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Con acento

Y Alcaraz apagó el fuego

Santiago Peláez

Santiago Peláez

Santiago Peláez

Se decía que el partido que jugaron el italiano Sinner y el murciano Alcaraz iba a echar chispas y tenían razón quienes lo afirmaban.

Sinner, a los veinte años de edad, está en la lista ATP entre los diez mejores del mundo. Y el de El Palmar cree que ese puesto le pertenece ya a él, pese a estar bastante por detrás del italiano en la clasificación.

Para ganar el partido sabía que debía utilizar por encima de todo su calidad mental. Bueno, y su drive, porque cuando le entra su golpe de derecha, es como la coz de una mula y no hay tenista que la resista.

El italiano es un tipo que maneja todos los golpes. Tiene esa muñeca exquisita que tuvo Santana o Nastase o Federer y su juego es profundo y demoledor. Enseguida hace daño y va echando para atrás a los rivales, hasta que les pasa por encima de forma clara y contundente. Tanto que se dice de él, que pronto será uno de los rivales más difíciles de batir en el top 10. Pero tiene un defecto: su moral es de cristal. Y el tenis es sobre todo un juego de dominio mental.

En cuanto falla dos pelotas seguidas fáciles quiere romper su raqueta contra la red y descompone la figura y el juego. Y su entrenador ha trabajado a fondo con él para que no le ocurra, para que no se le note, pero el italiano es todo pasión y no sabe controlar la ira que le invade como les ha sucedido a algunos de los más grandes del tenis: a Connors, que insultaba al juez; a Hewit, que gritaba 'come on' a la cara de su rival; a Boris Becker, que mataba con la mirada; a Sampras, que vomitaba del asco que le producía su propio juego; y hasta a Djokovic, que cuando animan a su rival hace gestos a la grada para que le aplaudan aún más fuerte, porque eso le anima.

De modo que Ferrero llamó a Alcaraz a su habitación la noche anterior al partido y le dijo. “A éste hay ganarle sacándole de quicio”.

  • ¿Y cómo lo hago?, le preguntó Alcaraz.
  • Jugando siempre al mismo nivel. Siendo una roca. Imperturbable, frío, sin perder la compostura te vaya bien o te vaya mal. Y luego, ya sabes, sacando tu derecha hasta darle matarile.
  • Fácil, dijo Alcaraz. Yo, a lo mío. ¿Pero por qué estás tan seguro de lo que dices?
  • Porque lo tengo estudiado. Este tío es un genio. ¿Sabes por qué está entre los ocho mejores del mundo? Porque llevaba once victorias seguidas en pista cubierta sin perder un solo set, hasta que se encontró en la semifinal de Viena con Francis Tiafoe.
  • Sinner le iba ganando 6-3 y 5-2 a Tiafoe y creyó que ya había ganado el partido, pero el francés decidió morir matando y sacó a relucir todo el talento que lleva dentro escondido y soltó el brazo hasta encontrar la grieta por la que el poderoso Sinner se convirtió en un corderito y acabó derrotándolo. O sea, que tú mañana has de vestirte de Tafoe. ¿Entendido?
  • Lo he pillado, contestó Alcaraz.

Dicho y hecho. Golpe va, golpe viene, hasta que el divino Sinner se puso nervioso, perdió el primer set, quiso ganar el segundo más deprisa de lo aconsejable y cuando vio que no lo iba a conseguir, se quiso pegar con la raqueta en la cabeza.

El resto ya se sabe. Victoria de Alcaraz, que sigue subiendo, y derrota de Sinner, que tendrá que aprender a controlar no solo su juego, sino sobre todo su mente.

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