Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Baloncesto

El Caesa Cartagena ya no es capaz ni de mantener el tipo

El conjunto albinegro ofrece una bochornosa imagen ante un Obradoiro que juega a placer

Aitor Etxeguren, del Obraodiro, ante el Caesa Cartagena.

Aitor Etxeguren, del Obraodiro, ante el Caesa Cartagena. / Obradoiro

José Antonio Muñoz Devesa

La esperanza o la mínima ilusión que aún le queda al Grupo Caesa Cartagena volvió a durar tan solo un suspiro. Los albinegros firmaron uno de los peores partidos de su historia, un encuentro que se esfumó desde el salto inicial y que terminó convertido en un auténtico recital del Monbus Obradoiro. Los de Roberto Blanco saltaron a la pista del Fontes do Sar sin hambre de victoria, sin garra ni orgullo, y acabaron protagonizando una actuación bochornosa que se saldó con una contundente derrota (101-49).

Los diez primeros minutos fueron un dominio absoluto del Obradoiro. Primero gracias a Barrueta, que tomó la batuta del equipo para castigar la endeble defensa cartagenera. Después, a partir de una defensa sólida que cortocircuitó por completo a los visitantes. El dominio en el rebote dio alas a los gallegos para abrir brecha en el marcador, apoyados además en un buen acierto en el tiro. Una canasta de Galán sobre la bocina cerró el primer periodo con un desalentador 26-7 para los portuarios.

El segundo cuarto arrancó con un intercambio de canastas que dejó el 39-10, momento en el que Roberto Blanco paró el encuentro. Pero los santiagueses siguieron anotando con excesiva facilidad. Los fallos defensivos se acumulaban y el Grupo Caesa Cartagena era incapaz de construir un ataque mínimamente fiable. De nada sirvió la pausa. Llegó un triple de Westermann, una canasta de Barrueta y un Barcello que castigó cada despiste visitante. El jugador local se hizo fuerte en defensa, cortando líneas de pase y robando dos balones consecutivos que confirmaban que los fantasmas del pasado habían regresado para los cartageneros.

De perder de diecinueve puntos a perder de treinta y uno en apenas diez minutos. El parcial de 25-13 dejó al Caesa en una situación demasiado conocida: a remolque en el marcador. El pesimismo —o el pasotismo— se apoderó de un equipo que dejó de defender y de encontrar un juego solvente. Las individualidades se adueñaron del ataque albinegro mientras su rival sacaba faltas y anotaba de todas las maneras posibles. En el lado cartagenero, las canastas llegaban a cuentagotas, con mínimos destellos de Domenech, que pasó bastante desapercibido y al que le costó encontrar su sitio en el partido. El tercer cuarto volvió a dejar al descubierto todas las costuras del equipo de Roberto Blanco, confirmando que la temporada se hará demasiado larga.

El reloj parecía no avanzar para un Grupo Caesa Cartagena que solo veía cómo la diferencia seguía creciendo sin remedio, rozando un vergonzante +50 que terminó superándose con facilidad. Los cartageneros fueron meros espectadores de la exhibición de Munnings. Eso es lo que le queda ahora al conjunto portuario: mirar desde la distancia cómo otros sí muestran un nivel propio de la Primera FEB.

Tracking Pixel Contents