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Baloncesto

El Hozono Jairis se ahoga en otro final apretado

Joventut repite el ritual del desenlace cruel de la primera vuelta y el equipo de Alcantarilla vuelve a naufragar en la última jugada

Prieto, en una acción del partido de ayer. | TWITTER JOVENTUT

Prieto, en una acción del partido de ayer. | TWITTER JOVENTUT

Galiano Iniesta

Galiano Iniesta

Hay tradiciones que reconfortan, que regresan como las estaciones o las celebraciones señaladas, pero otras, como los finales apretados del Hozono Global Jairis, se han convertido en un fenómeno atmosférico adverso imposible de esquivar. Ya ocurrió ante Joventut, en casa, Estepona, Estudiantes, Avenida, Girona o Valencia, y volvió a repetirse: cuando el partido entra en zona de borrasca, las murcianas siempre acaban bajo la lluvia.

Quedaban dos segundos. Apenas un suspiro suspendido en el aire, un relámpago por caer. La pizarra de Joventut dibujó el mismo destino que ya había escrito meses atrás: balón a Lamana, bloqueo, continuación y ventaja mínima ante una defensa que llegó tarde, como quien intenta cerrar la ventana cuando la tormenta ya ha entrado en casa. No fue un triple imposible como en la ida, pero sí la misma sensación de déjà vu, de historia que se repite con la precisión de los ciclos inevitables. El 69-67 quedó clavado como un trueno seco. Jairis tuvo una última opción, pero el tiro nunca llegó a nacer. El cielo ya se había desplomado.

Y es que lo que ocurrió en ese último suspiro no fue un accidente aislado, sino la confirmación de una costumbre peligrosa. Los finales apretados se han convertido en una tradición incómoda para el equipo de Bernat Canut, una de esas rutinas que nadie desea pero que siempre regresan como los monzones, las danas o los huracanes. Un temporal anunciado que nunca se desvía, el Jairis vuelve a perder pie cuando el partido entra en su fase más delicada.

El encuentro, en realidad, ya venía avisando desde el inicio. Fue un choque de meteorología cambiante, con rachas constantes de ida y vuelta, más cercano a una galerna que a un duelo de control. Santibáñez abrió la primera grieta con siete puntos consecutivos (13-6), aprovechando ese arranque desordenado donde el balón quemaba en las manos y las decisiones se tomaban a la velocidad del viento.

Jairis reaccionó cuando el vendaval inicial perdió fuerza. Gil y Mataix ajustaron el rumbo y, con un triple de la base alicantina, lograron la primera ventaja (17-20). Pero el partido no ofrecía refugio. La defensa zonal del Joventut se convirtió en una niebla persistente, espesando cada ataque murciano y obligando a jugar sin claridad. Lamana y las suyas devolvieron el golpe (21-20), en un intercambio constante donde cada posesión parecía empujada por corrientes opuestas.

El empate al descanso (36-36) fue solo una tregua. Tras el paso por vestuarios, la misma lluvia fina siguió calando. Berstch encontró grietas con su velocidad, Mataix sostuvo desde fuera y Alarcón aportó oxígeno en los momentos de mayor asfixia. Un triple de Ekh dio una ventaja efímera (48-51), apenas un claro entre nubes cada vez más densas.

Ficha técnica

Joventut: Lamana (14), Santibañez (13), Cotano (2), Ebo (8), Sivka (11) - cinco inicial- Mununga (2), Ramette (3), Howard (10), Piera (0), Brewer (6).

CB Hozono Global Jairis: Ayuso (0), Alarcón (15), Prieto (6), Berstch (19), Massey (3)-cinco inicial- Mané (4), Mataix (13), Ekh (3) Gil (4).

Árbitros: Sánchez Gónzález, Olivares Bernabéu y Rui Ramírez-Cruzado.

Pabellón: Olimpic de Badalona 1500 espectadores.

El último cuarto volvió a ser territorio maldito. Jairis alcanzó una renta de cinco puntos, pero como tantas veces esta temporada, no supo resguardarla. Un parcial de 7-0 devolvió el mando a Joventut (58-55) y el partido entró en ese punto donde las piernas pesan más y las decisiones se vuelven frágiles.

Con 65-60 en contra y poco más de tres minutos por jugar, el equipo murciano volvió a remar contra corriente. Alarcón, Berstch y Mataix igualaron el duelo (67-67 a 47 segundos), pero el desenlace ya estaba escrito en ese cielo encapotado que tantas veces se ha visto este curso. Un mal ataque, una falta en ataque y, finalmente, la ejecución perfecta de Lamana.

Otra vez ella. Otra vez el mismo final. Otra vez la tormenta cayendo en el mismo lugar.

Porque en Jairis, los finales apretados ya no son casualidad: son una tradición que pesa como nubes negras en el horizonte, un fenómeno recurrente que solo desaparecerá el día que el equipo aprenda a jugar -y sobrevivir- cuando el partido se rompe en su instante más cruel.

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