Pasando la cadena
De enanos y gigantes
Como señala la piscomorfología respecto a las cuatro tipologías básicas de las personas: pícnico, atlético, asténico y amorfo, nadie representa en su totalidad a una de ellas

José Luis Ortín. | L. O. / l.o.
José Luis Ortín
Como señala la piscomorfología respecto a las cuatro tipologías básicas de las personas: pícnico, atlético, asténico y amorfo, nadie representa en su totalidad a una de ellas. Es decir, ninguno somos puramente de alguno de esos tipos. Ocurre igual con los diferentes papeles que desarrollamos a lo largo de la vida. Siendo los mismos, en cada etapa e incluso en circunstancias cambiantes adoptamos un rol u otro según convenga.
A eso juegan ahora Florentino Pérez y Joan Laporta, tirándose hipócritas pedradas a distancia porque les viene bien circunstancialmente, mientras Miguel Ángel Gil sigue siendo el empresario de siempre, como demuestra su beneficiosa venta del Atlético a un fondo americano; nunca fingió.
Y no hay nada malo en ello, sino en los extremismos que pueden adoptar bajo su liderazgo sus respectivos parroquianos: los merengues y culés que no cobran y solo les mueve su afición. Porque que les sigan ciega e interesadamente sus sacristanes con sueldo y mamandurrias varias es obligado.
Pérez debería congratularse de su buena gestión económica e institucional en el Madrid desde hace años, fundamentalmente en su segunda etapa, cuando volvió aprendido de sus flagrantes errores deportivos en la primera época, la de los galácticos; y no entrar a matar a su máximo oponente, el Barça, por simple oportunismo o por el ataque de cuernos que le produce el acercamiento de Laporta a Ceferín y a la UEFA en detrimento de su abortada Superliga.
Y Laporta debería explicar de una puñetera vez por qué triplicó la mordida a Negreira en cuanto llegó al cargo en su primera etapa. ¿Es que los informes que según él hacía el número dos de los árbitros al club mejoraron tan notablemente? ¿Esos mismos informes fantasmas que no llegaron a conocer sus entrenadores del primer equipo? Hay que tener la cara muy dura, por no decir otra cosa, para envolverse en la bandera culé en cuanto le mientan la bicha de esa desvergüenza.
Florentino puede presumir de club, ahí están sus cuentas, su estabilidad institucional y el flamante estadio; y Laporta de Masía, ahí están los ocho canteranos que alineó Flik contra el Alavés el sábado. Pérez puede presumir de haber fichado a muy buen precio al mejor jugador del mundo, Mbappé, y Laporta de ser el mejor presidente barcelonista de la historia, según certifican los resultados deportivos del Barça bajo su mando en sus dos etapas.
Y ambos deberían explicar por qué hasta hace poco iban de la mano y ahora se tiran a matar con la de verdad. Aunque esto lo tenemos bastante claro. Para pasmo de sus incondicionales, vivían un noviazgo de conveniencia por simple interés. Florentino porque Laporta era el único aliado que le quedaba frente a Liga y UEFA, y Laporta para que su rival le ayudara con las sucesivas palancas económicas que ha ido necesitando para reflotar las ruinosas cuentas blaugranas.
El giro de Laporta lo anticipamos aquí hace más de año, asegurando que ante la amenaza de que la Justicia española condenara finalmente al Barça por el asunto Negreira y la UEFA le aplicara sus estatutos y lo sancionara en las competiciones europeas, el presidente culé buscaría como fuera un acercamiento a Ceferín, aun a costa de traicionar a Florentino.
Ahora, además, se le unen las próximas elecciones presidenciales con dos candidatos que le pueden dar guerra y eso ayuda a que extreme sus ataques al Real Madrid. Lo que argumenta Font sobre la situación real del Barça no son naderías. Y Vilajoana le ha cuestionado hasta de qué vive.
Y Florentino, solo frente a todos en su peligrosa y ensoberbecida senda personal y ante las dudas que su proyecto deportivo de futuro suscita, con carencias evidentes y Xabi Alonso en entredicho— creo que injustamente—, necesita buscar enemigos más allá de sus rivales en los estadios españoles y europeos. También escribimos aquí hace semanas que para la liga puede darle, pero que en Europa —se confirmará o no en primavera— tiene a varios equipos por encima a pesar de los milagros goleadores de Mbappé.
Del delantero francés también puede presumir el mandamás blanco, por lo que pueda emular al Di Stéfano de Bernabéu, porque Cristiano fue fichaje de Ramón Calderón y él lo heredó a regañadientes.
En fin, enanos y gigantes según toque. Aunque, como decía Fernando Martínez Serrano, apreciado presidente en CajaMurcia, dos o tres enanos juntos ni uno encima de otro harán nunca un gigante.
Y gigantes deberían ser representando a tan grandísimas instituciones. n
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