Real Murcia

El no modelo deportivo del Real Murcia, de mano en mano

Pese al fin del ‘samperismo’ en 2016, los murcianistas han ido agravando su condición de club triturador de proyectos

El cortoplacismo y la falta de éxitos han guillotinado a ocho directores deportivos y once técnicos en solo ocho temporadas

Asier Goiria, el último en aterrizar en un puesto que el Real Murcia ha convertido en una silla caliente.

Asier Goiria, el último en aterrizar en un puesto que el Real Murcia ha convertido en una silla caliente. / Israel Sánchez

Ángela Moreno

Ángela Moreno

Ya no se sienta Jesús Samper en el palco de Nueva Condomina. No lo hace desde 2015. Su fallecimiento en diciembre de ese año significó el comienzo de una nueva etapa. Una nueva etapa en la que el Real Murcia, por fin, asentaría las bases de un proyecto deportivo a largo plazo. Sin embargo, casi nueve años después, el modelo del Real Murcia es más inestable y cortoplacista que nunca.

Aunque durante muchos años se achacaban los fracasos a la falta de dinero; en esta temporada, con Felipe Moreno malgastando hasta cuatro millones de euros en la plantilla, se ha confirmado que la falla de los murcianistas, un equipo que acumula ya seis años sin pelear por ascender a Segunda y que incluso descendió a la cuarta categoría, va más allá de lo económico.

Porque el proyecto del Real Murcia en realidad es el no proyecto del Real Murcia. Solo hay que analizar datos. Desde que los granas iniciaran una nueva etapa sin Jesús Samper, nada ha cambiado por NC. Desde la temporada 2016-2017, la primera sin la gestión del madrileño, hasta hoy, son nueve los directores deportivos que han pasado por el club. El último en ocupar ese puesto es Asier Goiria, presentado hace solo unos días y cuya llegada ha provocado un hecho inédito. Para la campaña 24-25, los granas contarán con dos profesionales en el mismo cargo, y es que la llegada del vasco no ha traído consigo el despido de Javier Recio.

Moreno, más de lo mismo

Va Felipe Moreno por dos directores deportivos y por tres entrenadores, y eso que solo lleva un año y tres meses en el Real Murcia. Después de no renovar a Mario Simón, apostó por un Gustavo Munúa que el 8 de noviembre ya había sido guillotinado. En lugar del uruguayo llegó Pablo Alfaro, otro viejo conocido del cordobés, y, aunque ha aguantado contra viento y marea, ya no tiene posibilidades de seguir, de hecho todo parece indicar que llegará un técnico de la confianza de Goiria.

Si alguien pensaba que con Felipe Moreno iba a llegar la estabilidad deportiva se equivocaba. Pero a estas alturas ya nadie se sorprende de la condición de club triturador de proyectos del Real Murcia. Porque cada vez que la afición ha querido pensar que por fin llegaba el cambio, al final siempre ha ocurrido lo mismo. Ahí están los datos.

De Romo a Recio

A Fernández Romo lo mandaron a la hoguera casi antes de empezar. Firmado en verano de 2016, en diciembre de ese año, tras la llegada de Raúl Moro al consejo de administración, el madrileño era despedido. No necesitó el nuevo presidente fichar a nadie en su puesto. Solo puso a su amigo Deseado Flores, que además de la dirección general también asumió toda la responsabilidad de los fichajes.

El albaceteño aguantó el tiempo que a Moro le duró el dinero, porque en diciembre de 2017, tras el acuerdo para la llegada de Mauricio García, el mexicano apostaba por Pedro Gómez Carmona. Al vitoriano le duró la aventura en Murcia tres meses, porque en marzo, con De la Vega fuera, recibía la carta de despido. Entonces, de la mano de Víctor Gálvez, aterrizaba en la dirección deportiva Toni Hernández, quien se encargó de planificar la plantilla de la temporada 2018-2019.

Con Gálvez expulsado casi a patadas, el Real Murcia abrazaba a la PARMU con la esperanza, ahora sí, de iniciar la época buena. Pero sus buenas intenciones saltaron por los aires a las primeras de cambio. Después de elegir democráticamente a Julio Algar como director deportivo, Francisco Tornel, bajo la influencia d e Quique Pina, imponía a Pedro Cordero.

El cartagenero tuvo la misma suerte que sus antecesores. Aunque a él no tuvieron que despedirle, él simplemente dimitió al considerar que no le dejaban hacer su trabajo. En marzo de 2009 se llegaba a un acuerdo para la rescisión de contrato, llegando entonces Julio Algar, que cerraría la campaña como entrenador para luego coger los mandos de la secretaría técnica, poniendo sobre la mesa un proyecto basado en la cantera y los jugadores murcianos.

Aunque con Algar se paró la guillotina -dos temporadas completó el madrileño en Nueva Condomina-, el invento de la cantera y los jugadores murcianos duró lo que el club tardó en dar con sus huesos en Tercera División, entonces rebautizada como Segunda RFEF.

Olvidados ya los jugadores murcianos y de la cantera, el Real Murcia, con Agustín Ramos de presidente, inició otro proyecto distinto, en esta ocasión liderado por Manolo Molina, que construía una plantilla que acabó ascendiendo a Primera RFEF, pero que solo unas semanas después de ese éxito dimitía al considerar que el presidente se entrometía en su trabajo al querer firmar a Pedro León.

Se acabó aquel mercado como se pudo y ya, en la temporada 2023-2024, con Felipe Moreno como dueño se volvía al modelo de antaño, tirando de chequera y apostando por grandes fichajes. Para construir la plantilla se firmó a Javier Recio, pero no hizo falta ni llegar a diciembre para saber que la cabeza del madrileño estaba ya en el alambre. No va a salir, porque hay que pagarle 120.000 euros, pero va a quedar en el ostracismo tras la llegada de Goiria, que es el noveno director deportivo en ocho años.

Un banquillo caliente

Nueve directores deportivos y once entrenadores, que serán doce. Porque en esa misma etapa por el banquillo del Real Murcia han ido pasando Paco García, Vicente Mir, Manolo Sanlúcar, Salmerón, Manolo Herrero, Julio Algar, Adrián Hernández, Loreto, Mario Simón, Gustavo Munúa, Pablo Alfaro y el técnico que venga con Goiria.

Y eso sin contar los fichajes. Porque cada verano el Real Murcia hace una plantilla completamente nueva. Y cada invierno prácticamente la desmonta para montar otra distinta.

Firmar por firmar

Hasta 170 fichajes han pasado por Nueva Condomina en esos últimos años. Recio, por ejemplo, firmó hasta 30 futbolistas el pasado curso, para no llegar ni al play off. Pero la 2016-2017, después de la revolución de Deseado Flores en enero, no se quedó muy atrás. 25 jugadores fueron dados de alta con los granas. Misma cifra que un curso después, también con el albaceteño al frente. Verano que, siempre será recordado, por el despido de Isi Palazón, quien no valía para el Real Murcia pero que está más que consolidado en Primera División.

Y si a Flores no le valía Isi Palazón, un año después a Toni Hernández, que hizo otros 20 fichajes, no le servía Eladi Zorrilla, que acabó en el FC Cartagena. Y así temporada tras temporada para un Real Murcia sin proyecto y sin play off. Porque esa es otra, desde el 2018 no juegan los granas una fase de ascenso al fútbol profesional.