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Fútbol

Rivalidad, respeto y fútbol en el derbi de la Nueva Condomina

Real Murcia y Cartagena se miden ante 26.000 espectadores en el estadio murciano en un derbi a priori descafeinado, pero que responde con un gran ambiente y transcurre deportivamente y sin altercados. La competencia es celebrada y el incivismo, señalado

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Alfonso Asensio

Alfonso Asensio

Quedaban más de tres horas para el pitido inicial y los aledaños de la Nueva Condomina comenzaron a tomar color grana. Concluida la comida, miles de murcianistas enfilaron el camino hacia el estadio, citados para una larga previa por la Federación de Peñas del Real Murcia. Nunca se cruzaron los caminos de las dos aficiones. Los cartageneristas, por su parte, se congregaron en la esquina contraria del campo para acceder a la zona visitante habilitada por el cuadro local, aunque sí se pudieron ver algunas camisetas albinegras que transitaron sin mayores problemas entre locales.

Las calles entorno al templo grana servían de afluente para el río de personas que se fue acumulando para ver llegar al autobús de su equipo frente a la grada de tribuna. Allí, un gran despliegue policial acordonó la zona con un vallado que despejó la Avenida Afición del Real Murcia. A ambos lados, personas de todas las edades calentaron sus gargantas con cánticos para su equipo y también para el eterno rival.

Llegó al estadio el autobús cartagenerista sobre las 16:15 horas de la tarde, dos horas antes del choque. La afición murcianista, que estaba citada por el propio club para recibir al equipo grana a las 16.20 horas, ya se agolpaba sobre la entrada. La rivalidad se dejó notar con los típicos cánticos que la afición murciana dedica al cuadro portuario, pero no se vivió tensión en ningún momento.

Dieron ejemplo de buen comportamiento ambas aficiones. Tanto antes como durante y después del partido. Hubo una única excepción entre miles de personas. La de un seguidor del Real Murcia que lanzó un objeto al autobús albinegro. Fue identificado y apartado por la policía nacional.

El calor de los aledaños pronto se trasladó al interior del estadio. El blanco de la grada se fue enrojeciendo en tribuna, lateral y ambos fondos. En la esquina entre el fondo norte y el lateral fue el color blanquinegro el que predominó.

En la zona noble, las directivas intercambiaban pareceres de manera cordial. Se pudo ver charlando a Alejandro Arribas, Víctor Alonso y Felipe Moreno, quien no asistió al derbi del Cartagonova. Mientras, las autoridades se sentaban en su butaca: Carmen Conesa, consejera de Turismo, Cultura, Juventud y Deportes; Luis Alberto Marín, consejero de Economía y Hacienda; Miguel Ángel Noguera, concejal de Deportes del Ayuntamiento de Murcia; o José Luján, rector de la Universidad de Murcia. También hubo alguna cara conocida, como la del ciclista Luis León.

Cruce de cánticos y pancartas

La salida de los jugadores, así como el anuncio de las alineaciones, fue más abucheada y más coreada que en ningún otro partido. No era un partido normal. En un partido normal no se dedica un tifo al cuadro contrario. «Se vende. Liquidación», se pudo leer en una lona gigante desplegada en el fondo sur que representaba a un brujo que vaticinaba el futuro del FC Cartagena. En su bola de cristal, el Estadio Cartagonova.

Sonó el himno murcianista a capela. También el «es murciano el que no bote» de los visitantes, junto a otras célebres frases con las que se hizo notar la afición portuaria. Se acordaron los desplazados de Felipe Moreno, hoy presidente del Real Murcia y antes vinculado de forma opaca al Cartagena. No obstante, muy pronto se hizo el silencio en la zona albinegra.

El gol de Joel Jorquera a los tres minutos desató la alegría local y se sintió como un jarro de agua helada para los visitantes. Entonces, cambiaron las tornas: «Cartagenero el que no bote», éxtasis y celebración de la mayoría. Sin embargo, poco más celebró la parroquia grana. El equipo se echó atrás, el Cartagena mejoró y antes del descanso llegó el empate que borró la sonrisa de los murcianos para ponerla en la cara de los cartageneros. La respuesta fue en forma de bronca cuando el colegiado no señaló un posible penalti ni en directo ni tras la revisión al borde del descanso.

La segunda parte trajo peores noticias para los locales con el gol de Nil Jiménez y poco bueno de los suyos. Pero dejó otro buen ejemplo de la afición y el dispositivo de seguridad. El lanzamiento de un objeto desde la grada cuando el Cartagena sacaba un córner terminó con el señalamiento al incívico y su expulsión del estadio.

Con el 1 a 2 en el marcador y a cinco minutos para el final del partido, algunos locales desfilaron a cuentagotas. La mayoría mantuvo la esperanza y a punto estuvo de tener premio con el gol anulado en el 97. Al final, el Cartagena se tomó la revancha y los albinegros terminaron celebrando en la grada y en el césped un derbi con rivalidad, respeto y fútbol.

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