Pasando la Cadena
De pena, de fogueo y de nada

Álvaro Arbeloa conversa con Eduardo Camavinga y Dean Huijsen durante el partido del Real Madrid ante el Rayo Vallecano / J. J. Guillén / EFE
En el calidoscopio de la vida hay días para todo. Unas veces pones voluntad y otras conocimiento, pero el talento y las ganas deben ir unidas para conseguir las metas de los grandes. De lo contrario, la suerte o la desgracia pueden ser determinantes y esos escenarios favorecen a los menos dotados porque se diluyen las ventajas.
Este fin de semana, el Madrid jugó de pena contra sus vecinos de Vallecas y ganó de penalti en el último suspiro. El Barça solo ganó cuando pudo y debió golear en un partido en el que el Elche de Sarabia quiso emular su juego abierto y sin complejos; tres balas de verdad y ocho o diez de fogueo. Y el Atlético empató ante un aseado Levante en Valencia sin jugar a nada.
Tres grandes contra tres pequeños en los quedó de manifiesto que para España les da para encabezar la tabla, pero que en Europa pasarán penurias.
Lo del Madrid es la continuación de una temporada para olvidar que nació mal desde el palco antes de empezar a competir. Lo mismo da Alonso que Arbeloa o quien venga. Le sobran jugadores de tres cuartos y le faltan en el medio campo y en los últimos metros. Demasiados medias puntas, al gusto presidencial, y carencias en la sala de máquinas como demandaría cualquier técnico. Y eso se paga en un equipo obligado a competir para ganarlo todo.
El Barça de Flick, de largo el mejor conjunto de la liga española, propicia espectáculo en todos sus partidos y suele ganar porque está más dotado donde fallan sus rivales merengues. Un medio de campo poderoso y mandón y goleadores arriba para hartar. El problema es que concede mucho atrás y eso es sinónimo de suicidio cuando se enfrente a los grandes trasatlánticos europeos. Lo que le perdonan en España le castigará en Europa.
Y el Atlético de Simeone sigue buscando su esencia perdida sin atisbo de que vaya a encontrarla pronto. El problema para el argentino es que ahora, con el cambio de propiedad, tiene en la grada la mirada inquisidora de Mateu Alemany y tal vez ya no le valga solo el acuerdo que tenía con Gil Marín de bastarle clasificarse entre los cuatro primeros para asegurar su participación en Champions y, por consiguiente, los millones necesarios para mantener su alto tren de vida. Entre otras cosas su multimillonario sueldo. Por eso han apurado hasta el final en este mercado de invierno para incorporar uno o dos jugadores tras largar a cuatro. Seguramente, los nuevos propietarios y el director de fútbol balear querrán aquilatar cualquier millón que se gasten en fichajes. Y exigir resultados, claro.
Pero ya vimos entre semana en Champions esa misma película liguera del pasado finde. Al Madrid lo humilló el Benfica de un Mourinho que celebró por todo lo alto una victoria histórica para los portugueses, sin más miramientos que disculparse posteriormente por su euforia ante el mismísimo banquillo merengue. El mismo que puede ocupar —ahora mismo tiene todas las papeletas para ello—a partir de junio si el Madrid acaba su segunda temporada consecutiva en barbecho, como es lo más probable.
El Barça debía ganar y golear al modesto Copenhague y solo lo consiguió a medias., superando, además, que se adelantaran los daneses. Tuvo la suerte de que quienes podían dejarlo fuera de los ocho primeros tampoco tiraran castillos artificiales.
Y el Atlético pegó un sonado petardazo ante un modesto equipo ártico, siguiendo el despiporre que lleva en la liga, perdidas ya en enero todas sus posibilidades en la competición de la regularidad.
Los blancos y los colchoneros llevan la penitencia en el pecado porque deberán esforzarse a tope para pasar la eliminatoria previa que les daría acceso a estar en los octavos de final de la Champions, mientras los culés verán desde casa cómo sus rivales patrios se desgastan por Europa.
Y en esa lotería al Madrid le ha salido otra vez cruz, teniendo de nuevo al Benfica y al “miura” Mourinho delante. Es decir, morbo grandioso en febrero para los neutrales o anti, y zozobra dolorosa para muchos madridistas devotos del técnico portugués, empezando por su rendido Florentino Pérez.
Veremos lo que nos deparan los vientos pelacañas de febrero, que nunca son de buen agüero. Ojalá los blancos cambien la pena por las luces y los rojiblancos empiecen a jugar a algo más que la ramplonería que despliegan esta temporada.
Y mientras, Laporta se regodea.
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