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Pasando la Cadena

La desconfianza destruye cualquier relación

Xabi Alonso, en el banquillo del Real Madrid, durante el partido de Liga ante el Alavés

Xabi Alonso, en el banquillo del Real Madrid, durante el partido de Liga ante el Alavés / AFP7 vía Europa Press / AFP7 vía Europa Press

José Luis Ortín

José Luis Ortín

El cariño une, el odio separa y la confianza es el lubricante para que todo funcione. Sin ella, ni el amor resiste los embates del tiempo. Pero cuando reina, todo suele estar bien entre las personas porque no hay rendijas para dudas. Una coraza ante los problemas para seguir mirándonos francamente a los ojos. Y cuando eso sucede, es inusual y complicado mentir.

En el Real Madrid se ha instalado la desconfianza. Algunos destacados jugadores no confían en la dirección de Xabi Alonso para llegar al éxito. Y eso ha fracturado al vestuario. El técnico no confía en que algunos futbolistas, por buenos que sean, puedan interpretar sobre el césped sus ideas. Y Florentino Pérez, consciente de tan notable desbarajuste, desconfía del entrenador que fichó hace unos meses para tres años. A todo esto, el madridismo reparte culpas entre unos y otros con especial énfasis sobre los jugadores.

El presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, en la asamblea general ordinaria del club en Madrid.

El presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, en la asamblea general ordinaria del club en Madrid. / RODRIGO JIMÉNEZ / EFE

Ante ese desconcertante panorama, el abanico de posibles soluciones se extrema. Unos abogan por vender a Vinicius, pensando que fue el virus desencadénate de tan nefasta pandemia. Otros, por darle mando a Xabi y que pueda desarrollar sus ideas, caiga quien caiga. También hay quienes exigen despedir al técnico, clamando que el Real Madrid le ha venido grande. Finalmente, los menos, donde milito, opinamos que lo más sensato sería mirarse unos a otros a los ojos, en una especie de catarsis grupal, para hacer borrón y cuenta nueva e iniciar el 2026 poniendo las cosas en su sitio.

Es decir, el presidente a presidir institucionalmente, y solo a eso, dándole toda la confianza del club al técnico. Este, a dirigir la plantilla y el juego como mejor crea, sin tener que mirar de reojo al palco porque siente permanentemente el vaho del jefe en la nuca. Y los futbolistas, como profesionales que son, a dejarse la piel en el campo, corriendo y jugando a tope como deportistas que también son, siguiendo las instrucciones del entrenador que los dirige. Pero esto es solo una utopía bien intencionada que difícilmente puede llevarse a cabo. Vayamos por partes.

Empezando por abajo, hay jugadores como Vinicius y Valverde, con Bellingham en menor medida, con personalidades tan agudas que difícilmente se dejarían barajar por nadie. Máxime, si tienen interiorizado el apoyo incondicional del presidente, como es el caso del brasileño, o el de los aficionados merengues en los supuestos del uruguayo y del inglés.

Xabi, a su vez, ha hecho en estos tres meses un curso acelerado de madridismo florentinista, y ha decidido, erróneamente creo, que debe contentar a unos y otros incluso a costa de traicionar sus postulados futbolísticos. De ahí, el consejo metafórico de Guardiola de que meara con la suya o el del propio Marcelino García Toral, con silencios muy expresivos ante preguntas que él mismo se hacía a requerimiento de algunos periodistas. El buen técnico del Villarreal, experto en manejar situaciones límite, venía a evidenciar que sin el apoyo total del club ningún entrenador puede salir airoso de nada.

Y esto nos conduce al desenlace más probable de tan enrevesado enredo. Florentino Pérez ha tenido hasta tres ocasiones pintiparadas para otorgarle a Xabi Alonso en público su apoyo explícito y no lo ha hecho. Lo que nos lleva a creer lo que se filtra de sus conversaciones privadas con íntimos, donde sí es dicharachero. Está arrepentido del fichaje del tolosarra y espera el momento de cargárselo sin afrentar a los parroquianos del Bernabéu, quienes, hasta el momento, no han censurado al técnico madridista. Y ese momento será si fracasa en la Supercopa española de Arabia.

O, lo que es lo mismo, si Atlético o Barça evidencian lo que algunos creemos: que Xabi maneja una plantilla huérfana de dirección de juego, en la que conviven estrellas indiscutibles como Courtois y Mbappé con jugadores notables, entre quienes ya empieza a notarse la desconfianza —casos Huijsen, Valverde y Carreras— y alguna bomba lapa en los bajos del equipo en forma de internacionales brasileños. Situaciones distintas son las de Tchouaméni, que sería un buen central sin llegar a la calidad de Hierro, por ejemplo, porque no le llega para organizar el juego del equipo; o Güler, que puede ser un buen proyecto de brújula, pero que aún le faltan años, físico y continuidad para serlo.

¿Y Zubimendi dónde está? Buena cuestión para don Florentino. Podría preguntarle a Luis de la Fuente o a Arteta, porque a Xabi no le hizo caso.

Mientras, la desconfianza carcome al Madrid.

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