10 de febrero de 2020
10.02.2020
Pasando la Cadena

Alarma por can líos

09.02.2020 | 22:30
Alarma por can líos

Cuando mandan los artistas, del circo se adueñan los payasos; quienes más gente lleva a sus gradas. El recuerdo de aquellos cómicos disparatados que representaban al listo formal y al tonto aparente nos llena de nostalgias infantiles. Un circo era siempre una fiesta.

Y eso, pero en negativo, es lo que ha sucedido históricamente en el Barça cuando vienen mal dadas. Ciertamente, también es algo más que un club por su tendencia histórica a que los futbolistas ejerzan el poder real sobre el nominal de los directivos. Ahora estamos en otra de esas etapas contradictorias. En el recuerdo, Kubala, Cruyff y Maradona, que también eran los mejores en sus tiempos culés y nunca congeniaron con sus dirigentes; grandísimos futbolistas con más polémicas que laureles en su trayectoria blaugrana. Sin embargo, ahora está en candelero Messi, protagonista del mejor decenio histórico culé, y por su enorme trascendencia mundial, can Barça es más can líos que nunca. Sobre todo por lo que viene, más que por lo que asoma. Las últimas lunas del mejor del mundo anuncian borrascas.

Hemos hablado de Bartomeu, que quizás deba coger la gatera antes de tiempo, pero no es el único cómico de ocasión que pasma a la concurrencia. Lo de Abidal es de nota. Y tampoco es el único. Anidan en el seno barcelonista otros personajes de opereta bufa. Son los de segunda línea, deseando pasar a primera tras la quema de su baranda. La guardia de corps del presidente que se empeñó en pasar la historia en su última etapa, gastando a gogó sin criterio ni estrategia, sin sospechar que cavaba su propia tumba rodeado de amigos de conveniencia. Los más lúcidos se han ido marchando, pero quedan enquistados los de siempre en casos parecidos: los que aguardan su turno en cualquier sitio rumiando venganzas por mediocridad insuperable. De otra forma no se explica que dejen hacer tanto el ridículo a una institución respetable y a un presidente en el alambre; es difícil creer que sea él solito tan nefasto por mucho que reitere sainetes sonrojantes.

El culebrón Neymar, el anterior de Griezmann, el desplante de Xavi, el frustrado fichaje de Rodrigo con el recuerdo de los petardos Arda, Coutinho y Boateng, por no extendernos con Dembélé, por ejemplo. Una casa de locos sin amo, por no referirnos al clásico prostíbulo. Y eso que Messi todavía está en el club y sobre el césped.

El argentino habla más con sus silencios que con sus palabras, pero cuando estornuda enferma de gravedad el Barça. Me decían este verano Asensi, Marcial y Rexach, culés legendarios, que ellos no ficharían a Neymar ni a Griezmann por sus diferentes actitudes respecto al club, al margen de su calidad futbolística. Y el general tiempo les da la razón. Por señalar algo, es difícil ver a Messi pasar balones sencillos y en franquía al francés. Prefería mirar hacia Suárez y ahora hacia Ansu Fati. Ese es el síntoma más determinante de la crisis que deprime al Barça, porque manda tanto dentro como fuera del terreno de juego aun desde la prudencia. Y es así porque pesa más y tiene más prestigio que todos los directivos y dirigentes profesionales juntos. Silencios críticos y actitudes clamorosas.

Las crisis deportivas en clubes serios se quedan en los vestuarios; no traspasan la dura dermis de sus profesionales. Y si ocurre, ahí debe estar quien mande para poner orden; el Madrid de Florentino como ejemplo actual, por no remitirnos a la historia. Pero en el Barça de Bartomeu se retransmiten en directo con todo lujo de detalles hasta los intentos de fichajes. Un estúpido disparate económico e institucional que conduce al suicidio en cualquier negociación.

Así que a la crisis deportiva, que tampoco es tan alarmante, se añade la alarma institucional por la evidente comicidad de quienes deberían, al menos, dejar de asar mantecas.

El Barça es ahora el hemocultivo ideal en el cual proliferan y se desarrollan todo tipo de bacterias. Y cualquiera de las más graves pueden llevar al desastre. Imaginemos por un instante que Messi se cansara y decidiera poner fin anticipadamente a su periplo azulgrana. Circunstancia poco probable, pero que provocaría un tsunami de consecuencias incalculables. O que se embarcara descaradamente en el apoyo a cualquier candidato en las próximas elecciones. Posibilidad nada descartable, por sí mismo o por interpuestos. Lo que llevaría a que en el Barça continuaran mandando los artistas. O que dejara el cuerpo muerto.

Mala cama tiene el perro.

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