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Baloncesto

Álex Hernández: "Estoy preparado para mi retirada, pero no sé si será ya o dentro de un año"

El base murciano, que es el capitán del Leyma Coruña, se plantea su futuro después del descenso del rival que visita mañana el Palacio de los Deportes, con el que no podrá estar al verse obligado a pasar por el quirófano

Álex Hernández. | VÍCTOR ECHAVE/LA OPINIÓN A CORUÑA

Álex Hernández. | VÍCTOR ECHAVE/LA OPINIÓN A CORUÑA

Dioni García

Dioni García

Alejandro Hernández Máiquez (Murcia, 12 de febrero de 1990) es el capitán del Leyma Coruña, una ciudad a la que llegó en 2021 tras la desaparición del Real Murcia Baloncesto. Este sábado iba a jugar en su tierra de nuevo, pero una lesión en una muñeca que parecía que no le iba a impedir terminar la temporada, ha provocado que tenga que pasar de inmediato por el quirófano, perdiéndose la oportunidad de regresar a su tierra. En esta entrevista para La Opinión habla sobre su posible retirada y el descenso del conjunto coruñés.

¿Cómo se explica que un equipo que ha ganado al Barça y el Madrid en La Coruña pierda la categoría?

Seguramente en momentos en concreto de la temporada no hemos estado todo lo afortunados que exige esta liga, que es muy dura. Tuvimos un inicio bueno, pero sobre todo a finales de diciembre empezamos a tener problemas de lesiones que nos trastocaron un poco en el día a día. Sufrimos varias derrotas que mermaron la confianza y entramos en una dinámica negativa. Hemos intentado agarrarnos a la liga, pero no ha podido ser.

Se os han escapado muchos partidos en los dos últimos minutos. ¿Problema de no saber cerrarlo?

Sobre todo en ese mes de enero tuvimos varios partidos que se nos escaparon donde hicimos méritos para llevárnoslos. De haber ganado alguno, habríamos revertido la dinámica y la situación. Pero tenemos que ser autocríticos y ojalá hubiéramos estado mejor.

¿En qué medida os han afectado las lesiones?

Bastante. Empezamos en diciembre con la baja de Lima en el gemelo que se ha prolongado mucho más de lo previsto, y después se unió la de Scrubb, que estuvo tres o cuatro semanas. Además, a finales de diciembre Figueroa se marchó. Hasta ese momento todo iba bien, pero nos vimos con pocos efectivos. El club intentó moverse, reforzó el equipo para el último trimestre, pero al mismo tiempo hemos vuelto a sufrir lesiones, como la de Lima, Heurtel o Thompkins, y eso, a nivel de grupo, nos ha afectado bastante. Precisamente el año pasado fue una de nuestras armas, porque el día a día fue muy bueno, nos mantuvimos alejados de lesiones. Por circunstancias, esta campaña no ha sido así, pero el esfuerzo de todos ha estado ahí.

Llama la atención que el club no decidiera en ningún momento cambiar de entrenador.

Yo creo que se ha valorado la labor de Epi, que es un trabajador, y ha demostrado en muchos sitios que es un fantástico profesional. El club ha tenido claro que él era la mejor opción para intentar salvar la categoría. Epi lo ha intentado todo, pero por desgracia no nos hemos salvado.

A nivel personal ha tenido que ser complicado para ti ser el capitán de la plantilla y quedarte muchas veces fuera de la convocatoria.

Te mentiría si dijese que no ha sido duro. Se ha juntado todo, que no he entrado mucho en rotación y las derrotas, pero no me ha cambiado mi día a día. He intentado prepararme lo máximo, entrenar, afrontar cada semana para llegar al partido bien, y a partir de ahí, respetar siempre lo que decía al entrenador, apoyar a mis compañeros y mirar hacia adelante.

De hecho, tu compañero Burjanadze, en una entrevista en La Opinión A Coruña, ha dicho que has sido un ejemplo de profesionalidad.

Al final también soy el capitán y es un rol que asumo con mucha responsabilidad y al que doy mucho valor. Siempre estoy ahí más allá de los problemas individuales, apoyando a mis compañeros. Tengo que ser autocrítico, ojalá lo hubiera hecho mejor y jugado más minutos, que es lo que queremos todos. Mis compañeros han tenido un peso más importante y lo asumo con profesionalidad.

