Pasando la Cadena
Lo que la naturaleza no da

Vinicius Junior of Real Madrid CF in action during the UEFA Champions League 2025/26 League Knockout Play-off First Leg match between SL Benfica and Real Madrid C.F. at Estadio do SL Benfica on February 17, 2026 in Lisbon, Portugal. AFP7 17/02/2026 ONLY FOR USE IN SPAIN. Irina R. Hipolito / AFP7 / Europa Press;2026;SPAIN;SPORT;ZSPORT;SOCCER;ZSOCCER;SL Benfica v Real Madrid C.F. - UEFA Champions League 2025/26 League Knockout Play-off First Leg; / AFP7 vía Europa Press / AFP7 vía Europa Press
Ni el escudo ni la camiseta ni la historia lo prestan. Algunos pasan media vida queriendo ser lo que no son y la otra mitad justificando por qué. Y es que, a veces, pesan más las ambiciones que la realidad. Y demasiadas, como escribió mi recordado y excelente publicista Agustín Medina, desaprovechamos el tiempo pequeño, muy pequeño, que tenemos para sincerarnos con nosotros mismos.
Los jugadores actuales del Real Madrid deben luchar cada partido como si les fuera la vida en ello para alcanzar el nivel de resultados exigido. Porque, si no funciona el dúo Courtois/Mbappé, su falta de calidad en la creación de juego hace que para ganar deban meter la pierna siempre y pelear cada balón a muerte, aparte de correr como nunca. Y como no son máquinas, en cuanto aflojan el pistón les pasa cualquiera por encima: Celta, Albacete, Benfica, Osasuna…
Esto no va de entrenadores. Ni Alonso pudo conseguirlo ni Arbeloa ha inventado nada, más allá de intentar construir el equipo de atrás hacia adelante, como mandan los cánones. El problema es más grave y estructural. Una plantilla descompensada, volcada a la izquierda y roma por la derecha: tres laterales izquierdos y tres especialistas por ese mismo lado: Vinicius, Mbappé y Rodrygo, sin nadie que desborde por la derecha y sin nadie tampoco a los mandos en el centro. Ese es el Madrid actual.
Y así han ido tirando hasta que en Pamplona volvieron a encontrarse con su palmaria realidad. Sin el mejor día del portero y del goleador y sin pelear a tope, mediocridad manifiesta. Mucho más con dos cambios en su línea más fiable. De Carvajal y Alaba se podría repetir el viejo dicho taurino murciano de que “Cascales ya no es Cascales”, en una de las fallidas reapariciones del torero que apuntaba a inmenso en la década de los cincuenta del siglo pasado.
Y para ponerlo de manifiesto, bastaron un canterano madridista, Víctor Muñoz, ahora osasunista, y un veterano goleador contrastado como Budimir. Hasta Asencio fue de cabeza achicando aguas tanto por derecha como por el centro, y así le fue de mal, secundado por Tchouameni y Valverde, porque sus compañeros señalados de la zaga no llegaban. Los rojillos llegaron cuatro veces con peligro e hicieron dos goles. Y pudieron hacer alguno más si están más acertados en el pase y en el remate final.
También les falló la puntería a los blancos y, para colmo, tampoco les acompañó la suerte. En resumen, una derrota justa que lamina la ventaja sobre el Barcelona por la derrota culé la jornada pasada en Gerona. Y así no se ganan ligas.
El Atlético de Madrid volvió a dar la de cal en casa. El camaleón retornó al brillo casero al amparo de sus incondicionales, que parece que jugaran también cuando no les acompañan fuera. Sin colmillo a domicilio, salvo fogonazos esporádicos, proclaman una irregularidad normalizada. Y así tampoco se gana nada de fuste. Simeone tiene mucho en lo que pensar con la plantilla que dirige. Sin duda, armada para mucho más que andar a estas alturas a quince puntos del líder.
Y llegamos al Barça, quien tras unas jornadas de reflexión por sus dos derrotas consecutivas tiene ante el Levante la oportunidad de hacer borrón y cuenta nueva y encauzar el último tercio del campeonato con visos de una Liga que sería la segunda de Flick en sus dos primeros años
Para tan ambicioso empeño recuperan a su arquitecto Pedri. Palabras mayores. El canario es el faro culé y su ausencia desequilibra al equipo, hasta el punto de hacerlo vulnerable pese a su contundencia arriba. Sin alguien marcando el ritmo de juego por en medio, su defensa también hace aguas, ya que la media blaugrana se desordena y no presiona como debe para evitar lanzamientos a la espalda de su arriesgada defensa adelantada. Sin una presión ordenada en el centro, jugar al fuera de juego constante de los rivales es suicida. Es el talón de Aquiles del Barça de Flick y debería analizar alternativas cuando no tenga en el campo a su mariscal Pedri. En liga le puede valer, pero esas desconexiones no las perdona Europa.
Desorientación descompensada, irregularidad y empecinamiento vulnerable. Las tres realidades que Florentino Pérez, Simeone y Flick deben mirarse frente al espejo. Y si no se lo reconocen estarán mintiéndose a sí mismos.
El Barça arriesga consolidar un buen proyecto y los madrileños, con el presente perdido, se juegan el futuro.
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