El deporte, en primera persona
Víctor Dus: "El problema en el fútbol no está en la altura, está en la base"
Mi Juanito me jubila es el primer libro de Víctor Miguel Dus Muñoz (Badalona, 17 de abril de 1984), entrenador afincado en Lorca, una publicación dedicada a transmitir valores y a hacer ver a los padres que deben dejar a sus hijos jugar sin presión

Víctor Miguel Dus / L.O.
¿Cuándo entró el fútbol en tu vida?
Desde muy pequeño. Con cinco o seis años empecé a jugar en los Salesianos de Badalona y a partir de ahí fui creciendo como jugador y como deportista. También jugué en el Júpiter, que es uno de los históricos de Barcelona, y en el Martorell hasta que con 17 años se afincó mi familia en Lorca por temas de trabajo y jugué en el División de Honor juvenil de aquí. Después pasé por el Olímpico de Totana, el Lumbreras y el Cuevas de Almanzora, entre otros.
¿Y cuándo decidiste dejarlo?
Con 26 o 27 años, coincidiendo con la crisis futbolística, me planteé mi futuro profesional. No podía seguir sosteniendo esa situación, porque como todas las personas, queremos comprar nuestro piso, nuestro coche y tener nuestra familia, y empecé a trabajar y a sacarme las titulaciones de entrenador porque el fútbol es mi pasión y quería seguir ligado al mismo.
¿Empezaste a entrenar pronto?
Empecé en la escuela de fútbol base del Lorca y luego pasé al Lorca Féminas, que también fue una etapa muy bonita. Después me metí en el fútbol masculino y estuve entrenando al Bala Azul, Olímpico de Totana, Lorca CF y Bala Azul, y hasta la fecha, que estoy formando tándem con Juanmi García, el ex portero del Zaragoza, en la selección UEFA, y también estoy en la sub-14 regional con Sonia Piña e Inma Amor.
¿A qué te dedicas profesionalmente?
Trabajo en una cooperativa en el departamento de pedidos y administración. Soy padre de familia, tengo dos hijos, una niña de nueve años y un niño de cinco, y ese es mi sustento porque sabemos que es complicado vivir del fútbol. Y también conoces de sobra la inestabilidad de los banquillos. Siempre vivimos a expensas del resultado, y a veces el proceso y el buen hacer no está acorde con los resultados. Es una profesión complicada.
¿Dedicarte profesionalmente no te lo has planteado?
Por supuesto, es mi ilusión, pero siempre con los pies en el suelo. Me considero un entrenador joven, tengo 41 años, pero soy realista y sé que un entrenador siempre vive ahí, en el alambre. Y para muestra mi última experiencia, en el Bala Azul, que ascendimos a Tercera y a la cuarta jornada, tras un empate, me cesaron.
Pero bueno, como diría Umbral, estamos aquí para hablar de tu libro, Mi Juanito me jubila.
El subtítulo explica perfectamente el fondo del libro y es ‘el fútbol es una pasión/presión’, pero en la portada se tacha la palabra pasión.
¿Por qué te dio por escribir un libro?
Por lo que he vivido en mi vida. El libro llevaba mucho tiempo en el horno, unos 12 o 13 años sin exagerar. Empecé a escribir como un diario y conforme fue pasando el tiempo, tomó cuerpo hasta que un día se lo pasé en bruto a Manuel Morales, un escritor lorquino que me apadrinó y me aconsejó.
¿Y a partir de ahí, qué ocurrió?
Me puse en contacto con la editorial J3V, que lo vio con buenos ojos, y tiré para adelante con el proyecto. Además, en el Olímpico de Totana, con Bartolomé Molino, vicepresidente de la Federación Murciana del Fútbol y presidente del Comité Antiviolencia, me asomé un poco a ese mundo. Colaboré con alguna de las campañas que se hicieron y eso me hizo darme cuenta del problema que había realmente, que el problema no está en la altura, está en la base.
Es que hay algunos casos sangrantes.
Así es. Lo que vemos por la tele de Vinicius y todo eso pasa en el fútbol base muy a menudo, lamentablemente. Al final puedes ver lo de arriba como un negocio, pero que pase en el fútbol base con padres y madres, es la verdadera problemática. Con mi experiencia y con lo que he visto, lo metí en la batidora y salió el este libro.
