lugar apareció Piñeiro, por lo que tocaba rezar un poco más. Además de ese cambio obligado, Curro Torres también decidía retirar a Alfonso Yoldi para dar entrada a Juan Carlos Real en busca de más creatividad en el centro del campo.

No cambió mucho la cara del Real Murcia. Lento y previsible, el Antequera estaba muy cómodo en el partido. Incluso en una contra en el 53 tuvo la oportunidad de sentenciar, pero en esta ocasión Piñeiro detuvo el disparo de Siddiki.

Desesperado el Real Murcia al ver que no encontraba la fórmula para hacer daño a los malagueños, los granas se encontraron un penalti que era comparable a encontrar agua en el desierto. Señalaba el colegiado la pena máxima tras un derribo de Jorge Mier en el área y mantuvo su decisión tras pasar por la pantalla del VAR. Fue Flakus el encargado del lanzamiento, y el esloveno no falló, poniendo un 2-2 que daba un poco de esperanza a una afición que necesitaba una victoria para dar otro paso hacia la permanencia.

Si encajar un gol en apenas 8 minutos y ver cómo te marcan otro justo después del 11 es decepcionante para cualquier aficionado, sentir que tienes media hora por delante para poder conseguir la victoria y ver que el tiempo se te escapa de las manos sin que haya reacción, es para cabrearte y mucho. Pues muy cabreados debieron marcharse los seguidores murcianistas. Porque después de encontrarte un empate a dos gracias a un penalti, el Real Murcia no fue capaz ni de hacer cosquillas al Antequera. Era como el mundo al revés. El Murcia que tenía que ganar sí o sí, bajaba los brazos a pasos acelerados. Quitando un disparo de Juan Carlos Real que se marchó fuera y otro de David Vicente que tampoco encontró puerta, los de Curro Torres apenas inquietaron a un rival que había encajado hasta 39 goles antes de visitar Nueva Condomina.

No apretaba el Real Murcia, o no podía, y eso que Ortuño y Álvaro Bustos habían saltado en el 75 para aportar aire nuevo al ataque; y el Antequera, que parecía conformarse, llegaba mejor al último tramo, inquietando incluso en el área de Piñeiro.

Fue en el 89 cuando el Real Murcia empezó a darse cuenta de que el empate no le servía para nada. Pero como siempre se le hizo demasiado tarde. La tuvo en las botas de Pedro Benito, que con un taconazo intentó desviar un lanzamiento de Jon García, sin embargo la madera también dejó al gaditano sin gol. Y en el 92, Ortuño no golpeaba bien y Pedro Benito no podía llegar en otra llegada muy clara de David Vicente.

Ni el empate

Viendo esa pequeña reacción al final, lo que nadie podía esperar es lo que acabó sucediendo. Porque ese punto que parecía insuficiente no acabó ni subiendo a la clasificación de los granas. Porque el Real Murcia no fue capaz ni de conservar el empate. Porque el Antequera, que nunca dio sensaciones de darse por vencido en Nueva Condomina, apareció en Nueva Condomina para silenciar a la afición murcianista. Porque mientras que Curro Torres perdía el tiempo haciendo un cambio cuando la prolongación ya estaba prácticamente agotada, Luismi Gutiérrez volvió a aparecer para inventarse otro pase mágico que dejaba a Moha Bassele con toda una autopista por delante y sin ningún tráfico. No falló el senegalés, que puso un 2-3 que ya sí que sí permitió a los malagueños plantar su bandera en un estadio maldito.

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