Saltar al contenido principalSaltar al pie de página
Premios Laik Región de Murcia

Primera FEB

El Odilo Cartagena roza el triunfo ante Fuenlabrada

Los tiros libres aúpan al equipo madrileño, uno de los ogros de la Primera FEB, sobre unos albinegros que destilaron su mejor baloncesto

José Antonio Muñoz Devesa

Fue por una canasta, por una bandeja a la remanguillé de Jorgensen. Fue por los pelos, pero fue la caída contra uno de los mejores, contra el todopoderoso Flexicar Fuenlabrada (76-78). Aunque este Odilo es la casa de las mil caras y no hay quien lo descifre, a veces resultón y magnético, en ocasiones, filibustero y engaitador, equipo de muchos quilates, vigoroso antes los débiles, famélico, versión de garrafón ante los gigantes. Condición que los albinegros no mostraron frente al cuadro madrileño, equipo ex ACB, un club más acostumbra a jugar contra los dioses del baloncesto españoles que frente a los mediocres.

Consciente de que podía perder ante uno de los ogros de esta Primera FEB, pero no asumir una paliza como ocurriera en el partido de la primera vuelta que diera cierta vergüenza al aficionado cartagenero, el Odilo comenzó en combustión, con una defensa intensa, pero con un ataque desequilibrado y sin las transiciones vertiginosas condimentadas por la muñeca de Jordá y Gil, también por los centímetros de Ugochukwu. Delante había un rival de quilates con Weogbo -¡qué físico el suyo!- al frente, que aceptó el reto de jugar a Policías y Ladrones y elevó al Flexicar Fuenlabrada al terminó del primer cuarto (18-30).

Pero el cuadro de Juste, por un día, no era el equipo atribulado que pierde la voz y la palabra. Mérito también de la segunda unidad, de un Asier González que está de dulce y se está definiendo desde el extrarradio, también de un Gabi Gil que es más efectivo que plástico, diablo con la bola naranja entre las manos, show que le valió a la escuadra portuaria para recortar la ventaja visitante en el electrónico. Hasta situarla en sólo dos puntos al finalizar el segundo cuarto (42-44).

Volvieron los albinegros del vestuario con la muñeca caliente, triples de Gil, Blat y Rogers para darle la vuelta al marcador y abrir brecha de tres puntos. Espectáculo insuficiente, en cualquier caso, para poner en cloroformo al Fuenlabrada, de nuevo refugiado en Jorgensen -trece puntos de carrerilla-, el tirano del parqué, y también en el escurridizo y genial Mc Grew, que flotaba y encestaba, que era un martillo y un primor, Con 64-61 se alcanzó el desenlace con la incertidumbre en el marcador.

Un par de triples del escolta incrementaron la diferencia hasta los seis puntos (72-66). El entrenador visitante cargó con una técnica. Una decisión arbitral que permitió al conjunto fuenlabreño dar un estirón en el marcador y encarar los minutos finales con un punto arriba (72-73).

Al rescate, Nwogbo. El gigante tomó de la pechera a los albinegros para seguir en la pelea. Pero el mejor solista necesita de la orquesta y al Odilo le saltaron las costuras por atrás, incapaz de generar tiros liberados en los últimos segundos. El Flexicar Fuenlabrada defendía con la fiebre que inyecta Toni Ten y sumaba muchos más efectivos en ataque, entregado al tiro libre (tiró 33 veces desde la línea de personal y anotó 22). El cuadro local estaba desarbolado, víctima del mal juego incial, condenado por sus 9 pérdidas y solo nueve triples.

La certeza es que este Odilo es otro equipo cuando quiere. Eso reivindicó Asier González con su baloncesto; eso pidió Gabi Gil desde tres al tiempo que pedía el aliento de una marea albinegra entregada; y eso reclamó Ugochukwu con su entrega habitual. Pero el Flexicar Fuenlabrada pone la ley que dicta Jorgensen y que subraya Nwogbo, capaz de capturar cualquier rechace. Fue un triunfo madrileño sudado y, por una vez, una derrota cartagenera con la cabeza alta.

Tracking Pixel Contents