¿Con qué objetivo?
Transmitir los valores que nos da el deporte, para que la gente no se centre solamente en que sus hijos sean como Cristiano o Messi, sino que sepan que el paso por el deporte puede dejar un poso de valores que luego lo vamos a utilizar para el resto de nuestras vidas. Al final, un futbolista termina con 35 o 40 años y el resto de su vida, ¿qué hace? Solo los muy buenos que han tenido contratazos y pueden vivir de las rentas, pero el resto tiene que buscarse una salida profesional. Creo que nosotros, como entrenadores, tenemos muchas herramientas para que la carrera de un futbolista no sea frustrada a pesar de que no llegue a la élite.
Los padres, un tema muy delicado.
Sí, cuando le hablé del libro a Bartolomé Molino, que es una persona que me ha influido mucho por toda su experiencia en el fútbol, lo vio con muy buenos ojos y lo incluyeron en la campaña del Comité, que para mí es una satisfacción enorme.
Y ese Juanito de esta novela, ¿qué situaciones vive?
De todo tipo. Hay varios capítulos que reflejan un poco lo que voy viendo. Él entiende jugar al fútbol para pasárselo bien, para compartir más momentos con sus amigos del colegio, que también van al mismo equipo. Pero vive peleas de padres, la presión de su padre y su tío, que son fanáticos, la típica escena del padre corriendo por la banda más que el niño... Pero el único afán de Juanito es pasárselo bien. Yo entiendo que haya niños que sean competitivos, pero tanto los competitivos como los que no, creo que tienen cabida en las escuelas. Y una escuela de fútbol, su nombre lo indica, es una escuela.
¿Y Juanito es competitivo o no?
Él va a pasárselo bien, sin ningún afán, pero su padre le mete demasiada presión. También hay un capítulo donde se toca el racismo, porque comparte muchos momentos con un compañero de su equipo de raza negra que se llama Buba. Y otro episodio se llama ‘la experiencia extranjera’, que es un intercambio donde vienen a su pueblo niños de Francia a jugar y tiene que acoger a uno en su casa para luego ir él allí.
¿Esto último es una experiencia propia?
Sí, cuando era pequeño viví eso en Barcelona y luego fuimos a Francia. Y todas esas experiencias no son posibles sino estás metido en el fútbol. Y también hay un capítulo que habla exclusivamente del entrenador, de su entrenador Matías, que deja muchas cosas de lado para poder ir a entrenar y sacrifica mucho tiempo para dedicárselo a los demás. Me parece ese tipo de entrenador solidario que tiene, seguramente, una pequeña recompensa económica y, sin embargo, tiene mucho valor porque deja su pareja y su familia para ir a entrenar a niños pequeños e influir en el futuro de ellos. Bueno, no sé si tú has tenido oportunidad de estar en el deporte, pero yo me acuerdo de todos mis entrenadores.
Yo me acuerdo de todos, como Sergio, Chema, Pedro, Weebel, el Buitre, el Pajarito...
Claro, seguro que todos lo hacían unas veces mejor y otras peor. La figura del entrenador también es muy influyente en el futuro de los niños y esas herramientas hay que saber o intentar utilizarlas bien.
Pero también hay entrenadores que exigen demasiado a los niños.
Es verdad que muchas veces los entrenadores, también con el afán siempre del resultado, se olvidan del proceso, que es lo verdaderamente importante en categoría pequeñas. Yo entiendo que en filiales de equipos grandes, como puede ser en la Región el Real Murcia, el Cartagena, el UCAM, el Lorca y alguno más, los resultados sean importantes, pero en el resto el fútbol debe ser lúdico. ¿Qué más da acabar 3-2 que 2-3?. ¿Qué recompensa económica hay o qué tan importante hay en juego? Pero los entrenadores muchas veces parece que se juegan la vida en esos partidos.
¿Y es muy diferente entrenar a un equipo de club que a una selección regional?
Mira, en la selección puedo elegir jugadores, algo que no pasa en un club de Tercera, por ejemplo, donde te tienes que ajustar a un presupuesto y no puedes fichar a los jugadores que tú quieres. Ahora sí que me siento un poco más privilegiado por poder estar en la selección y el hecho de poder elegir. Y a lo mejor eso le puede pasar a cuatro entrenadores de toda la Región, pero el resto tiene que trabajar con lo que hay.
