Baloncesto
El UCAM Murcia, con un cuerpo técnico de la casa cargado de juventud
Lucas Pérez, Dimitris Tsesmetzis y Antonio Navarro, que es el benjamín de la ACB con solo 18 años, tienen en común que han ido subiendo peldaños desde la cantera hasta llegar al primer equipo

Dimitris Tsesmetzis, Lucas Pérez y Antonio Navarro, en el Palacio de los Deportes. | JUAN CARLOS CAVAL / Juan Carlos Caval
Lucas Pérez es de Cartagena y tiene 33 años. Dimitris Tsesmetzis, nacido en Salónica (Grecia), 32. Y Antonio Lozano Muñoz, de Murcia, 18. Ellos son los ayudantes de Sito Alonso en el UCAM Murcia CB. Y los tres se han formado en la cantera del club. Pérez, Tsesmetzis y Lozano conforman el cuerpo técnico más joven de la ACB. Son los escuderos del preparador madrileño en el tercer clasificado de la competición tras ocho jornadas de liga. No están en el foco mediático ni tienen que salir a dar una rueda de prensa tras cada partido. Su trabajo es invisible, desconocido para el gran público, pero imprescindible tanto en el día a día como en los partidos. A los tres les cuesta dormir después de una derrota, porque aunque no sean la cabeza visible en el banquillo, su responsabilidad es alta, mucho más de lo imaginado. Además, durante la ausencia de Sito por las Ventanas FIBA, son los responsables de dirigir los entrenamientos.

Lucas Pérez / Juan Carlos Caval
De Salesianos a ACB

Dimitris Tsesmetzis / Juan Carlos Caval
Lucas Pérez se crió en Salesianos Cartagena, en el barrio de Los Dolores. Allí fue jugador, «malo, pero de lo mejorcito de mi equipo, que tampoco era muy difícil porque en aquella época el nivel era bajo, aunque estábamos los quintos o sextos de la Región, que para lo que era Salesianos era muy bueno», recuerda. Pero muy pronto se sentó en un banquillo. Con 13 años se convirtió en ayudante del equipo benjamín y a los 14 ya llevaba conjuntos de la escuela y un minibásket federado.

