Ana Martín Fernández (Candás, 13 de marzo de 1971) fue operada hece solo cuatro meses de un cáncer de mama. No se tomó la baja en ningún momento y siguió en su puesto de trabajo en Avanza Fibra. Solo cuatro meses después hizo una media maratón virtual y el próximo fin de semana también intervendrá en la Carrera de la Mujer. Perfetene a Los Tractores del Pilar de la Horadada.

¿Cuándo empezó a hacer deporte?

A los 40 años me dio por correr.

¿Qué cambió en su vida para que diera ese paso?

Cambió todo, una situación laboral y familiar. En ese momento me pilló un poco débil. Me faltaban cuatro días para cumplir los 40 años. Mi cabeza empezaba a pensar cosas que no me iban a beneficiar y tenía una niña de 9 años. Pensé que debía hacer cosas para evitar los pensamientos negativos. Si corría, me esforzaba, sudaba y apretaba los dientes, sabía que no iba a pensar en las cosas malas que me habían pasado.

Empezó con 10K y se ha atrevido con ultramaratones. Eso son palabras mayores.

Sí, he corrido cuatro ultramaratones ya. Pero una cosas es correr y otra es hacer maratones y en tres años hice ocho. El año pasado, en Murcia, fui de escoba con Los Tractores, y en la Carrera de la Mujer también lo hice, siempre gritando y saltando. Llevo ocho maratones y cuatro ultras. La de más kilómetros fue Murcia-Caravaca, que la hice dos veces. Además, la primera edición la hice con una compañera y nos quedamos las terceras por parejas. Imagínate qué pasó cuando llegué a meta y me encontré que encima subía al podio. Tengo muchos trofeos porque en mi categoría, sobre todo en 10K, suelo pillar alguno en las carreras locales.

¿Guarda los trofeos?

Me compré una cómoda especial para mi habitación y los tengo justo al lado de mi cama, duermo con eso al lado. Y que nadie los toque. Es una motivación diaria para recordarme dónde estuve, lo que hice, lo que he logrado por mí misma y dónde quiero llegar. Y todo eso hace que yo haya evolucionado en todos los sentidos.

Pero el peor momento de su vida imagino que fue cuando le detectaron un cáncer de mama hace cuatro meses. ¿Cómo vivió ese momento?

En ese momento, como estamos con las mascarillas, lo que hice fue levantarme para ir a la consulta de al lado y respirar. No se me vino el mundo encima, y le dije al cirujano que hiciera lo que necesitara ya. A las pocas horas, en cuanto empecé a asimilar todo, lo que tuve claro es que esto no iba a parar mi vida. No me paró nada. Si no podía correr, podía caminar; si no podía coger pesas, hacía sentadillas. Me adaptaron el yoga para no forzar la parte de arriba y no cogí ni siquiera una baja. Tenía claro que esto no iba a frenar mi vida, que los días que estuviera bien haría el doble y que el resto haría la mitad.

¿Seguía teniendo ganas de salir a hacer deporte los días que estaba mal?

Sí porque está comprobado científicamente que el deporte potencia el sistema inmunológico. Y como lo tenía claro, seguí adelante. Además, el oncólogo me dijo que la quimioterapia y el deporte están al cincuenta por ciento en el proceso de recuperación del cáncer. Tenía muy claro que el cáncer no iba parar la vida ni a mí ni a mi familia. De hecho, nadie se enteró hasta el día que me hice una fotografía en el hospital tras ser operada. No me quedé en un sofá a lamentarme.

Pero hay que tener la mente muy fría para afrontar esto así, porque además supone un cambio físico.

Bueno, yo he tenido mucha suerte porque yo tengo una cicatriz y nada más. Di con un equipo físico muy bueno y mantengo mi mama, pero me daba igual, solo quería que me quitaran eso. El cáncer, si lo detectan a tiempo, tiene una curabilidad de más el 95%. Por eso iba a luchar más por las cosas que tenía, para demostrarme a mí misma que estaba preparada para eso. La cabeza no se me amuebló ese día, sino que llevaba años ya amueblada gracias al deporte.

¿Como detectó el cáncer? ¿Notó algo en su cuerpo?

Una visita rutinaria. Fue a través de una ecografía. Me lo detectaron en julio, me hicieron biopsia y no salió que fuera malo, pero me la repitieron a los tres meses y ahí ya se vio que era malo. En ese momento sí que tuve un poco de miedo porque pensé que ya lo tenía en julio y que me lo detectaron en octubre. Cuando yo entré en el quirófano no sabía si tenía afectados los ganglios o no. Cuando me despertaron pregunté ‘¿tengo la teta?’. Daba igual, lo que quería es que me lo quitaran y me daban igual las consecuencias físicas. Un mensaje que transmito mucho es que las mujeres tienen que hacerse las revisiones anuales porque la detección temprana está muy avanzada. Y los gobiernos autonómicos tienen que cambiar porque están mandando las mamografías y las ecografías a partir de los 45 y 50 años. Una de cada ocho mujeres padecerá un cáncer a lo largo de su vida y sin llegar a los 45 años, un hecho que constata que las estadísticas no cuadran. Me duele mucho que se muera por cáncer de mama una mujer porque no se ha hecho la revisión. Las pruebas radiodiagnósticas que nos hacen no coinciden con las estadísticas de las mujeres que tienen cáncer.

