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Pasando la cadena

De seda y oro

José Luis Ortín. | L. O.

José Luis Ortín. | L. O. / l.o.

José Luis Ortín

Es admirable cuando alguien explica de una forma sencilla cualquier actividad que normalmente parece complicado entenderla. Y mucho más si, además, esa gente es capaz de resolver cuestiones así en la práctica con idéntica sencillez. En tan privilegiado grupo están los buenos maestros de cualquier cosa. Ocurre como con la humildad, que suele hallarse en las personas realmente relevantes de la vida, sea cual sea su actividad o profesión.

De seda y oro

De seda y oro

En ese camino, Luis de la Fuente ha conseguido que la selección española de fútbol juegue tan sencillo como bien, ponga a quien ponga sobre el césped. Y eso es muy complicado en un deporte en el que influyen incontrolables tan diversos como la condición humana, los factores ambientales y competitivos y la suerte misma.

El sábado, contra Georgia, faltaba medio equipo de los jugadores llamados a ser titulares, entre ellos Rodri, Pedri y Lamine, como se evidenció en la pasada y extraordinaria Eurocopa, quienes en plenas facultades estarían entre los mejores del mundo en su puesto. Imaginemos que el Barça fuera igual de efectivo sin el canario, el hispano marroquí y el holandés De Jong o que el Madrid ganara igual sin Mbappé, Vinicius y Bellingham o el Atlético sin Julián Álvarez, Barrios y Jiménez. Complicado, ¿verdad? Pues el seleccionador riojano lo está haciendo sin un cuarto espada que puede comer en la mesa de los anteriores estando en plenitud, como es Nico Williams. Es decir, volvamos a pensar en nuestros tres grandes y restémosles a Fermín o Lewandowski, a Militao o Valverde y a Oblak o Giuliano. Pues eso es lo que está consiguiendo nuestro seleccionador. Ni más ni menos.

Pero ocurre que Luis de la Fuente está aflorando futbolistas que hace poco jugaban a un nivel menor, con más eficacia incluso que en sus clubes. Son los casos de Zubimendi, Merino y Oyarzabal. A quienes habría que sumar al sorprendente Porro y al emergente Baena. Por no hablar de los ahora indiscutibles Fabián y Cucurella, que antes de la pasada Eurocopa solo eran buenos jugadores de club.

Todo eso concluye en que España encabeza el ranking mundial de FIFA, superando el sábado con su holgado triunfo ante Georgia la mejor racha sin perder de nuestra mejor selección histórica, la de Vicente del Bosque, que consiguió estar veintinueve partidos seguidos sin perder y le valió para ganar brillantemente el Mundial de 2010 y la Eurocopa de 2012.

Aquella inolvidable selección, en la que coincidían bastantes de los mejores futbolistas del mundo en sus puestos: Busquets, Iniesta, Xavi, Ramos, Piqué, Casillas, Pujol, Xabi Alonso o Villa, circunstancia que ahora no concurre; entronizó el llamado ‘tiquitaca’ que ya venía luciendo el Barça de Guardiola y Messi y que de alguna forma empezó con Luis Aragonés y sus bajitos en la gloriosa Eurocopa de 2008. Sistema de juego que hizo fortuna hasta marcar la última gran revolución del futbol mundial, algunos de cuyos fundamentos siguen en vigor, como lo de sacar el balón combinando desde el portero.

Sin embargo, lo que propone Luis de la Fuente parte también del cruyffista ‘la mejor defensa es poseer el balón’, pero con bastante más verticalidad, presión alta y sencillez. Es algo diferente, sin habérsele bautizado aún con el marchamo de nada concreto, otorgándole el añadido de un fútbol de ataque divertido y seguro atrás. Hasta el punto de conseguir en los últimos cinco partidos clasificatorios para el próximo mundial diecinueve goles a favor por ninguno en contra. Y, como decíamos, da igual que juegue por la derecha Lamine que Ferrán, por la izquierda Baena en lugar de Nico o en la base Zubimendi por Rodri, o el ahora indiscutible Oyarzabal por Morata. Y qué decir del redescubierto goleador Merino o del extremeño y al principio dudoso Porro en el sitio del legendario Carvajal. Para conseguir todo eso hay tanta tela que cortar como mérito tienen Luis de la Fuente y su cuerpo técnico.

Hace dos años que nadie juega mejor que España y eso no es flor de un día, sino que viene desde cuando los nuestros batieron contra pronóstico a todas las grandes selecciones en la pasada Eurocopa, incluyendo a domicilio a la anfitriona Alemania.

Pero tan extraordinaria evidencia no significa que vayamos a ganar fácil el Mundial del próximo verano. Habrá que pelearlo a tope, como todo lo que merece la pena en la vida.

De momento, y con tan fundada ilusión, disfrutemos el fútbol de seda y oro que nos brindan nuestros internacionales. n

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