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Fútbol

El FC Cartagena, a mantener viva la llama

El choque ante el Sanluqueño trasciende los tres puntos, ya que la grada necesita razones para seguir creyendo y apoyando

Una acción del partido entre el FC Cartagena y el Teruel disputado en el Cartagonova.

Una acción del partido entre el FC Cartagena y el Teruel disputado en el Cartagonova. / Iván Urquízar

Paco Sarabia

Paco Sarabia

El partido que disputa el FC Cartagena este sábado a las 18.30 horas en el Cartagonova ante el Atlético Sanluqueño pertenece, sin duda, a la categoría de encuentros que pueden marcar un curso. Choques decisivos. Es una encrucijada.

El equipo albinegro llega a este encuentro arrastrando una losa que pesa cada vez más: cuatro partidos consecutivos sin conocer la victoria y, lo que resulta igualmente preocupante, cuatro encuentros sin ver portería. La sequía goleadora está lastrando las aspiraciones de un conjunto que a estas alturas de la temporada se sitúa en la undécima posición de la tabla, a cuatro puntos del quinto clasificado, ese umbral que abre las puertas del play off de ascenso. La distancia no es insalvable, pero el margen de error se estrecha partido a partido.

Quedarán ocho jornadas por disputarse tras el encuentro de este sábado. Ocho finales para quienes todavía tienen algo por lo que pelear, y un larguísimo tramo de intrascendencia para quienes lo pierdan. Ese es, precisamente, el escenario que los responsables del FC Cartagena quieren evitar a toda costa: que el tramo final de la temporada se convierta en lo que en los despachos ya se denomina, con cierto pudor, un carrusel de partidos amistosos. Compromisos sin tensión competitiva, sin alicientes clasificatorios, sin más horizonte que terminar de cumplir el calendario.

Porque la realidad es que este equipo está ante una de las últimas oportunidades reales de mantenerse enganchado al tren del play off. Y el tren, en el fútbol moderno, no espera. Si el Cartagena no gana este sábado y los rivales que le preceden en la clasificación puntúan, la distancia puede hacerse irreparable matemática y, sobre todo, emocionalmente. Hay momentos en los que las cifras dejan de ser lo más importante y lo que verdaderamente define el estado de un proyecto es la percepción colectiva de si todavía hay algo por lo que luchar.

En las oficinas del Cartagonova son muy conscientes de que el partido de este sábado tiene una segunda lectura, tan importante o más que la puramente deportiva. La afición. Ese vínculo frágil y poderoso a la vez que sostiene cualquier club de fútbol y que, cuando se rompe, tarda años en reconstruirse.

Íñigo Vélez anima a sus jugadores con Fernando Torres en primer plano en el Atlético Madrileño-FC Cartagena

Íñigo Vélez anima a sus jugadores con Fernando Torres en primer plano en el Atlético Madrileño-FC Cartagena / LOF

El Cartagena arrastra todavía la herida de la temporada pasada. Un curso durísimo en Segunda División en el que el descenso de categoría fue prácticamente una certeza anunciada meses antes de que se consumara matemáticamente sobre el terreno de juego. El resultado fue demoledor en las gradas: una gran mayoría de los cerca de nueve mil abonados con los que contaba el club dejó de asistir a los partidos.

Este año el fantasma del descenso no planea sobre el club, aunque todavía no tiene los números de la salvación. El equipo está lejos de la zona de peligro y eso, al menos, es un alivio. Pero el peligro de la desconexión aficionada es diferente y, a su manera, igual de amenazante para el proyecto. No es el miedo a caer, sino el miedo a la indiferencia.

Asistencias según resultados

Los datos de asistencia al Cartagonova esta temporada hablan por sí solos y dibujan con precisión el mapa emocional de una afición que sube y baja según el pulso del equipo. La media total de espectadores se sitúa en 5.729 por partido, una cifra digna pero que esconde importantes oscilaciones.

Al inicio del campeonato, el entusiasmo ante la nueva etapa en la categoría de bronce del fútbol español trajo 6.500 aficionados para recibir al Hércules. Luego llegaron la irregularidad de los resultados y la consiguiente caída en la asistencia: apenas 4.832 ante el Algeciras. El partido ante el Valencia CF, con toda la carga simbólica y el morbo que genera un rival de ese calibre, empujó la asistencia hasta los 6.600. Y el derbi regional ante el Real Murcia, convertido en una fiesta irrepetible, congregó a 13.430 espectadores en un Cartagonova entregado en cuerpo y alma, cifra que quedará grabada en la memoria de la temporada.

Sin embargo, el inicio del año 2026 ha sido cruel con las gradas. Los malos resultados han ahuyentado a parte del público: apenas 2.519 espectadores ante el Torremolinos, 4.597 frente al Ibiza, 4.461 ante el Europa y 4.239 frente al Marbella. Números que duelen y que revelan la fragilidad del vínculo cuando el equipo no da motivos para la esperanza.

La última buena racha de resultados demostró, no obstante, que la afición sigue ahí, latente, esperando razones para volver. Los 6.523 espectadores que acudieron ante el Sabadell en un partido que terminó 0-0, pero que hubiera podido acercar al Cartagena al liderato de haber terminado con victoria, son la prueba de que el Cartagonova puede llenarse cuando hay algo en juego. Esos seis mil y pico aficionados son el termómetro real del proyecto: están dispuestos a responder si el equipo les da ese plus que todavía no ha terminado de ofrecer con regularidad.

Las imágenes del partido entre el FC Cartagena y el CD Teruel

Ortuño durante el partido ante el Teruel en el Cartagonova. / Iván Urquízar

A seguir con la comunión

Porque de eso se trata, en el fondo. No solo de sumar puntos, que también. Sino de mantener viva esa comunión entre el equipo y su gente que se vivió en varios momentos de esta temporada y que representa el activo más valioso que tiene el FC Cartagena más allá de los resultados.

El reto de aquí hasta el final de la temporada es múltiple. Deportivamente, recortar esos cuatro puntos que separan al equipo del play off y volver a creer en lo que a principios de campaña parecía perfectamente alcanzable. Y socialmente, no perder a una afición que ya vivió el abandono y que, pese a todo, ha vuelto a apostar por su equipo con más fe que certezas. Los nueve mil abonados de antaño son un horizonte lejano todavía, un objetivo que requiere tiempo y confianza, pero el camino pasa necesariamente por la tarde del sábado.

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