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Pasando la Cadena

Y con ese diez, vamos tirando

Kylian Mbappe of Real Madrid CF runs with the ball during UEFA Champions League 2025/26 League Phase MD7 football match played between Real Madrid and AS Monaco at Bernabeu stadium on January 20, 2026, in Madrid, Spain. AFP7 20/01/2026 ONLY FOR USE IN SPAIN. Dennis Agyeman / AFP7 / Europa Press;2026;SOCCER;SPAIN;SPORT;ZSOCCER;ZSPORT;Real Madrid v AS Monaco - UEFA Champions League 2025/26 League Phase MD7;

Kylian Mbappe of Real Madrid CF runs with the ball during UEFA Champions League 2025/26 League Phase MD7 football match played between Real Madrid and AS Monaco at Bernabeu stadium on January 20, 2026, in Madrid, Spain. AFP7 20/01/2026 ONLY FOR USE IN SPAIN. Dennis Agyeman / AFP7 / Europa Press;2026;SOCCER;SPAIN;SPORT;ZSOCCER;ZSPORT;Real Madrid v AS Monaco - UEFA Champions League 2025/26 League Phase MD7; / AFP7 vía Europa Press / AFP7 vía Europa Press

José Luis Ortín

José Luis Ortín

Dos amigos de la infancia conversan tras tiempo sin verse. Uno se había formado para la vida y otro lamentaba haber ido poco a la escuela. El primero, tras años de trabajo bien mirado, apenas había podido adquirir una vivienda y sacado a sus hijos dignamente para adelante. Y el otro, por el contrario, disfrutaba de una vida ostentosa.

Y al despedirse, su explicación entre irónica y sincera al amigo resignado fue que compraba cosas a diez y las vendía a cien. Y con ese “diez por ciento”, precisaba, concluía que iba tirando.

Pero salvando distancias y circunstancias, el diez clave del fútbol también significa ventajas competitivas, como debió decirle Florentino Pérez a los Roig antes del partido en la Cerámica, si hablaron del buen juego que exhibe el Villarreal en la liga y su fracaso en Europa. Y no será a los únicos que aconseje que pongan un diez en su vida. Un goleador que convierta en puntos cualquier atisbo de buen fútbol por irregularidades que haya. Aunque no se llamen Mbappé, como puede certificar el Atlético de Simeone con la frustración por la sequía goleadora de Julián Álvarez.

El Real Madrid tiene en el francés una potente ventaja. Porque si Gerard Moreno hubiese enchufade la que tuvo, en una falta sacada magistralmente por Parejo, estaríamos hablando de otro partido.

El Madrid jugó bien, sobre todo en la segunda parte, pero el Villarreal de Marcelino también mostró el excelente juego que le caracteriza. Para resumir, si el diez blanco hubiese vestido de amarillo, los puntos se hubiesen quedado por Castellón. Y diríamos, por ejemplo, que las recuperaciones de los merengues habían sido más por fallos de los amarillos que por su buena presión.

Que el Real Madrid ha mejorado tras el despido de Xabi Alonso está claro. Pero que sea por la mano de Arbeloa, sin quitarle méritos, es exagerado. Es más, su primera decisión: la convocatoria para Albacete sin dar tiempo a que los jugadores se conjuraran, resultó un fracaso absoluto.

Y tal evidencia da la razón a mi amigo Pepe Cuenca, quien el otro día aventuraba que a los entrenadores los echaban los futbolistas. Y más en un club grande de estrellas como el Real Madrid. Zidane lo dejó claro también cuando explicó que él y su cuerpo técnico estuvieron siempre a disposición de sus jugadores, más que al revés.

Pero aquí cabe una matización. Y es que desde hace un cuarto de siglo el Madrid es un club de autor. De un presidente omnímodo para lo bueno y para lo malo, que de todo ha habido en estos años. Y en su breviario de cabecera, los jugadores son los reyes del mambo y los entrenadores solo un trámite necesario. Quizás por eso triunfan los poco intervencionistas, tipo Ancelotti, y fracasan quienes desean implementar su libreto como Benítez o Xabi.

Arbeloa, inteligente, ha añadido tal premisa a su catecismo técnico, aparte de subirse al carro del “ser superior” que echó a andar Butragueño. Otro que lleva en el palmito desde ni se sabe y lo que le queda.

Desde estas páginas hemos defendido siempre a la cantera, y con Arbeloa no haremos ninguna excepción. Es un madridista por los cuatro costados y lo mismo que mamó desde joven como jugador tan preciada condición lo ha hecho como entrenador. Así que ojalá le salga bien su trabajo y lleve a los blancos a lo más alto, como su trayectoria e importancia exige.

Por tanto, si su llegada hace que los jugadores blancos corran más que antes y se graben a fuego que todos juntos son más que uno solo, por bueno que sea, como dejó legado Di Stéfano y se lee en el túnel de acceso al césped del Bernabéu, bienvenido sea. Pero debemos tener claro que son ellos quienes pusieron a Xabi en la picota y solo ellos quienes deben hacer triunfar a Arbeloa. De lo contrario, como anunciamos aquí el pasado lunes, Mourinho aterrizará en junio en Madrid para pasmo de propios y extraños. Avisados están. Si no, que le pregunten a Cristiano.

También puede preguntar Florentino a Laporta por qué en la Masía, sobre todo con él, compran a diez y podrían vender a cien. Ahora Lamine y Fermín como antes Xavi e Iniesta, por no abundar con tantos otros ni hablar de Messi. Otro diez para la vida.

También el argentino fue barato y está en la cúspide de la historia del fútbol.

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