02 de mayo de 2020
02.05.2020
La Opinión de Murcia
Fútbol. Segunda B

Segunda B: Reestructuración o abismo

Clubes, jugadores y técnicos coinciden en que una liga con 98 equipos como pretende la Federación Española solo hará que se retroceda más respecto al fútbol profesional

02.05.2020 | 04:00
Segunda B: Reestructuración o abismo

La crisis sanitaria del coronavirus ha puesto a la Segunda División B frente a un espejo. La caída al vacío que viene experimentado la categoría desde hace años amenaza ahora con acelerarse. Los planes de la Federación, de llevar a cabo ascensos y no descensos, engordará la nómina de equipos hasta 98, devaluando la competición, espantando las inversiones, cortando cualquier posibilidad de ingresos y dejando a futbolistas y técnicos en una situación de incertidumbre total.

Diez jugadores de cada uno de los 80 equipos que componen la Segunda División B son profesionales. Así lo establece la Federación. En muchos de esos clubes, la cifra es más elevada. Hasta el punto que en las entidades más fuertes de la categoría, todos y cada uno de los integrantes de sus plantillas tienen fichas 'P', o lo que es lo mismo, sus contratos cotizan a la Seguridad Social y se dedican exclusivamente a jugar al fútbol. No tienen suelos millonarios como los jugadores de Primera División ni se acercan por asomo al salario mínimo en Segunda, pero son profesionales del balón.

El pasado verano, la Española, confirmando su apuesta por la división de bronce, obligaba a los clubes a tener como mínimo diez jugadores con fichas 'P' -anteriormente eran ocho-. Esa norma, que pretendía dar más caché a la categoría y separarla de amateurismo, elevó los gastos de los clubes. Cada una de esas licencias costaba 3.000 euros, a lo que hay que sumar el gasto en cotizaciones. Pero valía la pena el esfuerzo económico para defender que la Segunda B era una categoría que estaba más cerca del fútbol profesional que del fútbol aficionado. Con los números en la mano, hay más futbolistas profesionales en la división de bronce que en los clubes de La Liga.

No fue el único movimiento federativo para que esta competición ganara protagonismo. Se aumentaron las ayudas a los clubes y se les abrió la puerta de una Copa del Rey mucho más atractiva. Con estos cambios, la deseada reestructuración de la categoría quedó olvidada en un cajón, sin embargo, la crisis generada por el coronavirus ha puesto a la Segunda B frente a su propio espejo, demostrando que a la hora de la verdad la división de bronce está más lejos del profesionalismo que nunca.

La propuesta de la Federación Española de resolver la temporada de forma rápida con ascensos y sin descensos, ha unido a clubes, jugadores y técnicos, que saben que si esto se lleva a cabo y no se apuesta por la reestructuración en los próximos meses, la categoría, que la temporada 20-21 pasaría a contar con 98 equipos, está condenada a la muerte.

01. Más equipos, mismos premios

«Si ya es complicado luchar por ascender con 80 equipos, pues con 98 va a ser prácticamente imposible». La frase podría ser firmada a cualquiera de los responsables de los clubes que cada verano apuestan por hacer plantillas para estar en el play off. La propuesta de la Federación, de ascender a cuatro equipos, de no descender a nadie y de dar la bienvenida a 18 conjuntos de Tercera, no ha gustado. Si se lleva años hablando de que hay que reducir el número de clubes, ahora se aumenta casi al centenar, obligando a crear nuevos grupos y manteniendo el mismo número de ascensos. Será más fácil que te toque la lotería, que ascender a Segunda, defienden los clubes.

02. Premio para los modestos

Mientras que los que ponen el dinero para dar emoción a la categoría y luchar por el ascenso, si finalmente no se puede jugar, son castigados con no poder optar al play off; los que no han hecho los deberes y los equipos de Tercera serán premiados. Los primeros, como han dicho algunos presidentes, con un ascenso gratis; los segundos con el salto a una categoría ya engordada. Al final, la Federación recompensa a los clubes pequeños, lo que también contribuirá a devaluar una competición ya poco atractiva. Equipos amateurs, con instalaciones que no reúnen los requisitos, con gradas vacías y de nuevo sin espacio en las parrillas televisivas de los principales canales... esa será la Segunda B del futuro más inmediato.

