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Baloncesto

El Hozono Jairis, un digno subcampeón de la Copa de la Reina

El equipo de Alcantarilla paga un mal tercer cuarto con la derrota en la final ante el Valencia BC

Laura Gil y Aina Ayuso, celebrando una canasta en la final de la Copa de la Reina

Laura Gil y Aina Ayuso, celebrando una canasta en la final de la Copa de la Reina / FEB

Galiano Iniesta

Galiano Iniesta

Un Hozono Global Jairis valiente rozó la gesta en la final de la Copa de la Reina contra el Valencia BC en Tarragona con un arranque de leyenda, pero el tercer cuarto dictó sentencia (70-65). El sueño de David se escapó entre los dedos ante un Goliat que golpeó con precisión de campeón. Las alcantarilleras acariciaron la épica en una final donde llegaron a zarandear al gigante con un inicio colosal, pero el rival, con un tercer cuarto demoledor (27-12), acabó imponiendo su pegada y su profundidad para arrebatar el título en el momento decisivo.

Había algo de combate desigual, de historia escrita con tinta de tragedia anunciada en esta final de la Copa de la Reina. Un Jairis valiente, con alma de David, frente a un Valencia Basket construido como Goliat, musculoso, profundo y acostumbrado a las grandes noches. Pero durante veinte minutos, el guion se rompió en mil pedazos.

Y cuando eso ocurre, cuando lo imposible empieza a parecer cotidiano, uno no puede evitar pensar que quizá el destino no está tan cerrado como dicen. Que a veces, si se golpea con fe, con paciencia, con la certeza de que aún queda tiempo, hasta la plantilla más grande puede tambalearse, hasta las historias, peor escritas, pueden llevar a finales de cuento. Hasta las heridas más profundas cicatrizan y dan segundas oportunidades. Y es que el Jairis estaba herido con una plantilla corta, pero llena de amor por el baloncesto, llena de ganas de repetir una y mil veces ese sueño que las llevó a ser felices a vivir elevada tres palmos por encima del suelo y llevar pintada la sonrisa tonta de que quien sólo piensa en sí misma sin pedir permiso.

Y así, con el descaro del equipo que enamoró el año pasado en Zaragoza, que no le da miedo decirle a la bola dos palabras de cinco letras en total, sólo así se concibe un arranque directo, limpio al pecho del gigante. El Hozono Jairis salió con la fe de quien no tiene nada que perder y todo por ganar, porque lo que ha pasado ya pasó y ahora es tiempo de pensar en el presente y en el futuro.

Las primeras combinaciones de Faw y Anderson parecían presagiar un partido controlado por el Valencia, pero entonces llegó la rebelión. Un parcial de 0-17 encendió la noche y puso a las de negro por delante con un 7-21 que retumbaba como una pedrada certera en la frente de Goliat, como un reproche a quien dudaba de las cualidades de las chicas de negro, porque si el Valencia ladraba, el Jairis lo estaba haciendo bien.

Alba Prieto, con tres triples, Aina Ayuso desde la distancia y un dominio feroz del rebote ofensivo, marcaron el territorio. La defensa, intensa, agresiva, cortaba los circuitos entre Anderson y Buenavida, mientras Txell Alarcón se pegaba como una sombra a Fiebich. El primer asalto fue un recital (11-24), una declaración de intenciones que recordaba a gestas recientes en esta misma competición. Las posibles agujetas de las decanas eran de color de rosa. Pero los gigantes no caen sin levantarse y una y otra vez.

El segundo cuarto trajo el primer intercambio serio de golpes. El Valencia ajustó, endureció su defensa y encontró mejores posiciones en ataque. Un parcial de 8-0 fue el aviso, el primer crochet que hacía temblar las piernas del Jairis. Aun así, las de Bernat Canut supieron responder. Sin Ayuso en pista, Prieto siguió afinando la puntería y Laura Gil aportó puntos clave para sostener una ventaja que llegó a ser de más de diez.

Fiebich, imperturbable, comenzó a carburar y redujo distancias, pero el Jairis supo sobrevivir al intercambio. Al descanso, el marcador reflejaba un 31-38 que sabía a ilusión, a esa historia de amor improbable que, contra todo pronóstico, parecía destinada a escribirse.

Tercer cuarto decisivo

Y entonces llegó el tercer asalto. El momento en el que el destino, cruel, decidió romper el sueño. El Valencia salió del vestuario con la mirada de quien ya no duda. Un parcial de 13-0 (44-38) fue el golpe que cambió la pelea. Anderson tomó el mando ofensivo, Buenavida elevó la presión sobre Prieto, y la maquinaria taronja comenzó a funcionar con precisión quirúrgica. El Jairis, que hasta entonces había boxeado con inteligencia, empezó a encajar golpes sin respuesta.

Hillsman, dominante en la pintura, encadenó ocho puntos consecutivos que ampliaron la brecha hasta el +11 (58-47). Cada ataque valenciano era un martillazo; cada defensa, una muralla. Bertsch intentó mantener a flote a las suyas, pero el tercer cuarto se convirtió en un vendaval imposible de contener. Ese fue el instante exacto en el que el partido cambió de dueño, en el que Goliat dejó de tambalearse para imponerse con autoridad.

Ficha técnica

Valencia Basket: Anderson (10), Buenavida (10), Fiebich (11), Faw (6), Carrera (12) - cinco inicial-; Hillsman (8), Araujo (2), Casas, Romero, Coffey (6) y Ben Abdelkader (6).

CB Hozono Global Jairis: Ayuso (9), Alarcón (8), Prieto (16), Berstch (14), Gil (5) -cinco inicial-; Ekh, Mataix (3), Mané y Massey (5).

Marcador cada cuarto: 11-24, 31-38 (descanso), 58-50 y 70-65.

Árbitros: García León, Lema Parta y Marqueta Gracia.

Cancha: Pabellón de Esport de Tarragona ante 4.000 espectadores.

El último periodo fue un ejercicio de resistencia y fe. El Jairis, ya contra las cuerdas, buscó la machada con el corazón más que con las piernas. El Valencia, con Carrera, Coffey y la propia Hillsman, administraba la ventaja sin titubeos. El +12 (62-50) parecía definitivo, pero este equipo ha demostrado que nunca deja de creer.

Ayuso encendió una última chispa con un triple (69-63) que devolvía la esperanza. Laura Gil, desde el tiro libre, apretaba aún más el marcador (69-65). Era el momento de las valientes, de las que no negocian el esfuerzo. Pero la última bala no encontró red. El hechizo se rompió en el aro, y con él, el sueño.

El Jairis cayó de pie, como caen los boxeadores que lo han dado todo sobre el ring. Rozó la gesta, hizo dudar al gigante y obligó al Valencia a sacar su mejor versión. Pero en las finales, y más en una competición con tanta historia como la Copa de la Reina, los detalles pesan como losas. Y en esta ocasión, el tercer cuarto fue el veredicto.

El amor, ese que parecía eterno durante veinte minutos, se escapó entre los dedos. Porque a veces, por mucho que se luche, el destino también juega… y golpea más fuerte.

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