Cuando Josema Raigal hacía las maletas hace ahora casi un año para aceptar la propuesta del Espanyol B, ni se imaginaba el futbolista muleño que la decisión que acababa de tomar se iba a convertir en uno de los grandes errores de su corta trayectoria. Porque cuando Josema Raigal consiguió que el Real Murcia aceptase un traspaso de apenas 50.000 euros para dejarle ir al filial barcelonés, la idea del muleño era hacer ver a los responsables del club blanquiazul de que tenía la calidad suficiente para poder tener minutos en la primera plantilla, en ese instante en Segunda División. Pero un año después, Josema Raigal ni ha debutado en el fútbol profesional ni ha sido importante en un filial en el que apenas ha disfrutado de minutos.

Solo una temporada lejos de la Región ha servido al centrocampista muleño para bajar a la tierra y entender que sin trabajo no hay premios. Y ahora, un año después de conseguir salir del Real Murcia, parece que regresará a casa. Pero no lo hará para volver a correr la banda de Nueva Condomina, lo hará para probar suerte en La Condomina. Porque es el UCAM Murcia, de Primera RFEF, el que tiene encarrilado el fichaje de un futbolista más que interesante por su edad -cumplirá 22 años en agosto- y por la calidad que ya dejó ver en muchos de los partidos que disputó con el Real Murcia. Hasta 45 encuentros sumó con los granas en dos temporadas, y no fueron más porque en su camino se encontró con un Adrián Hernández que nunca le dio la confianza ni el cariño que necesitaba por su corta edad y por la presión que recibía por ser canterano y por jugar en un equipo que siempre tiene que mirar arriba.

Fue Adrián Hernández la primera piedra en su camino. Cuando el técnico de Churra llegó a Nueva Condomina, Josema era una de las perlas que quería comerse el mundo a bocados. Una temporada antes, en su debut con el primer equipo, había acumulado hasta 1.860 minutos en 30 partidos. El muleño estaba en boca de todos. Había demostrado que había llegado para quedarse, pero con la apertura del mercado surgieron los cantos de sirena. El Betis llegó a ofrecer 100.000 euros para incorporarlo a su filial y el jugador no hizo ascos. El Real Murcia sí. Rechazó la oferta más por la presión popular que por el interés. Y se demostró nada más comenzar la Liga.

Josema Raigal, uno de los pocos jugadores de la plantilla capaz de marcar diferencias, capaz de hacer saltar chispas desde la banda cuando menos lo esperabas, no solo fue castigado al banquillo por Adrián Hernández. El muleño tuvo que vivir muchos encuentros en la grada, pagando los platos rotos que otros integrantes del equipo no pagaron.

Jugó 873 con Adrián Hernández -la liga acabó en marzo por el coronavirus-. Cansado de no saltar al terreno de juego, su cabeza le fue alejando poco a poco del Real Murcia. Mezclando una sensación de injusticia con el creerse superior a lo que recibía, dejó de luchar. Prefirió dejar pasar el tiempo y, abierto el mercado, forzar su salida. Josema merecía algo mejor y el Espanyol podía dárselo. Un año después, las heridas con las que abandonó Nueva Condomina son todavía más dolorosas. En Barcelona, ocho partidos los vivió desde casa al no ser convocado y en otros ocho se quedó en el banquillo sin disputar ni un minuto. La temporada en la que buscaba el salto al fútbol profesional se ha convertido en la temporada del olvido. Solo ha jugado 334 minutos en 12 partidos.

Pero con 21 años -cumplirá 22 el próximo mes- las heridas se curan pronto, y el UCAM Murcia está dispuesto a ayudarle a sanar y darle la oportunidad de demostrar la calidad que lleva dentro. El fichaje solo está a la espera de que el Espanyol dé el visto bueno a la salida del muleño. Será una apuesta parecida a la que los universitarios hicieron el pasado verano con Alberto Fernández y que, visto el nivel demostrado por el atacante de Moratalla, le salió redonda al club de La Condomina.