03. Aleja a los inversores, disminuyen los ingresos

¿Qué empresario se va a meter en un club de fútbol de Segunda B y va a meter su dinero en una categoría sin ingresos y con posibilidades mínimas de ascender? Con una competición con 98 equipos, invertir será más arriesgado de lo que ya era. Pocos empresarios encontrarán atractivo inyectar su dinero en un proyecto que tiene pocas posibilidades de salir adelante. A la falta de dinero se unirá que habrá muchos equipos sin apenas nombre y los fichajes serán más de Tercera que de Segunda, lo que también afectará negativamente a los ingresos por taquilla. Incluso algunos de los que cada verano sacan su carné podrían renunciar a seguir apostando por una competición cuya única emoción llegaría si finalmente se juega el play off. Mientras que los clubes de Primera y Segunda sobreviven gracias a los derechos televisivos, la gallina de los huevos de oro será difícil que llegue a una división de bronce en la que solo unos cuantos partidos generan interés. La no reestructuración también reducirá las ayudas de la Federación, ya que ahora habrá más bocas a las que mantener.

04. Distancia insalvable respecto al fútbol profesional

Si ya hay una brecha importante entre la Segunda División y la Segunda B, con el modelo al que quiere llegar la Federación tras la crisis del coronavirus, la distancia será prácticamente insalvable. Los clubes de división de bronce, que sobreviven con apenas los ingresos de los abonados y las aportaciones de sus dueños, tendrán que reducir sus presupuestos, lo que repercutirá en los salarios de los futbolistas y los técnicos, y en definitiva en el nivel de la competición. Si ya muchos jugadores prefieren irse al extranjero a jugar en Segunda B, ahora el número será todavía mayor, lo que repercutirá en la calidad. También aumentarán las distancias entre unos y otros equipos si los los conjuntos que caen de Segunda mantienen sus ayudas por descenso.

05. Incertidumbre económica para jugadores y técnicos

Otra de las preguntas que muchos jugadores y técnicos de Segunda B se hacen es por qué si se está luchando por jugar en Primera y en Segunda, no se puede hacer lo mismo en Segunda B. Y es que el echar la persiana a la competición solo genera incertidumbre económica. En estos momentos la mayoría de las plantillas y cuerpos técnicos se han visto afectados por ERTES, lo que les ha dejado cobrando unos mil euros y teniendo que abonar varios gastos entre ellos el alquiler al no poder marcharse a sus lugares de origen. A esta situación hay que unir los problemas que se avecinan. ¿Qué ocurrirá con los contratos firmados? ¿Podrán mantener sus salarios aquellos que tengan vinculación más allá del 30 de junio? ¿Qué pasa mientras no se pueda jugar? La mayoría de los jugadores de Segunda B, tal y como defienden, no tienen los millonarios sueldos de Primera ni llegan de lejos al salario mínimo que se paga en Segunda. «Somos trabajadores normales», repiten.

06. La política, que no la salud, gana al fútbol

Como lo importante es la Primera y la Segunda, donde Tebas y Rubiales ya han llegado a un acuerdo para que se juegue hasta al final y hayan ascensos y descensos, la Segunda B, pese a que los futbolistas desempeñan el mismo trabajo que sus compañeros del fútbol profesional, tendrá que pagar los platos rotos, y muchos clubes, de puertas para adentro, hablan de que la política y los intereses han ganado la partida al fútbol. Por un lado consideran que no descendiendo a nadie de Segunda B, Rubiales gana apoyos, lo que es importante teniendo en cuenta que próximamente habrá elecciones. Y por otro están molestos porque si finalmente el presidente de la Española consigue que el Gobierno le apruebe un Real Decreto para que haga y deshaga a su antojo, las entidades que se sientan perjudicadas no podrán recurrir a la justicia para defenderse.


Todas las soluciones llevan a una Segunda B con 40 equipos 

La mayoría de clubes de Segunda B tienen claro que la categoría está condenada a renovarse o morir. Muchos de ellos han aprovechado la crisis actual para defender una reestructuración inmediata, otros creen que se debe ir a una temporada de transición para a partir del próximo verano lavar al cara a la competición. De momento, desde la Federación Española prefieren no mover un dedo. Aunque una treintena de clubes han firmado un proyecto para crear una Segunda B Pro que estaría compuesto por dos grupos de veinte equipos, el documento parece que quedará guardado en un cajón. Posiblemente en el mismo en el que pertenece otra opción que salió del Congreso de Fútbol Aficionado celebrado en 2018. En este planteamiento también se dividiría la competición en dos, compitiendo en el primer escalón cuarenta equipos divididos en dos grupos. De la reducción que todo el mundo desea se va a pasar a una ampliación, ya que la RFEF está empeñada en cerrar el curso con ascensos y no descensos, lo que hará que el próximo año en Segunda B jueguen 98 equipos. La esperanza de muchos clubes es que esto solo sea un año de transición, y que en la campaña 21-22 ya se ponga en marcha una nueva división de bronce, que sea completamente profesional y que esté más cerca de la Liga. Además, la Federación podría vender de forma conjunta los derechos televisivos, lo que daría oxígeno económico.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook

Buscador de deportes