Wimbledon

Carlos Alcaraz funde a Humbert

El murciano, excelso de inicio y dubitativo cuando avanzó el choque, muestra sus dos caras (6-3; 6-4; 1-6 y 7-5) para meterse en cuartos

Carlos Alcaraz celebra uno de sus puntos tras varios juegos de desconexión. | ALBERTO PEZZALI/LAP

Carlos Alcaraz celebra uno de sus puntos tras varios juegos de desconexión. | ALBERTO PEZZALI/LAP

Daniel Gómez Alonso

Esto es Wimbledon y aquí, el peligro acecha y las trampas pueden aparecer cuando menos te lo esperas. Incluso si eres el vigente campeón y vas dos sets arriba tras realizar un inicio de partido excelso. Y si no que se lo digan a Carlos Alcaraz, que vio como lo que en un principio parecía una apacible tarde de domingo se tornaba, poco a poco, en un peli de miedo (con final feliz, eso sí) rodada en la pista central del All England Lawn Tennis y Croquet Club.

Con una buena dosis de suspense, el murciano avanzó este domingo hasta los cuartos de final (una ronda que ha alcanzado en sus últimas ocho presencias en Grand Slam) del grande londinense tras deshacerse de un combativo Ugo Humbert en un partido en el que volvió a mostrar sus dos caras. Sintiendo la pelota, yendo hacia adelante y agrandado en los dos primeros sets tras haber salido vivo el pasado viernes de la trampa ante Frances Tiafoe. Pero también sufriendo tras protagonizar una de sus habituales desconexiones en los dos siguientes parciales, el número tres selló su presencia en la segunda semana de Wimbledon, donde volverá a comparecer el mañana martes en busca de las semifinales.

Era uno de esos días, de los que ya van tantos en corta carrera, en los que el tenista que está enfrente solo le queda esperar sin perder la paciencia a que el nivel de Alcaraz baje. Si hace un par de días tocó sacar la versión fajadora y remangarse ante un Tiafoe que amenazó con dejarle fuera antes de acabar la primera semana, ante Humbert tocó la imparable durante un buen rato.

Agresivo, valiente, cuando Alcaraz tiene confianza el catálogo de golpes es infinitivo e inabarcable. Derechas en carrera, reveses a 140 kilómetros por hora por fuera de la red. Una exhibición que tuvo su punto álgido en un primer set perfecto, en el que aplicó una receta a la que ya se está acomtumbrando en este Wimbledon: romper en el tercer turno de saque del set de su rival y hacerse firme con un saque que ha dado un paso adelante en los últimos tiempos.

Un nivel, el mostrado durante un par de horas este domingo, al que el tenista murciano es, simplemente, insuperable. Ni la reacción de Humbert, que dispuso de varias bolas de rotura en el segundo parcial, una vez desembarazado de los nervios iniciales, le dio opción. En ese set, Alcaraz sacó su versión más sobria (solo cinco errores no forzados) y mordió a la primera que tuvo, que fue precisamente la de set. Y lo hizo con un punto que pareció más de un partido de tierra que de hierba, como es el caso.

Desconexión en el tercero

De goma, como si tuviera muelles en el trasero, rompió el saque del francés con un peloteo en el que cayó al suelo y se levantó y llegó a dos bolas imposibles. Pelear y correr en hierba también trae recompensas, al menos si eres un portento como Alcaraz. Ahí parecía llegar a su fin el partido, pero el francés, de 26 años y 16º del mundo, logró virar el partido cuando parecía estar decidido, aprovechando una de las famosas desconexiones de Alcaraz. Ni compareció el murciano en el tercero, en el que cedió su servicio hasta en tres ocasiones y protagonizó uno de esos altibajos tan propios de un partido en hierba. Y ahí empezó otro partido.

Uno en el que el murciano lo pasó realmente mal, hasta el punto de tener que capear el temporal de un Humbert crecido y sin nada que perder. «No sé que hacer», llegó a decir Alcaraz mientras disputaba un cuarto parcial igualadísimo, en el que ambos tenistas entraron de inicio en un carrusel de roturas (dos cada uno) y parecía encaminado hacia el tie-break.

Pero solo lo parecía, porque en el último saque del francés, Alcaraz tiró de experiencia, esa que le sobra a sus 21 años aunque suene contradictorio. Rompió, convirtiéndose en un frontón y dejando que el peso de la situación, poco habitual para su rival, se lo comiera. Si famosas son sus desconexiones, también lo son sus reacciones. Reencontró el camino justo a tiempo y selló su presencia en la segunda semana del grande londinense, en el que defiende corona.

A sus 21 años, el murciano comparecerá por novena vez en su carrera en cuartos de final de un Grand Slam, dejando atrás a Carlos Moyà y Manuel Orantes, e igualando a su entrenador Juan Carlos Ferrero, como el tercer español con más presencias entre los ocho mejores de un grande. Por delante solo quedan David Ferrer y, por supuesto, Rafa Nadal, con 47. Palabras mayores, aunque con su juventud y al ritmo que va cuesta creer que alcanzar al balear sea un imposible.