11 de mayo de 2020
11.05.2020
La Opinión de Murcia
Pasando la Cadena

Todos los caminos nos llevan allí

10.05.2020 | 22:05
Todos los caminos nos llevan allí

Es lo que sucede cuando no sabemos adónde vamos. Y esa incertidumbre ha enraizado seguramente para cambiar nuestra sociedad como secuela del Covid 19.

Y en el fútbol igual. En Alemania, donde la gestión de esta crisis ha sido eficiente y elogiada sin tomar medidas tan drásticas como en España y en la mayoría de países europeos, decidieron hace días reiniciar la Bundesliga y se encuentran ahora con que el colista tiene dos infectados y han puesto en cuarentena a la plantilla. ¿Qué harán? Pues como versificaba Machado, harán camino al andar. En esa virtualidad son excepcionales.

Aquí se continuará la Liga a mediados de junio, según parece, y los equipos ya entrenan. Otra cosa será si sucede alguna eventualidad como la alemana. Y es que, hay tantas dudas en este asunto como desconocimiento sobre el propio virus, y lo que es peor, un juego de intereses tan contrapuesto como mezquindades entre los propios clubes. Solo hay que leer entre líneas lo que alegan unos y otros y hasta saber entender lo que claramente manifiestan.

Más pronto que tarde se hallará un remedio en forma de tratamiento efectivo contra la enfermedad y hasta una vacuna, ya se están probando algunos medicamentos existentes para otros males, pero el problema social, más que el propio Covid 19 será la secuela que decíamos. Le hemos cogido miedo al contagio en general, a este y a los que puedan venir, y las costumbres sociales inician un camino sin retorno. Mascarillas, guantes, distancias, saludos, discriminación de actividades por edad, por riesgos de crónicos o dolencias previas, horarios diferentes, tipos de comercios o recintos de ocio, hostelería y espectáculos, modos de acceder a sus servicios, transporte, etc. Un tsunami humano y social del que todavía no sabemos ni la mitad por lo que también ignoramos adónde nos conducirá, si es que nos lleva a algún sitio aceptable. Habrá que pensar en el camino como meta, que ya cantará Homero en la Ilíada.

El ejemplo más claro lo tenemos también en la Segunda B española. Han decidido acabar la temporada y jugar solo un play off de ascenso entre los cuatro primeros clasificados de cada grupo, pero algunos no terminan de creerse su oportunidad ni la limpieza competitiva con que se abordará. ¿Qué ocurre si en alguno de los dieciséis equipos se detecta un caso de coronavirus en este lapso de tiempo?

Cuando se planifica seriamente algo, uno de los requisitos imprescindibles es prever contingencias y el modo de afrontarlas; el tratamiento de las desviaciones respecto al plan previsto. Pero que se sepa, no se ha contemplado tan importante eventualidad. Y es más, tampoco en las medidas generales sobre el futuro próximo de las competiciones oficiales. Un síntoma de que también ignoramos hacia dónde es mejor ir. Parece mentira que en un mundo tan avanzado en tantos campos como en el que nos ha tocado vivir, el género humano en su globalidad se haya visto desbordado por algo tan común como un virus. Y más aún, que nos haya dejado sin respuestas; se reducen al ya veremos de toda improvisación.

Mientras tanto, los políticos en minúscula siguen con el ninguneo habitual del adversario en los países donde el navajeo sustituye a la función noble de la política; el sentido de Estado y el bien común como norma. La España que sufrimos es desgraciadamente un mal ejemplo. Desde el uso partidista que hicieron en 2004 del mayor atentado terrorista en Europa, tanto por quienes querían aferrarse al poder como, sobre todo, por los que aspiraban, hasta esta malhadada hora del Covid 19, sus consecuencias encadenadas han sido dieciséis años desgobernados. Por unos, por otros y por sus medio pensionistas asociados. El milagro es que la sociedad civil española, una vez más, ha tirado del carro para evitar el hundimiento que tanto pelagatos propicia.

Empresarios y trabajadores antes, como deberá ser en adelante, y sanitarios y gente de todo tipo que han dado el callo ahora para paliar el desastre. Esa España real que como decía el canciller alemán Bismark en el siglo XIX, alumbra el país más fuerte del mundo: empeñado en que no la destruyan quienes se empeñan en hacerlo secularmente. Y no se refería a extraños, sino a españoles suicidas en la gestión pública.

Y así estamos, entre indocumentados, maledicencias, bulos y censura. Como no sabemos dónde vamos, todos los caminos nos llevan allí. Las confusas fases, rectificaciones y desacuerdos lo prueban.

¿Saldremos? Sin ninguna duda.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook

Buscador de deportes