El año pasado, en la Carrera de la Mujer, me gustó mucho la filosofía de Los Tractores, que van ayudando al último de cada carrera. ¿No es una frustración para gente como usted que corre?

No es una frustración, es duro porque una maratón en seis horas es dura, y encima, cuando vas de escoba, estás animando. Pero es muy satisfactorio. Antes de entrar en Los Tractores también lo hacía con las Guerreras Running. Es súper agotador, pero muy gratificante.

Hace tanto esfuerzo el que llega primero como el que llega el último.

No, perdona, es peor para el último porque quien está dos horas y media corriendo una maratón, no está tanto como uno que llega en cuatro horas y media. Nosotros no somos atletas, trabajamos y salimos a entrenar porque queremos. Pero gracias al deporte incorporas a tu vida hábitos de vida saludables.

En cualquier caso, sigo echando en falta más mujeres en las carreras.

Todavía somos pocas, no llegamos ni al 30%, y en las carreras de larga distancia ni te cuento. No hemos evolucionado todavía.

¿No es porque esta sociedad aún es machista?

Es porque al final, el peso de la familia recae en las mujeres. Al final, es la propia mujer la que dice que no puede dejar a los niños. Es difícil por nosotras mismas, al margen de las bajas médicas por los embarazos. Muchas piensan en hacerlo cuando sus hijos son mayores, y entonces tienen 40 y creen que ya no son capaces. Muchas mujeres me dicen en instagram cómo es posible que haga estas cosas, pero les respondo que es por fuerza voluntad y que se fabrica. Quien no lo ha probado y no sabe lo que es, no tiene la fuerza de voluntad para hacerlo. Hace una semana hice una media maratón y pensaba que no iba a poder terminar por los efectos de la radioterapia, pero como la cabeza está amueblada, lo conseguí.

¿Es lo primero que ha corrido después de la operación?

Salgo un día a la semana y Pedro, de Los Tractores, me animó a hacerla porque este año era para la lucha por el cáncer. A ellos les hacía mucha ilusión que yo la hiciera. Me animé y la terminé en 2 horas y 18 minutos.

¿Y qué carreras tiene más presentes?

Mi primera maratón, en Valencia. En el kilómetro 36 empecé a tener calambres, pero en el 41,5 me desplomé y no recuerdo nada. Me quedé a 700 metros de terminar. Cuando me desperté cinco horas después, me encontré que estaba en el hospital.

¿No le dio miedo seguir haciendo maratones?

Me dijeron que no corriera porque podía haber sido a causa de una deshidratación. Entonces pregunté si podía hacer medias maratones porque yo quería seguir. A las 48 horas de desmayarme ya estaba en casa. Me decían que había corrido sin estar preparada y no fue por eso, ocurrió porque no me hidraté bien. Tres meses después hice la Maratón de la Mujer y en meta me recibió Katherine, la primera mujer que corrió la Maratón de Boston. La siguiente maratón me invitaron a correr otra vez en Valencia y me siguieron las cámaras y me sacaron en televisión.

¿Después de superar el cáncer se ha marcado algún reto?

Ahora voy a hacer una ultramaratón de la leche. Tengo que pensar cuál quiero, pero tiene que ser de las buenas. Me gusta lo que siento cuando salgo tienes que correr más de 100 kilómetros. El asfalto no me aporta nada nuevo, pero lo duro de las ultramaratones es prepararlas. Necesito hacerlo para ver que soy la misma, que el cáncer no me ha cortado.

¿Se siente ahora más débil?

Sí porque no pude correr diez días antes de la operación y me reenganché una semana después. Tampoco pude hacerlo durante la radioterapia, pero si no podía correr, andaba. Me propuse ser la misma e hice un paréntesis en mi vida, pero no paré, y por eso corrí la media maratón el domingo pasado.

¿Mira mucho el tiempo?

Depende del objetivo, pero no pienso en tiempos cuando entreno, aunque cuando corro sí.

¿Qué sensación se experimenta después de correr 90 kilómetros?

Es cuando más estás contigo mismo, es cuando realmente tomas conciencia de quién eres. Y si no la acabas, es igual, porque el año pasado me retiré a los 80 kilómetros de la Transilicitana, estaba igual de satisfecha. Cuando llegas a esa meta eres consciente de quién eres y que eres una persona que puede conseguir lo que quiera. Evidentemente yo no puedo pretender ser Amancio Ortega, pero es cuando tomas conciencia de lo que eres capaz de hacer.

¿Y en casa, qué le dicen?

Me acompañan. Mi hija tiene 19 años y dice que nunca va a hacer esas cosas. Mi marido me anima a todo. Y él tiene dos hijos y el que tiene 20 años hizo su primera media maratón y maratón conmigo. Fue brutal.

Eso une.

Es que el deporte une, menos el fútbol, que no lo entiendo, el deporte une a las personas. Cuando tú corres una ultramaratón con otra persona, imagínate si une eso.