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La Opinión de Murcia

Pasando la Cadena

Dos frescos, dos grandes y un campeón

José Luis Ortín.

Los millones de aficionados españoles no se merecen el compadreo entre Rubiales y Piqué. Está bien que se conozcan del césped, que compartan afinidades personales, que utilicen un lenguaje tan común como cercano a la mayoría y que hayan colaborado para el bien del fútbol español incluso pasando por el peaje de sus bolsillos; casi nadie trabaja por nada.

Ahora bien, que entre bocado y bocado se echen el trago del tráfico de influencias no tiene un pase: mírame lo del grupo de mi Andorra, los de tu VAR nos la han liado o échame una mano para ir a las Olimpiadas, son bajezas de un futbolista en activo y empresario poliédrico que lo descalifican para criticar nada en adelante. Y el otro, por escucharlo y no mandarlo a esparragar, dentro de la confianza, es un tragaldabas más postizo que de postín que jamás soñó vérselas tan gordas, y que, a cambio, también le pedía intermediación al sudodicho con la AFE para sus chanchullos.

Un caradura que nunca hubiera pagado de su bolsillo los hoteles, viajes o restaurantes que ahora disfruta gracias a ese cargo institucional que se convierte de facto en vitalicio a poco que sepa repartir canonjías, mamandurrias y prebendas entre quienes le votan: el conglomerado cautivo que todos conocemos de los distintos estamentos del fútbol. Con honrosas excepciones en el espacio y el tiempo, entre los presidentes federativos es habitual que personas de escasa formación y bagaje profesional se eternicen en sus puestos si saben repartir favores. Casi nunca solucionan nada relevante, salvo para ellos mismos y la corte de palmeros y mediocres de los que se rodean para acorazarse.

Pero es más grave lo del contrato con los árabes. Que si no están el Madrid y/o el Barça en el torneo, baje considerablemente el pago a la Federación, significa, directamente, que se pueda sospechar de su neutralidad tanto en Liga como en Copa. El daño que hace a la larga y a la corta al fútbol español es incalculable. Y el desprestigio de esos torneos raya en lo criminal. A la creencia generalizada sobre la parcialidad de los árbitros hacia los grandes, se une ahora la desconfianza hacia los responsables de esas competiciones. ¿Puede un presidente del fútbol ser más irresponsable y nefasto? ¿Y quienes se lo aguantan? ¿Qué defensa hacen de sus clubes los presidentes que compiten con esos dos grandes y devienen en cómplices de tan manifiesta discriminación?

Claramente, a los equipos de segunda, tercera, cuarta o quinta división del fútbol español se les compra fácil dándoles pan saudí a cambio de votos. Pero a los del Atlético, Valencia, Sevilla, Betis, Real Sociedad, Bilbao o Villarreal, por citar a los que compiten ahora por los podios con los dos grandes, debería caérseles la cara de vergüenza por aceptar ese trágala. Esta temporada, por ejemplo, una vez que merengues y culés no llegarán a la Supercopa de España vía la Copa, está claro que deberán llegar vía Liga. Hay demasiados millones en juego. ¿Alguien puede asegurar la limpieza de esta competición? Y no vale aquello de que el Barça también pierde en este último tramo de liga, una vez que al Madrid solo le falta poner fecha al título. Más que nunca, lo de parecer honesta la mujer del César, además de serlo, es de rabiosa actualidad. En el Wanda ya hubo una muestra el otro día de lo que invariablemente sucederá hasta el final: «¡Liga, corrupción!» Es el legado inmediato de Rubiales.

Y mira que hubiera sido sencillo obviar ese lamentable baremo económico. Si llegan a la Supercopa, lo que paguen de más los árabes por el tirón televisivo, pues para ellos. A los demás, su caché habitual, y un fijo notable anual para la Federación llegue quien llegue. Así de justo, limpio y fácil.

Esta semana tenemos Champions y nos representan dos grandes. El Madrid por tradición y el Villarreal por la espléndida realidad de un proyecto superlativo. Guardiola y Klopp deberían tentarse la ropa. Los blancos están en su salsa y a estas alturas huelen la orejona. Y si los amarillos tienen su día, argumentos futbolísticos tienen como el que más. Semana grande para gloria del fútbol español.

Finalmente, el Betis fue justo campeón de una final de Copa emocionante, no tanto por lo incierto del resultado sino por la pasión, ganas y buen juego que le echaron. Lástima que solo pueda ganar uno, porque el Valencia también lo mereció.

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