Álex Hernández, en el partido del Leyma Coruña contra el MoraBanc Andorra

Álex Hernández, en el partido del Leyma Coruña contra el MoraBanc Andorra / ACB Photo

Pese a la racha de derrotas, nunca habéis perdido al apoyo del público. Fíjate que un recién ascendido como el Leyma ha tenido 8.000 abonados, y el subcampeón de la pasada liga, poco más de cinco mil.

Duele mucho por la afición porque ellos han estado a la altura, han apoyado desde el principio. Desde que llegué aquí he vivido esa evolución y por eso me siento tan integrado en este proyecto. Al principio venían a vernos 1.200 personas, pero poco después ya eran 2.000, y el año pasado llenamos Riazor con 4.500. Ver cómo la gente reaccionó tras el ascenso, la avalancha de solicitudes para hacerse abonada, es un orgullo. La nota más positiva de esta temporada ha sido el público, el ambiente que se ha vivido en los partidos, apoyándonos en los momentos más difíciles, y por eso se merecen que este club vuelta pronto a ACB.

Y después de esta temporada, ya con 35 años, ¿cómo te planteas el futuro inmediato?

Pues la verdad es que no lo tengo claro, es un pregunta que en estos momentos ronda mi cabeza. En los últimos años me he preparado para la retirada. Acabé la carrera de ADE y los cursos de entrenador, y estoy haciendo cosas de gestión deportiva, preparándome para cuando llegue el momento de la retirada, pero no sé cuándo va a ser, si será dentro de un año o ya. Cuando acabe la liga me sentaré con el club y tomaré una decisión. Aquí me han tratado fenomenal desde que llegué y lo primero que haré será escucharles.

Da la impresión de que en La Coruña te sientes como en casa pese a que el clima es muy diferente.

Mi mujer y yo nos hemos adaptado siempre bien a todo. El clima nos sorprendió porque no es tan malo como lo pintan. Lo único negativo es que estamos muy lejos de casa y que nos perdemos cosas importantes del día a día, pero aquí nos han tratado genial y nos sentimos queridos.

¿Te atrae empezar una carrera como entrenador?

Tiene cosas positivas y negativas, porque no hay que olvidar que soy un apasionado del baloncesto y estar alrededor de este deporte es algo que me encanta. A nivel familiar, la vida de un entrenador es muy complicada, pero llevo desde hace cinco o seis años preparándome. Me saqué los cursos y el pasado verano hice el superior. Si lo estoy haciendo es porque me atrae.

¿Tienes la espina de no haber jugado, excepto en tu etapa alevín, en el UCAM Murcia?

Bueno, pero jugué en el Real Murcia. Tuve la suerte de jugar ese año allí y fue muy especial para mí. Nunca se ha dado el caso de jugar en el UCAM y no es algo que me reproche a mí ni a nadie. El club está llevando una trayecto buenísima y celebro sus éxitos. Los sigo en todos los partidos, pero mi camino profesional ha dio por otro lado y siempre he jugado donde me han querido.

Al final no podrás jugar en Murcia por una lesión.

Mi idea era terminar la temporada y después operarme de una lesión en la muñeca. Tenía dolor por un golpe que sufrí en abril y seguí entrenando y jugando, pero tengo un ligamento roto y tengo que parar.

Desde la distancia, ¿cómo valoras la temporada del UCAM?

Siempre es complicado venir de un éxito increíble como el del año pasado, que todos lo disfrutamos muchísimo. Parecía que ahora tenían la obligación de acercarse a lo mismo, pero esta liga es muy complicada. La temporada del UCAM ha sido buena pero esta liga te castiga cualquier mal momento. Tiene una plantilla muy bien construida, sólida y física.

También habrás seguido al Jairis porque Ana Belén Molina, tu mujer, jugó en el club de Alcantarilla.

Por supuesto. Y también nos hemos alegrado porque seguimos todo el baloncesto regional. Ver al Jairis ganando la Copa de la Reina, y cómo lo hizo, fue muy grande, como también lo que está haciendo Cartagena y ha hecho Archena.

¿Y los niños, también juegan ya al baloncesto?

El mayor tiene siete años y está en la cantera del club. Va dos días a la semana, mientras que el pequeño, que tiene cuatro y nació aquí, está en los chupetas. Yo les digo que mamá jugaba mejor que yo. El mayor, de hecho, sí que vio algún partido de su madre en Mallorca.

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