Militar en excedencia de la Armada, modelo y deportista. Daniel Rodríguez Pineda (Motril, 18 de junio de 1978) acaba de realizar un gran reto:pedalear de forma ininterrumpida desde Molina de Segura hasta Motril a favor de Aspapros. Es un todoterreno que prácticamente ha probado todos los deportes. Es militar en excedencia y trabaja para una agencia de modelos. En su cuerpo lleva más de treinta tatuajes.

¿Cuándo comenzó a hacer deporte?

Empecé desde chiquitito en mi tierra. Me inicié con el atletismo y probé casi todos los deportes. Pasé por el balonmano, baloncesto y sobre todo se me daba bien el fútbol, que llegué a estar en el filial del Motril. A los 18 años, como me gustaba el ejército, dejé el fútbol porque estuve de un pueblo a otro jugando y apenas llegué a ganar unas cinco o diez pesetas como máximo. Vi que no había futuro y me tuve que buscar la vida. Entonces me vine de mi tierra a Cartagena para ser militar. Al final me casé, tuve una hija, después de me divorcié y ya me vine a vivir a Molina de Segura.

¿De qué jugaba al fútbol?

Pese a que soy diestro, de extremo izquierda y también delantero. Pero no veía mucho futuro en el fútbol porque no era como ahora, donde hay muchos ojeadores y si sales medio bueno tienes futuro. De mi época es Luis Rubiales, el presidente de la Federación, que es amigo mío.

¿Y cuándo entró el triatlón en su vida?

Me gustaban varios deportes y pensé en probar el triatlón. Se me daba bien el duatlón y el atletismo en pista, y ahora me he metido en las carreras de montaña porque me voy a los Pirineos a hacer el Campeonato del Mundo de maratón. Estoy preparándolo a ver cómo sale.

¿Pero le van las largas distancias?

Ultras todavía no he hecho, ahora mismo me estoy centrando en los maratones.

¿Cómo se le saca gusto a hacer tantos kilómetros?

Es todo psicológico, porque si la cabeza no funciona, las piernas tampoco. En mis anteriores deportes, atletismo y fútbol, me gustaba tanto correr rápido que ahora me gusta ser más diésel y hacer más kilómetros. En la Tomillo Trail de Yecla quedé campeón regional master 40 y el año pasado también hice buen papel. Se me da bien.

Vamos, que usted no sale para correr cinco kilómetros.

No, también me gusta hacer carreras de cinco kilómetros y me quedé campeón regional de esa distancia en master 40.

Pero también le da a la bicicleta.

Sí, por el triatlón estoy vinculado a la bici y tengo próximamente el Medio IronMan de Gandía, que solo voy a hacer uno porque prefiero no meter tantas competiciones por las lesiones. También haré la 90K Camino de la Cruz de Caravaca porque me han invitado por quedar segundo hace un par de años. Pero la bici ha formado parte de mí desde pequeño porque íbamos a la playa los amigos juntos y siempre se me ha dado bien. La playa estaba a unos cinco kilómetros de Motril y nunca cogíamos el autobús. Del triatlón lo que más me gusta es la bici.

¿Cómo se le ocurrió unir su pueblo, Motril, con Molina de Segura en una sola etapa, de un tirón?

Eso surgió hace 21 años, cuando llegué a Cartagena en 1999. Pensé que Motril no estaba tan lejos, a 330 kilómetros, aunque desde Molina me salieron 370. Me lo planteé en esos años, pero por causas familiares y también porque me dejé el deporte durante unos ocho años, en los que engordé 20 kilos, lo fui dejando. Pensé que eso no podía ser porque yo siempre había sido deportista y cuando me vi con 90 kilos, poniéndome malo cada dos por tres…

¿Pero por qué lo abandonó?

Tuve las crías y después, pese a que nunca había sido de salir de fiesta, me enganché con un grupo de amigos todos los fines de semana. Quería tener una vida sana y di un giro total. Y unir Motril con Molina lo organicé en dos semanas, de un día a otro.

