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Primera RFEF

El siguiente reto de Vélez al mando del FC Cartagena

El siguiente escalón es despertar a los delanteros, que llevan semanas sin ver puerta

Ortuño se lamenta tras una ocasión fallada frente al Tarazona.

Ortuño se lamenta tras una ocasión fallada frente al Tarazona. / LOF

Paco Sarabia

Paco Sarabia

En el fútbol, como en la arquitectura, los grandes proyectos se levantan siempre desde los cimientos. Íñigo Vélez lo sabe bien. Antes de pensar en torres y fachadas, hay que asegurarse de que los pilares aguantan. Y eso, precisamente, es lo que el técnico vasco ha hecho en sus primeras semanas al frente del FC Cartagena: poner orden en casa, tapar grietas y devolver al equipo albinegro una identidad defensiva que se había perdido en algún punto tortuoso de la temporada.

El diagnóstico era claro cuando Vélez tomó las riendas: un Cartagena que encajaba con demasiada facilidad, víctima de desajustes colectivos recurrentes y de errores individuales que se repetían con una puntualidad preocupante. El equipo no era fiable. Sufría. Y cuando un equipo sufre de esa manera, la confianza se resquebraja y los resultados se convierten en una lotería que a menudo toca al de enfrente.

Cuatro partidos después, el panorama ha cambiado de forma notable. El técnico, que pese a haber sido delantero durante su carrera como jugador entiende perfectamente que el orden defensivo es la condición previa e irrenunciable para construir cualquier cosa, ha conseguido transformar la imagen del equipo en el aspecto más elemental: el Cartagena ya no es un equipo fácil de batir. Ha sumado ocho de los últimos doce puntos en juego, y lo ha hecho con una solidez que no se veía desde hace meses. El único gol encajado en ese tramo fue el tanto tempranero del Real Murcia en el debut de Vélez en Nueva Condomina, al comienzo mismo del partido. El resto del encuentro y los tres siguientes, la portería albinegra permaneció inviolada.

Esa victoria tan icónica en el feudo murcianista por 1-2, el posterior triunfo ante el Sevilla Atlético por 1-0 y los empates a cero cosechados frente al Sabadell —líder de la competición— y en el siempre complicado Municipal de Tarazona conforman una hoja de resultados que dibuja un equipo que ha encontrado su equilibrio y que ya no regala goles. Son cuatro resultados positivos, todos ellos, que han abierto una ventana de esperanza real hacia el objetivo que todos tienen en mente: el play off de ascenso.

Condenados

Sin embargo, el fútbol moderno no se gana solo con cancelas bien echadas. Y ahí radica el segundo gran reto que Íñigo Vélez tiene sobre la mesa: conseguir que el Cartagena sea también una amenaza real en campo contrario. Porque en ese apartado, los números no mienten, y no son precisamente para enmarcar. El equipo albinegro ha anotado únicamente 25 goles en 27 jornadas de competición, una media inferior a un tanto por encuentro que lo sitúa en el decimotercer puesto de la tabla de realizadores de la categoría. Lejos de los registros que requiere un equipo con aspiraciones de ascenso.

El problema no es solo colectivo, sino que afecta de manera directa a los hombres llamados a marcar la diferencia: los delanteros. Y ninguno de ellos está en su mejor momento. Kevin Sánchez no celebra un gol desde el pasado octubre, cuando firmó el suyo ante el Puente Genil en Copa del Rey —hace ya más de cuatro meses—. Alfredo Ortuño, el veterano de la línea ofensiva y que más veces ha celebrado goles, lleva desde el 11 de enero sin ver puerta, casi dos meses sin marcar que empiezan a pesar. Y Chiki, el tercer elemento del tridente y el llamado a ser el goleador este curso, anotó el 15 de febrero su único tanto en los últimos cuatro meses de competición, una cifra que retrata con claridad el grado de atonía goleadora que arrastra el ataque cartagenerista.

La pólvora está mojada, como se suele decir en el argot futbolístico. Y encender esa mecha es, ahora mismo, la misión más urgente del técnico vasco. El reto no es menor, porque implica modificar dinámicas de juego, liberar a los atacantes de cargas mentales acumuladas y, sobre todo, encontrar un sistema que genere las ocasiones suficientes para que los números mejoren. Todo ello, eso sí, sin romper el equilibrio defensivo que tanto ha costado construir. Porque volver a las andadas (a los desajustes que caracterizan la era anterior bajo la dirección de Javier Rey) sería dar un paso atrás imperdonable cuando el play off ya se vislumbra al tener la salvación al alcance de la mano.

Necesita más argumentos

La realidad es que el Cartagena ya tiene ante sí una oportunidad histórica para recuperar la ilusión de una afición que ha sufrido demasiado en esta accidentada temporada y en las anteriores. Pero llegar al play off no basta; hay que llegar con la mejor versión posible del equipo. Y para eso, el once albinegro necesita ser más que un muro defensivo. Necesita tener criterio con el balón, generar peligro en campo contrario y, fundamentalmente, que sus delanteros recuperen el olfato goleador.

Vélez ha demostrado en este primer tramo de su mandato que sabe cuáles son las prioridades y que tiene la autoridad y la claridad táctica para llevarlas a cabo. Lo que ha hecho defensivamente no es casualidad: es trabajo, método y una lectura correcta de lo que el equipo necesitaba en ese momento. Ahora, con la base consolidada, toca dar el siguiente paso. Construir hacia arriba, como él mismo ha apuntado. Y hacerlo con la misma solidez con la que ha colocado los cimientos. El FC Cartagena merece un equipo con ambas caras del juego a pleno rendimiento. Los aficionados del Cartagonova están ilusionados viendo que su equipo es competitivo, pero ahora exigen ese paso más y la tabla clasificatoria lo requiere.

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