Con las fiestas navideñas asomando a la ventana, entramos en semanas de restricciones. Sabemos que cuando llegue enero, lo normal es haber comido y bebido más de la cuenta, por ello, mejor ir poco a poco. Porque después de la cena de la empresa, llegará el reencuentro con algún amigo que viene de fuera, y luego la ‘tarde buena’, que solo es el aperitivo de la Nochebuena, y luego la ‘tarde vieja’, que es la antesala de la Nochevieja y de los cotillones del Año Nuevo, y luego el 1 de enero, y luego la Noche de Reyes con su típico roscón; y para acabar el Día de Reyes... Son tantos los compromisos que si empiezas a dar el 100% el primer día, tendrás complicado llegar vivo al 7 de enero.

Pues algo parecido debieron pensar este domingo los jugadores del Real Murcia, que lograron una victoria ante el Alcoyano, pero con restricciones. Porque si los de Mario Simón hubieran estado un poco finos, hoy estaríamos hablando de goleada y de aspirar a lo que haga falta, pero entre el desacierto grana, la buena actuación del meta local Miguel Bañuz y la madera, hicieron que la tarde que apuntaba a festival acabase con 1-0 y casi pidiendo la hora.

Solo Dani Vega fue capaz de que el balón cruzase la línea de gol y posiblemente lo hizo en la oportunidad más difícil de todo el partido. Porque en realidad no fue ni una oportunidad, en realidad solo fue una invención del propio futbolista emeritense. Uno de esos balones que te encuentras en tierra de nadie y, de repente, se te pasa por la cabeza que disparas a puerta y, como si estuvieras en un capítulo de Oliver y Benji, el esférico se convierte en un meteorito que va dibujando su estela en el cielo a la vez que se cuela allí donde nadie pensaba.

Pues en esa acción casi imposible, en esa acción que Dani Vega se inventó ante su ex equipo, llegó el gol que parecía que nunca iba a llegar y que acabó dando la victoria al Real Murcia. Porque lo que Dani Vega hizo prácticamente desde el sofá de su casa no lo pudo repetir el conjunto de Mario Simón en acciones en las que solo había que afinar un poco la puntería y acertar.

Como una que, de forma inexplicable, erró Loren Burón tras un centro envuelto en papel de regalo por un Pedro León que hasta le puso el lazo con un control extraordinario. U otra, la primera del encuentro, en la que Galindo probó a un Bañuz que avisó de que no lo iba a poner fácil. Y es que el meta del Alcoyano, con familia en El Salao (Abanilla), debió sentir algo especial al jugar en Nueva Condomina.

No fue Galindo el único que probó la inspiración de Bañuz. Poco a poco casi todos los atacantes granas fueron cayendo arrodillados ante el jugador de 29 años. De no ser por él, Dani Vega podría haberse marchado a casa con un triplete y Pedro León podría haber seguido aumentando su ventaja como pichichi.

Pero con Bañuz inspirado unas veces y con los jugadores granas desacertados otras, lo mejor que pudo pasar es que apareciera Dani Vega para sacar las tizas de colores e inventar. Porque solo ese tanto subió al marcador en una primera parte en la que el Real Murcia, casi sin querer, pudo hacer todo lo que quiso con el Alcoyano. Porque los de Parras, con un partido decepcionante, se limitaron a encerrarse atrás, dejando todo el campo prácticamente para que los de Mario Simón moviesen el balón.

Esa falta de competencia benefició a los murcianistas, sin embargo, durante muchos minutos se demostró que hay limitaciones que no se pueden esconder. Y entre los principales defectos de los granas está la lentitud en el juego y la falta de ideas en el centro del campo. Eso convierte al Real Murcia en un equipo previsible y aburrido incluso en las tardes en las que arrinconan al rival en su área.

A la espera de que Agustín Ramos, experto en fibra, nos regale para Navidad un centrocampista que piense más rápido incluso que nuestros móviles con conexión ‘5G’, tendremos que seguir sumando cabreos con la monotonía que provoca Ganet, especialmente cuando no suelta el balón; las subidas a la nada de Alberto González o la cara de chupón que se le está poniendo a Loren Burón. Para cabreo, por cierto, el que se pilló Pedro León al ver cómo Arnau Solá, en esa jugada ya típica de los granas cuando se quedan sin ideas, cedía el balón a la defensa en vez de buscar alternativas en ataque.

Entre las carencias del Real Murcia y el gol que no llegaba pese a que esta vez sí se iban generando ocasiones, todos parecíamos condenados a vivir una segunda parte con el maldito 0-0 en el marcador. Lo evitaba Dani Vega, que no solo adelantaba a los suyos, también nos permitía ver la versión valiente de los granas incluso con ventaja en el electrónico.

Porque pese a que ya tenían lo que buscaban, en la reanudación, con el Alcoyano un poco más abierto, el Real Murcia pudo merendarse al rival en tres hachazos. Pero de nuevo debieron pensar los murcianistas que mejor guardar los goles teniendo en cuenta que en los próximos días se jugarán otros dos partidos.

Si Bañuz siguió amargando la tarde, la madera también le dio la espalda a los granas. Lo hizo cuando escupió un disparo de Ganet en el 53 y se regodeó cuando frenó un lanzamiento de Loren Burón.

Y de poder golear se pasó a pedir casi la hora. Porque, con lo corto del marcador, el Real Murcia se empeñó en regalar al Alcoyano faltas cerquita del área. Algo poco entendible dada la dificultad de los granas para defender esas jugadas. Se comprobó en un lanzamiento en el que Miguel Serna volvió a demostrar que los granas tienen un seguro que no les cubre ni al 100% ni al 80%.

Pero en esta ocasión no hubo disgusto, en esta ocasión hubo victoria. Un triunfo, el segundo consecutivo en casa, que hace soñar con una semana perfecta. Porque el Puente de Diciembre puede acabar con nueve puntos. Con tres ya en el bolsillo, solo queda ganar el jueves en el campo del Cornellá y repetir el domigo en NC ante el Sabadell.