Las aficiones del derbi
El FC Cartagena-Real Murcia, desde ambos lados de la grada
El derbi vuelve tras seis años de espera y lo hace cargado de sentimiento. Alejandro Rosso, joven voz del cartagenerismo, y Alberto Lozano, símbolo del murcianismo, representan dos formas de vivir el fútbol que se cruzan en un duelo donde la identidad territorial y la pasión por sus colores lo definen todo.

Alberto Lozano y Alejando Rosso. / Juan Carlos Caval e Iván Urquizar
El derbi entre FC Cartagena y Real Murcia regresa seis años después y lo hace con dos generaciones de aficionados como símbolo de lo que significa este partido a ambos lados del Puerto de la Cadena. Alejandro Rosso (Cartagena, 19 de septiembre de 2003), y Alberto Lozano (Molina de Segura, 31 de agosto de 1988) representan dos formas de vivir el fútbol separadas por colores, pero unidas por la fidelidad a sus clubes.
Rosso es parte de esa juventud que ha visto crecer al FC Cartagena. Recuerda sus primeros días en los estadios casi como estampas familiares: «Uno de mis primeros recuerdos que tengo es un triangular entre el Real Murcia, el Cartagena y el Lorca», evoca sobre un torneo que lo marcó de niño. Entre sus primeras imágenes también están el inolvidable 5-0 a Las Palmas, partidos que cimentaron su identidad albinegra. Empezó a ir al estadio gracias a los abonos de su familia: «Siempre iba con mi padre y mi abuelo, yo usaba su abono en vez de abonarme yo», dice sobre aquellos años en los que, entre 2009 y 2010, su ritual futbolero echó a andar. Desde entonces, no falla.
«El equipo está fuerte en casa. Veo un partido con goles, apuesto por un 3-2 para el Cartagena»
A pocos kilómetros, pero en un relato que arranca una década antes, Alberto Lozano forjaba su murcianismo desde Molina de Segura. «Desde bien crío siempre he ido a La Condomina», recuerda. Aunque lleva 21 años de abonado, sus visitas al estadio empezaron antes: acompañaba a su abuelo incluso cuando este se resistía a abonarse «por el frío», lo que a veces los llevaba a entrar sin carné pero con el mismo entusiasmo. Aquellas tardes de mediados de los 90, cuando aún era un niño, lo convirtieron en un romántico del fútbol: «Lo veo como un sentimiento de identidad, de pertenencia, de reflejo de tu comunidad».
Ambos han hecho de los derbis parte fundamental de su memoria. Rosso señala el 3-2 en el Cartagonova como su recuerdo más nítido: «Fue uno de los que más celebré». También conserva imágenes de duelos en la Nueva Condomina, aunque admite que allí no ha visto victorias cartageneras. Alberto Lozano, en cambio, sí vivió triunfos murcianistas lejos de casa: «El 1-2 de la 2011-12 y el 1-3 del año de Vicente Mir, mis favoritos», apunta sin dudar. Son choques diferentes: «Los partidos de fuera tienen otro sabor, mucho mejor que los de casa».
«El Real Murcia se siente cómodo en cualquier rol del partido. Mi resultado es un 1-2»
El Real Murcia tuvo un detalle con Alberto Lozano el pasado mes de mayo en el que el club le regaló la entrada para Tarragona por haber ido a todos los partidos del pasado curso. Fue uno de los momentos más especiales que ha vivido. «Muy inesperado. Me dijeron ‘sube a Nueva Condomina’ y no sabía a qué. Estoy muy agradecido», explica. Pero lo que más le marcó fue la reacción del murcianismo: «Me sobrecogió la reacción tan unánime. Yo siempre digo que soy uno más; no le doy mérito a ir a todos los viajes», reconoce.
El presente de ambos clubes también marca sus discursos. Rosso ve al Cartagena fuerte en su feudo: «En casa se deja el alma, da gusto verlo». Cree que el equipo está construyendo «una buena base» tras el descenso, aunque admite que «fuera de casa está el punto débil». Sobre el reciente traspaso de poderes, Rosso habla con una sinceridad compartida por la mayoría de la afición albinegra. «La sensación es de alivio», confiesa. «Venimos de muchos meses de incertidumbre, incluso planteándonos que el club pudiera llegar a desaparecer al estar Felipe Moreno presuntamente vinculado a dos clubes». El joven aficionado lamenta, además, la falta de presencia institucional: «Me parecía lamentable tantos meses sin que nadie pisara el palco. Han dejado el club prácticamente en manos de la afición». Por eso, la entrada de Arribas le transmite confianza: «Otra persona está dispuesta a invertir y a dar la cara por el club».
Lozano, por su parte, destaca el crecimiento de la marea grana: “Los 5.000 de siempre ahora son 10.000 fijos». Para él, lo más impactante es la fidelidad de los jóvenes que nunca han visto al Murcia en el fútbol profesional: «Solo han tragado barro y decepciones, y aun así son del Murcia. Eso es la mayor lealtad posible».
Ambos coinciden en que el derbi será igualado. «Murcia viene como una moto, pero jugamos en casa», dice Rosso. Lozano matiza: «Puede pasar cualquier cosa. El Murcia se siente cómodo en cualquier rol». Y, como marca la tradición, cada uno se guarda un resultado final: Rosso apuesta por un 3-2 para el Cartagena; Lozano sentencia con un 1-2.
Dos voces, dos colores, una misma pasión: el fútbol como legado y como identidad.
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