¿Cuántos niños has visto tú que han abandonado el deporte por la presión de sus padres?
Muchísimos. Cuando son pequeños lo sostienen, pero pero cuando llegan a la adolescencia, donde las emociones ya están a flor de piel, es verdad que ya entran en otra fase. Entran en depresión y le dicen al padre que dejan de ir porque le presionan para que esté en el equipo A cuando sus amigos están en el B, por ejemplo. Pero en este caso quiero romper una lanza a favor de los clubes, porque están trabajando cada día mejor en estas situaciones.
¿Hablar con los padres vale para algo?
Hay que hacer reuniones y un trabajo con ellos, explicarles que hay equipos de rendimiento donde su hijo tiene que pasar por una serie de pautas, y otros que no son tan de rendimiento, más lúdicos, donde da igual el resultado. Pero esos equipos también suman y son importantes para trabajar todos estos valores. Al final, el libro es un libro de valores y es lo que estoy peleando por transmitir.
¿Y no le han dado ganas de escribir alguno más?
Pues sí, yo digo que soy un escritor accidental, pero me considero entrenador. Como decía Camacho, uno no es entrenador hasta que no lo cesan tres veces, y para ser escritor debe pasar un poco igual. Hasta que no escriba algo más no me puedo considerar escritor. Pero sí que es verdad que con las charlas que hemos dado en colegios, en ayuntamientos, nos hemos movido bastante. Juanito es pequeño, tiene siete años y entrará en la etapa de la adolescencia, y me gustaría seguir por ahí esta historia. Lo que no sé es cuándo porque he tardado mucho tiempo en decidirme a publicar el primero.
¿Ha tenido buena aceptación?
A la gente le ha gustado porque también el fútbol gusta. Cuando he ido a las ferias del libro a veces hemos vendido más y otras veces menos, pero a la gente le llama la atención la portada y el título. De hecho, creo que he vendido porque la portada y el título son una declaración de intenciones total. Ya habremos superado los dos mil libros vendidos y vamos a hacer una segunda edición. Mi sueño es llegar a alguna feria de libros importantes, sin duda, Sant Jordi, pero soy un autor novel, aunque sigo haciendo acciones, como mandarle un libro a Ibai Llanos, que agitó un poco el avispero porque el tío tiene muchos seguidores.
Todo eso gracias a tus contactos.
Claro, si no hubiera jugado al fútbol, no habría conocido tanta gente que conozco, alguna mala, pero la mayoría buena.
¿Entrenar a un equipo masculino a uno femenino es diferente?
Sí, son dos mundos distintos y muchas veces encasillamos fútbol femenino y masculino. Yo lo llamaría fútbol para empezar a abrir camino, pero bueno, está así puesto. Y yo hago una comparativa. El mejor entrenador de fútbol femenino que pueda haber en España, que pueda ser el del Barça, a lo mejor no entrenaría en Segunda RFEF o Tercera en masculino, no sé por qué. Yo creo que la sociedad todavía encasilla y hace esa diferenciación. A mí me gustaría que no fuera así para que el fútbol femenino tuviera mejores formadores y que los entrenadores quisieran entrar en fútbol femenino, porque yo empecé en el fútbol femenino y le debo mucho, pero es verdad que siempre estamos pues como encasillados. Pero veo el fútbol femenino una vía para llegar a ser profesional más rápido.
¿Y el trato con los jugadores y jugadoras?
El físico de las chicas es otro. Es verdad que gracias a cada vez gusta más el juego de posesión, no influye tanto la fuerza. Y ya ves los éxitos de las chicas con un juego combinativo que también puede llegar a enamorar al público. Además, yo me fijo también en las chicas árbitro, que lo hacen muy bien e imponen respeto.
Lo único que pasa es que en el fútbol, por desgracia, y en la sociedad en general, sigue existiendo mucho machismo.
Sin duda. Aunque digan que no, sigue existiendo machismo. Y cuando bajas de categoría, más comentarios machistas escuchas y eso es lamentable. Ya sabes, vete a fregar los platos y muchos más. La sociedad ha ido cambiando, la mujer se ha metido en el mundo laboral y tienen el mismo tiempo que tenemos nosotros y viceversa. En mi caso, mi pareja tiene menos tiempo que yo y nos repartimos la tareas.
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