Real Sociedad - Barcelona (2-1)
El caos devora a un desafortunado Barça en Anoeta
El equipo azulgrana remata cinco veces al palo y ve cómo le anulan tres goles en una surrealista derrota ante la Real Sociedad. El Real Madrid se acerca a un punto.

Dani Olmo se desespera tras fallar una ocasión ante Remiro. / Miguel Oses / AP
Lo hizo todo el Barça para golear en Anoeta, pero se fue con una derrota de aquellas que no se olvidan. Ya no tanto por los tres goles anulados o los cinco palos después de rematar 25 veces. Sino por la salvaje patada de Carlos Soler a Pedri que bien pudo haber dejado al canario con el pie colgando, y que el árbitro no apreció como roja hasta que le advirtieron desde el VAR. Ganar o perder, en según qué circunstancias, quizá sea lo de menos.
Hay días en que el fútbol es del todo incomprensible. Aunque ayuda mucho que esto se haya convertido en un deporte monitorizado por una tecnología que hace del espectáculo una orgía de 'frames' que convierte en extraño placer la agudeza visual de quien nada entiende. Todo ello llevó a que, en el primer tiempo de Anoeta, entre el árbitro principal, Jesús Gil Manzano, y su aliado en la mazmorra del VOR, Carlos del Cerro Grande, anularan tres goles (Fermín, por falta previa de Olmo; De Jong, por fuera de juego; Lamine, también por fuera de juego) y un penalti al Barça en el tiempo añadido del primer acto, y otro tanto más por posición incorrecta a la Real Sociedad en el mismo amanecer (Oyarzabal). Resultó difícil de digerir que, en el gol invalidado a Lamine, después de un embrollo –que no pase– entre Koundé y dos rivales, la tecnología del fuera de juego automático detectara un talón fuera de sitio.
Más allá de las interrupciones y las revisiones, el Barça tuvo que irse al descanso en desventaja pese a haber completado hasta entonces un más que notable encuentro. Especialmente fino estaba Lamine Yamal, un tormento para Sergio Gómez, y que asomaba desde la orilla izquierda para hacer lo que le venía en gana. Ya fuera para burlar a cuatro defensores a la vez, ya fuera para ofrecer caramelos que sus compañeros rechazaron infinidad de veces en posiciones más que agradecidas. Solo Rashford, ya en el segundo tiempo, supo sacar partido de los centros del 'diez'.
No estaba acertado Dani Olmo en el remate el día en que Flick, ante la ausencia de Raphinha por lesión, le hizo un hueco en el once titular como falso extremo zurdo. Disposición que dejaba en mal lugar a Rashford, en el banquillo junto a Lewandowski, y que permitía que Fermín se desplegara entre los océanos abiertos.
Las Matemáticas Aplicadas de Matarazzo
Pellegrino Matarazzo, el técnico estadounidense de la Real Sociedad, es licenciado en Matemáticas Aplicadas en la Universidad de Columbia, allí donde estudió Isaac Asimov o cuatro presidentes de Estados Unidos (Theodore y Franklin D. Roosevelt, Eisenhower y Obama). En el fútbol, sin embargo, tienen mucha incidencia episodios imposibles de medir. Matarazzo concedió muchos espacios, permitió que el Barça amontonara ocasiones y volara lo que quisiera. Y todo ello, en vez de penalizar a la Real Sociedad, la llevó a tomar el primer gol del partido a la media hora. Koundé perdió la marca de Oyarzabal ante un centro al segundo palo de Guedes. Y el capitán donostiarra atrapó una volea triunfal, como en los viejos tiempos.
Tenía Flick que buscar soluciones viendo que Olmo, lejos de afinar la puntería, inauguraba el segundo tiempo rematando dos veces al poste. El chico de Terrassa se quedó un rato pensando junto a la valla publicitaria, quizá preguntándose a qué venía tanta desgracia.
Rashford, Lewandowski y el 'redebutante' Cancelo irrumpieron por Olmo, Ferran y Balde. Lo que fuera para que el Barcelona acertara de una vez por todas. Pero, por si fuera poca la frustración azulgrana, Álex Remiro demostró que él también merece tener taquilla en el próximo Mundial. Le sacó una mano de hierro a Lewandowski para que la pelota volviera a astillar el palo.
El momentáneo empate de Rashford no fue más que la introducción del golpe definitivo. Ni un minuto esperó la Real Sociedad para dar un pelotazo, obligar a Joan Garcia a una parada, pero aprovechar la continuación de la jugada para que Guedes zanjara el asunto. Cubarsí, que un rato después sacó un gol en la línea, no había estado demasiado atento. El cabezazo de Koundé al larguero y el intento de gol olímpico del Rashford ya cuando la noche, harta, se desmayaba, sirvieron como epitafio: el fútbol es inexplicable.
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