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Pasando la Cadena

Pocas bromas con el fútbol que viene

José Luis Ortín. | L. O.

José Luis Ortín. | L. O. / l.o.

José Luis Ortín

La evolución es algo humano y universal. Nada que importe al hombre es estático, salvo las virtudes a las que debemos aspirar. E incluso estas deben adaptarse a las circunstancias de cada nuevo tiempo. Tiempos cambiantes aceleradamente en nuestra realidad del siglo XXI.

Pocas bromas con el fútbol que viene

Pocas bromas con el fútbol que viene

Y el fútbol tampoco es ajeno a ese tic tac que anuncia lo nuevo al tiempo que proclama la antigüedad irreversible del pasado. El paso del tiempo es inexorable también para los clubes y deben adaptarse a lo que viene.

Hace años que vemos en España lo que ya sucedía en la liga inglesa, pionera en llegar al tiempo de las sociedades deportivas y ahora controladas por grupos de inversión multinacionales. Por eso, lo que anticipa el Real Madrid para evitarlo es revolucionario. Que el club siga siendo mayoritariamente de sus socios, esa loable reliquia del pasado, es bueno, novedoso y relevante.

Lo complicado será la forma en que llevará a cabo el Real Madrid la transformación en algo que ni siquiera dentro del club tienen claras sus repercusiones.

Pero al margen de la propiedad, la propia competición también sufrirá el paso inevitable del tiempo. Lo de las ligas nacionales empieza a ser tan romántico como anticuado. Santiago Bernabéu fue pionero promoviendo la inicial Copa de Europa, mediado el siglo XX, aunque sin pretender controlarla. Y Florentino Pérez ha querido emularlo con una Superliga europea bajo su ala y la de los poderosos continentales, pero la brillantez de tal iniciativa no es pareja a su forma de organización. De ahí los diferentes cambios experimentados por una idea interesante, aun mal concebida en su reglamento. Lo de una asociación de clubes ricos que participaban por invitación nació sin vida. Y sus sucesivas adecuaciones a los problemas que suscitaban son otros tantos abortos. El tema va mucho más allá, como la propia FIFA demostró con su Mundial de clubes.

El fútbol que viene son unas ligas continentales confluyentes en un torneo final organizado por la FIFA para decidir el campeón del mundo. Y en Europa, esa liga la organizará la UEFA, le pese lo que le pese a Florentino Pérez, que siempre podrá decir, no obstante, que tuvo la idea embrionaria de lo que un día será la Liga Mundial de Fútbol, aunque distará mucho de lo que él diseñó. Será una competición liguera como las que ahora conocemos en cada país, con ascensos y descensos en función de los resultados de cada club. Y ahí no habrá distingos por sus capacidades económicas porque todos, salvo excepciones como las que pretende el Real Madrid con su nueva forma institucional o societaria, estarán en manos de fondos de inversión, fondos soberanos o de las personas físicas o jurídicas más ricas del planeta.

Primera división europea, americana, asiática, africana, etc., con sus respectivos segundos y terceros niveles, organizadas por cada federación continental, al margen de las ligas nacionales que también continuarán subsistiendo bajo el amparo de las distintas federaciones, aunque con notable menor nivel económico que las anteriores. Y el colofón, con la FIFA al mando, será la liguilla final de cada año para entronizar al club campeón del mundo entre los primeros clasificados de cada continente.

Otra cosa será el modo de asistir a los partidos. En este asunto, el Real Madrid también ha presentado un novedoso sistema de ver el fútbol a través de gafas virtuales. Por ahí irá también el futuro.

¿Y saben qué forzará todo eso? El mariscal dinero, amigos, porque tanto la tarta publicitaria a repartir como la de los ingresos por ver los partidos son cada vez más codiciadas por la mayor cantidad de antiguos o nuevos clubes relevantes del mundo. Ahí tenemos el fútbol árabe como ejemplo. Cada año, más y mejores futbolistas y técnicos se incorporan a sus equipos.

¿Y saben quién y quiénes no van a borrarse de tan goloso reparto? Pues las diferentes organizaciones federativas que gobiernan el fútbol, con la FIFA a la cabeza. Quedará por resolver qué harán las distintas asociaciones de clubes, como en España la Liga. Reclamarán participar, sin duda, pero aquellas nunca dejarán que los clubes poderosos les quiten el gobierno, como pretende Florentino Pérez con el Real Madrid a la cabeza.

Otra cosa será el papel que jugarán en este tablero monetario los campeonatos continentales y el Mundial de selecciones. Seguirán existiendo, claro, pero de la mano de sus federaciones.

Con esto del fútbol que viene y su dinero -su colesterol-, pocas bromas. n

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