Baloncesto
El Cantabria le borra la sonrisa al Caesa Cartagena
El conjunto albinegro, que venía de lograr dos triunfos consecutivos, ve truncada su progresión

El base Alberto Martín, del Caesa Cartagena, durante el encuentro. / Cantabria/Caesa Cartagena
José Antonio Muñoz Devesa
En pleno jolgorio cartagenero, el Grupo Alega Cantabria se ha presentado en el Vicente Trueba para desalojar del paraíso a un rival que hasta ayer acumulaba una racha de dos victorias consecutivas. Al Grupo Caesa Cartagena se le borró la sonrisa por culpa de un conjunto norteño que hizo bien pronto los deberes y que supo y pudo vivir de las rentas (78-72).
Alonso llenó el parqué de pequeños, con Garuba y Rivera en escena, y a los minutos de juego ninguno había perpetrado nada en ataque. Parecía que aquélla sería la tónica del partido, convertido el Grupo Caesa Cartagena en un equipo revitalizado en estas dos últimas jornadas. Pero no. El cuadro local no se ausentó por aquella presentación. Contra el músculo, imaginación, debió ordenar el entrenador local. Y ese fue el antídoto ganador de un equipo, el suyo, que no rehuyó el choque; que movió la pelota con un criterio excepcional y que dejó que Powell se divirtiera. Es curioso el caso del jamaicano, que ha convertido al equipo albinegro en su enemigo favorito. Cierto es que su club no acostumbraba a ganar a los portuarios.
Agarrado a la muñeca del jamaicano, el Grupo Alega fue aumentando las distancias sin hacer ruido. El 24-16 del primer cuarto dejó paso, diez minutos después, a un 39-41 que llegó lento, doloroso, para un conjunto cántabro que no sabía por dónde le llegaban los palos. Un equipo local torpe y descolocado, que fallaba dos de cada tres canastas. Un Cantabria pesadísimo.
Pero quizá el problema del conjunto cartagenero, más allá de su actitud en algunas fases del partido, sea más profundo. Quizá ocurra que espera tanto de sus anotadores que al resto le ha adjudicado un papel mejor. Sobre todo a sus bases, Alberto Martín y Rivera, cuya presencia ayer, hasta los instantes finales, fue meramente testimonial. Descabezado como se vio, el Cartagena contempló no sin sorpresa como su rival le pasaba por encima por mucho que Ayesa intentara detener la sangría. Pero optó el equipo visitante por echarle cierto coraje, y redujó las distancias hasta donde buenamente pudo (63-53).
Aquel arreón paralizó a los chicos de Félix Alonso, que se perdió en la defensa norteña. El cuadro local no había dejado el duelo visto para sentencia cuando debía y bien que lo pudo ganar, porque el peor Caesa encontró una vía de escape, siempre desde el esfuerzo, no desde el buen juego.
Pero de repente apareció Powell. Que estaba allí, palabra. Y que además de lanzar un triple, lo encestó. El Grupo Caesa Cartagena se había largado del partido sin que nadie le invitara a ello. Pero el equipo portuario se lió de mala manera y los locales atraparon una victoria enorme, que le alivia de todas sus penurias, ante un rival enrachado. Y que ha perdido el aura.
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