Antonio Lozano / Juan Carlos Caval
Años después llegó a la cantera del UCAM Murcia. Y estaba de profesor en un instituto cuando recibió una llamada de Juan Antonio Martínez, director de cantera, para ofrecerle un puesto en el primer equipo. La decisión era difícil: cambiar un empleo estable por uno que en muchas ocasiones es una ruleta rusa: «Cada uno coge su camino y tiene sus preferencias en la vida. El mío siempre ha sido intentar hacer esto. Es verdad que hay cosas que te vienen llegando y que no las fuerzas, son procesos. Me he labrado mi camino, he trabajado para ello, no me han regalado nada. Al final siempre he tenido claro qué quiero ser y no sabes cuántas veces va a pasar ese tren por tu puerta, cuántas oportunidades te van a dar, y más en tu Región, en tu casa», relata. Y desde entonces ya han pasado siete años -el que más tiempo lleva con Sito Alonso- «viviendo una experiencia inigualable, o por lo menos que yo nunca soñé», explica.
Lucas solo ha conocido a Sito como primer entrenador en la etapa de mayor estabilidad del club en el banquillo en sus cuarenta años de historia. «He tenido la suerte de estar solo con él, de aprender porque es un entrenador que cada año innova, que tras el verano viene con nuevas ideas y es un aprendizaje constante. Hay otra gente que diría que llevo siete años con la misma persona, que no conozco a otros, pero en este club cada temporada es una aventura. Por ello no puedo decir que me he estancado o que no estoy aprendiendo, al contrario, cada día es un aprendizaje nuevo», explica.
El segundo entrenador, como es el caso de Lucas Pérez, tiene un rol de estar más en contacto con los jugadores. «Aunque Sito es un entrenador muy cercano, lo que ahora los americanos llaman el player’s coach, nosotros también tenemos un papel de intermediarios en muchas preocupaciones que a lo mejor los jugadores no quieren hacerle llegar al primer entrenador o a otros estamentos del club. Tenemos esa relación de confianza con ellos para intentar ayudarles y asesorarles», dice un técnico que tiene muy claro que «convivimos con personas que tienen formas diferentes de comportarse. Todo eso hace que cada año, incluso cada día, sea una aventura diferente. Por ejemplo, no es el mismo trato el que tenemos con Mike Forrest que con David DeJulius. Al final no dejan de ser personas con las que trabajamos, como me ocurría cuando era profesor en el instituto».
¿Y tiene presión un ayudante? Esa pregunta, que ronda muchas veces la cabeza de los aficionados, tiene una respuesta clara: «Hay presión y autopresión. Si el club no nos presionase, no sería profesional y no estarían ni Alejandro Gómez ni Sito a la cabeza del proyecto. Son dos personas que quieren conseguir todos los objetivos posibles. Pero nosotros nos autopresionamos porque queremos lo mejor para el equipo. Tenemos nuestros propios objetivos, cómo queremos ayudar a un jugador en concreto, cómo queremos que salga una faceta, en este caso de Dimitris, de la defensa, y en mi caso del ataque», explica.
Ese trabajo invisible que realizan los ayudantes también se traduce en menos horas de sueño. Porque los partidos hay que analizarlos nada más acabar: «Cuando todo el mundo se va a descansar, los fisioterapeutas o el preparador físico se quedan tratando con los jugadores, y nosotros nos, haciendo el postpartido, analizando qué ha pasado porque tenemos otro encuentro enseguida», explica, para añadir sobre su rol que «el trabajo que hay antes y después es mucho. Hay mucha gente implicada diariamente. Eso no es solo venir a entrenar dos horas y los 40 minutos de los partidos. Es mucho más».
Aunque se siente cómodo en su posiciones actual, su ambición va más allá: «Por supuesto que quiero ser primer entrenador en el futuro. Hay otros entrenadores ayudantes que se acomodan, pero todos tenemos ese interés por ver qué podría pasar si lleváramos el equipo. Tenemos una opinión muy cercana a Sito por los años que llevamos trabajando con él, pero aún así diferimos en algunas cosas y eso es lo que nos da riqueza también para proponerle otras cosas que salgan de sus esquemas en ocasiones. Y cuando eso sucede siempre me pregunto de qué forma lo haría yo siendo primer entrenador. Mientras que se mantenga eso dentro de tu espíritu, tienes esa ambición por llegar a ser primero», termina diciendo.
De la universidad al banquillo
Dimitris Tsesmetzis llegó a Murcia en 2018 para hacer un Master en la UCAM. En Grecia jugaba al baloncesto -«no era mal jugador, pero considero que soy mejor entrenador», dice-, y cuando llegó a la ciudad no tardó en integrarse en la cantera a la vez que hacía las prácticas de sus estudios en una empresa de Valencia. Fue escalando categorías hasta que se convirtió en entrenador del filial de EBA. Y ya el curso pasado estuvo echando una mano en el primer equipo, al que se ha incorporado de lleno esta campaña tras la marcha de Blagota Sekulic. «Me encanta este trabajo porque es dinámico, no es de oficina, tienes que viajar mucho y conoces mucha gente. Además, soy un obsesionado del baloncesto», explica.
Como cualquier otro joven que se dedica al baloncesto, su reto es llegar a ser en el futuro a ser primer entrenador al máximo nivel: «Hay gente que sí tiene esa ambición de llegar arriba, y otra que está contenta con un rol de ayudante. Personalmente yo tengo esa ambición de ser primer entrenador, pero me falta mucho para ello. Estoy aprendiendo un montón con el staff, con Sito, obviamente, y quiero llegar. Pero me falta para ese objetivo», relata, para añadir sobre la presión que conlleva su actual cargo que «todos la tenemos y la sentimos. De hecho, en este cargo duermes menos. Cuando yo jugaba dormía bien cuando perdía, pero ahora no».
Un benjamín de 18 años
Antonio Navarro llegó al club con 7 años, con 15 se convirtió en ayudante de Nino Solana, actual técnico del U22, y el verano pasado recibió una llamada que no esperaba: «Juan Antonio Martínez me dijo que el primer equipo estaba buscando un ayudante de la cantera que fuera murciano. No dudé ni un momento en aceptar y al día siguiente estaba ya con el equipo», dice un estudiante de Traducción e Interpretación que se encarga un poco de todo, «de lo que me van mandando Lucas, Dimitris e incluso Sito, pero mi principal función ahora mismo es aprender y aportar lo que yo puedo», explica.
Compaginar estudios y baloncesto no es fácil, «pero es algo que llevo haciendo bastantes años y mis padres lo entienden porque son conscientes de que soy muy responsable», comenta, aunque esa doble faceta le obliga a renunciar a muchas cosas, aunque tiene claro que «cualquier entrenador joven se pondría en mi lugar, y si hay que dejar otras cosas de lado típicas de mi edad, lo hago sin ningún problema por vivir esta experiencia». Y aunque reconoce que también le queda algo de tiempo para salir con los amigos, solo lo hace «cuando ganamos. Cuando se pierde, no. Cuando se pierde, tranquilidad».
El ataque, su principal misión
Lucas Pérez está especializado en el ataque. Aportar ideas a Sito Alonso en una de las muchas funciones que desarrolla en el día a día del equipo.
Con la defensa en su cabeza
Dimitris Tsesmetzis tiene un papel importante en la defensa del equipo. Analizar todas las variantes es su principal trabajo, así como estudiar la de los rivales antes de los partidos.
Scouting y un podo de todo
Grabar los entrenamientos, hacer scouting de los rivales y todo lo que le pidan tanto los dos ayudantes como el primer entrenador. Esas son las funciones básicas de un chico muy maduro de 18 años.
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