Primera RFEF
FC Cartagena: Alfredo Ortuño y el eterno debate del ‘9’
Las carencias ofensivas de la plantilla albinegra vuelven a poner en el punto de mira al delantero de Yecla, que solo ha marcado 3 goles

Alfredo Ortuño en el partido de Copa ante el Valencia. / Marcial Guillen
En un fútbol cada vez más dominado por la movilidad, la presión alta y los delanteros que parecen centrocampistas adelantados, la figura de Alfredo Ortuño sigue representando una rara avis. Un ‘9’ clásico, de área, de colmillo afilado y olfato goleador. Y, paradójicamente, en un momento de necesidad ofensiva del FC Cartagena, su papel vuelve a estar en el centro del debate.
El principal problema que arrastra el Cartagena, junto al centro de la zaga, en este tramo de temporada tiene nombre propio: la delantera. No es una sorpresa. Era un escenario previsible desde verano, cuando se apostó por una pareja formada por el veterano Ortuño, tras un año muy duro, y Chiki, que pese a no cumplir las expectativas el pasado curso, sí que partía con ese papel de titular, confiando en que entre ambos sostendrían el peso goleador de un equipo diseñado para pelear por el ascenso. Los datos, a estas alturas, invitan a la reflexión.
Entre ambos suman seis goles, exactamente un tercio de los 18 tantos que ha marcado el Cartagena en este momento. Tres por cabeza, pero con un reparto de minutos muy desigual. Chiki ha sido la apuesta mayoritaria de Javi Rey, acumulando más del doble que el delantero yeclano. Una diferencia significativa que, sin embargo, no se traduce en una ventaja goleadora. El madrileño promedia un gol cada 444 minutos; Ortuño, uno cada 174.
Las cifras no engañan. Y tampoco el contexto. Javi Rey ha priorizado a Chiki por su movilidad, su capacidad para caer a bandas, atacar espacios y ofrecer alternativas tácticas en el frente ofensivo. Encaja mejor en la idea de un equipo que quiere ser dinámico y versátil en ataque. Ortuño, en cambio, responde a otro perfil. Es un ariete de área, menos dotado para el juego al espacio, pero letal cuando el balón ronda la zona de castigo. Dos formas opuestas de entender el gol.
El problema para el Cartagena es que ninguna de las dos termina de resolverlo del todo. Chiki aporta trabajo y despliegue, pero no intimida en el área como se espera de un delantero titular en un proyecto ambicioso. Su último gol llegó el 8 de noviembre, de penalti, ante el Teruel. Los otros dos se remontan a las jornadas 4 y 6.
Ortuño, por su parte, sigue demostrando que el gol no se le ha olvidado. El capitán albinegro, con 34 años, mantiene intacto su instinto, pero paga peaje físico. No está para acumular muchos minutos y su aportación al juego asociativo es limitada dentro del modelo de Rey. Aun así, sus números reclaman más protagonismo. Al menos, más oportunidades. Los tantos tan importantes ante el Valencia y el pasado domingo frente al Torremolinos son una reivindicación en toda regla.
Porque Ortuño no es un jugador cualquiera en el Cartagena. Es el capitán, el referente emocional y el símbolo de una etapa. El club de su carrera, el lugar donde más feliz ha sido y al que decidió quedarse ligado incluso en el momento más delicado, tras el descenso. Su discurso en verano fue el de la autocrítica, el aprendizaje y la ilusión renovada. Asumió errores, propios y colectivos, y reivindicó el fútbol como un estado de ánimo. Hoy, meses después, su situación vuelve a exigir una lectura más profunda que la mera estadística.
Peinando el mercado
El debate, en realidad, trasciende a Ortuño y a Chiki. Es estructural. El Cartagena necesita algo más. Un delantero que combine lo mejor de ambos perfiles: movilidad, sacrificio y, sobre todo, eficacia. Un ‘9’ híbrido que eleve el nivel competitivo, amplíe la rotación y ofrezca soluciones reales en los momentos decisivos de la temporada. No es una tarea sencilla, pero el mercado invernal aparece en el horizonte como una oportunidad que el club no debería dejar pasar.
La nueva dirección deportiva ya peina opciones. Encontrar un ‘killer’ que encaje en la idea de Javi Rey y no perdone cuando el ascenso se decida por detalles sería un golpe de efecto.
Ahora bien, el reto del preparador gallego será lograr que el refuerzo que pueda llegar marque diferencias sin relegar a un segundo plano a los dos delanteros que ya están en la plantilla y que, salvo sorpresa, continuarán en el equipo, integrándolos a todos en una dinámica competitiva y productiva, porque un ascenso no se construye desde las individualidades, sino desde el compromiso y la aportación colectiva de toda la plantilla.
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