¿Sufrió muchas pájaras por el camino?

La tirada máxima que había hecho con anterioridad fue de 200 kilómetros, pero trescientos y pico nunca. En los últimos 25 kilómetros iba sin fuerza, pero se juntaron varios amigos en el trayecto y eso me dio una fuerza que me hizo llegar.

¿Y le hicieron un recibimiento en su pueblo?

Sí, la anécdota fue que yo tengo un contacto en el ayuntamiento de Motril, el concejal de Deportes, que es amigo mío, y le envié a la secretaria de la alcaldesa un seguimiento para que viera en todo momento en directo por dónde iba, pero no se aclaró bien. Cuando llegué estaban allí mis familiares y amigos, pero nadie de la alcaldía. Llegué tan cansado y con tantas ganas de tapeo, que a los quince minutos me fui, me duché y entonces me llamaron por teléfono diciéndome que estaban la alcaldesa y la televisión esperándome. En ese momento pensé tierra trágame, pero lo arreglaron rápido y al día siguiente me recibió la alcaldesa y me dio una placa.

¿Le quedan ganas de repetir?

La verdad es que sí porque solo fue en los últimos 25 kilómetros cuando lo pasé mal, pero sí que repetiría por otras causas, porque este reto lo hice a favor de Aspapros.

¿Cómo mataba el gusanillo durante el confinamiento?

Bien. Después, cuando salimos, empecé a hacer entrenamientos alegres y divertidos con los amigos. Tampoco era una necesidad, porque lo importante era la salud.

Está en excedencia en el ejército porque trabaja como modelo. ¿Cómo es eso?

Trabajo como modelo con Monroe Models, que me buscó trabajo con una marca de diseñadores franceses. También he hecho videoclips.

¿Se puede vivir bien de eso?

Si salen marcas fuertes, sí que se puede vivir de eso, aunque son trabajos esporádicos. Ahora la cosa está parada, pero poco a poco van saliendo más.

¿Qué buscan en usted las agencias de modelos?

Yo no me he dejado la barba por moda, pero muchas marcas buscan barbudos con tatuajes, como ellos llaman, hipster.

Es que el tatuaje está de moda.

Es algo muy normal y hay muchas marcas que me buscan por llevar los brazos tatuados.

¿Lleva muchos tatuajes en el cuerpo?

Como llevo los dos brazos completos, llevaré de 30 a 40.

¿Recuerda el primero?

Sí, el hombre de mi hija Laura. Con ella empezó todo y me piqué, pero ahora no me apetece mucho porque en algunos sitios duele más. Pero bueno, a lo mejor cae alguno en el futuro de algo que me venga a mi cabeza, pero por ahora lo tengo parado.

¿Tiene un tatuador fijo?

Últimamente me ha tatuado Irene Méndez, que es ciclista y que es tan buena ciclista como tatuadora y persona.

Antes decía que tuvo problemas con el peso. ¿Tiene que llevar dieta severa?

Ahora mismo estoy con el ayuno intermitente para poder mantener el peso. Cuando me fui a mi pueblo fue un descontrol porque el tapeo está allí a la orden del día. Ahora mismo solo me sobrepaso una vez al mes porque estoy entrenando fuerte para las competiciones que tengo.

Es que es más duro entrenar que competir.

Prepararte para una competición de esas es muy duro. Ahora mismo solo descanso un día a la semana y para eso es importante la nutrición.

¿Le sigue atrayendo la vida militar?

Sí, pero como estoy en una edad ya cercana a los 45 años, en la que nos jubilan, entre comillas, porque seguimos activos hasta los 65, estoy alargando la excedencia.

¿Qué ha pensado para el futuro?

La verdad es que me gustaría irme para mi pueblo y dedicarme a lo que pille allí. Ahora mismo no sé qué hacer. Yo voy día a día.