05 de enero de 2020
05.01.2020
Segunda División B
Real Murcia22Sevilla Atlético

Fuera de cobertura

Un gol en propia puerta del Sevilla Atlético permite al Real Murcia salvar un empate en un partido en el que los granas se habían condenado por su falta de intensidad y su desconexión durante muchos minutos

04.01.2020 | 23:53
Fuera de cobertura
Adrián Hernández

Los visitantes se adelantan por dos veces en el marcador.

Si les nombro el cuento de Los Tres Cerditos no hace falta que les diga nada más, pero por si acaso les recordaré que en la historia había tres hermanos. El pequeño, más preocupado por echarse la siesta que por trabajar, decidió construir una casa de paja. El mediano, que eligió la madera, tampoco se entretuvo mucho a la hora de levantar su hogar. Por su parte, el mayor, más responsable, puso todas sus energías en edificar una casa de ladrillo.

Cuando llegó el lobo, ya saben lo que ocurrió. La casa de paja duró un soplido; la de madera aguantó como mucho dos y la de ladrillo se mantuvo en pie, protegiendo a los tres cerditos y evitando que estos acabaran en el estómago de su enemigo. El cuento, que Walt Disney llevó a la gran pantalla, nos enseña que el esfuerzo y el sacrificio en el trabajo tiene recompensa.

Si analizan con tranquilidad esta historia infantil y piensan en la trayectoria liguera del Real Murcia en esta campaña se darán cuenta que hay muchas similitudes. Cuando los murcianistas se esfuerzan, pelean hasta el final y juegan al 120%, como ocurrió ante el FC Cartagena, ni el mismísimo líder es capaz de derribar su casa de ladrillo; pero cuando los granas, como ocurrió ayer frente al Sevilla Atlético o como pasó contra el Yeclano, por citar solo dos ejemplos, se relajan y bajan la intensidad, cualquier rival, con un simple soplido, acaba con la armadura de paja de los de Adrián Hernández.

El Sevilla Atlético se benefició ayer de la pájara del Real Murcia, un equipo que cuando levanta el pie del acelerador es capaz de dejar a la vista todas sus costuras. No solo las habituales, como la ausencia de futbolistas que enciendan la luz cuando se avanza hacia el área rival, sino también las que no se presumen. Ayer, hasta la mejoría defensiva que había permitido a los de Adrián Hernández sobrevivir ante rivales como el Badajoz o el Cartagena, desapareció de un plumazo. Pero no hay que mirar solo a la línea defensiva, porque si frente a los de Paco Gallardo solo se pudo salvar un punto fue por el mal hacer del bloque completo, desde el primero hasta el último. Manolo no está, Juanma no es suficiente, Josema no es decisivo y Dorrio ayer no se ganó el favor de los que elogian su entrega.

Solo hay que observar como llegó el gol que permitía a los visitantes ponerse por delante en el marcador por segunda vez. Falló la cabeza, cuando se lanzaron todos a rematar un córner olvidando cubrirse las espaldas; falló la previsión, cuando nadie bajó una vez que se perdió la oportunidad de rematar a la primera el balón, y falló la vigilancia, cuando el Sevilla Atlético salió a la carrera y los granas se quedaron parados, mirando como Lara asistía a Diabate para que este batiera a placer a Tanis y firmase una contra de libro, tan perfecta que parece dibujada con escuadra y cartabón.

La acción completa, desde que Armando saca el córner, pasando por la pérdida de balón de Josema, siguiendo por la falta de reacción de Antonio López y compañía y acabando por la soledad con la que Diabate recibe el balón, señala al Real Murcia como un equipo pequeño, un equipo que no puede relajarse si no quiere que le pinten la cara.

Fue el Real Murcia, sobre todo en la segunda parte, el cerdito pequeño del cuento. Por ningún sitio se vio la intensidad que llevó a los granas a sorprender al FC Cartagena. Tampoco se vio la voracidad que les permitió aguantar en Badajoz.

Como ocurre casi siempre cuando toca dar un golpe sobre la mesa y dar el salto a la zona tranquila de la clasificación, los de Adrián Hernández fueron el equipo que tan fácil se lo puso al Yeclano o que se dejó los tres puntos en el campo del Villarrubia o en casa del Don Benito. La única diferencia, por encontrar alguna, es que ayer se sumó un punto, insuficiente, pero un punto. Y todo gracias a un gol en propia puerta que el colegiado le dio a Berrocal.

Corría el minuto 85 cuando Nueva Condomina, prácticamente vacía, andaba muda. El mal partido de los suyos y la falta de reacción cuando el Sevilla Atlético se ponía por delante en el marcador por segunda vez habían hecho daño a los pocos aficionados que habían dejado sus compromisos navideños para acompañar a su equipo. Nadie esperaba nada positivo. La salida al campo -de un solo golpe- de Chumbi, Curto y Peque no había surtido efecto. Ninguno de los tres aportó algo diferente a un equipo que echa de menos la calidad de Josema y que se ahoga cuando Manolo y Juanma tienen que organizar el centro del campo. Ayer no hubo consuelo con ver en acción a Víctor Meseguer. El canterano no entró en la convocatoria por un proceso gripal, misma enfermedad que hizo que Lejárraga se quedase en casa.

Asumiendo que la derrota era segura, porque en la recta final el único que mereció ampliar el marcador fue el Sevilla -Mena erró un mano a mano con Tanis-, solo faltaba esperar que el colegiado señalase el final del partido, sin embargo, como buen filial, los sevillistas se empeñaron en dar vida a los murcianistas.

Antes de que el balón comenzase a rodar, el meta sevillista se arrodillaba en el suelo y rezaba pidiendo ayuda divina. Cuando el colegiado señaló el inicio del choque, se entendieron los rezos de Lucho. El colombiano no transmitía demasiada seguridad. Solo llegaba el Real Murcia con timidez, pero eso era suficiente para que se viera que en cualquier momento podía fallar. Se vio desde cualquier zona del campo, sin embargo no lo percibieron así los jugadores murcianistas, incapaces de mirar a puerta. Es más, tiemblan hasta cuando lo tienen todo a favor para rematar.

Todo parecía indicar que Lucho saldría vivo de Nueva Condomina, pero a cinco minutos para el final, tras el saque de una falta, el meta sevillista se convirtió en el mejor amigo del Real Murcia. Su mala salida obligó a sus compañeros a salir al rescate, sin embargo Berrocal no pudo evitar marcar gol en propia puerta para alegría de los murcianistas, que empataban por segunda vez, como ya había hecho en la primera parte Alberto Toril cuando igualó el tanto inicial de Kibamba.

El 2-2 permitía sumar un punto que para pocos equipos en la situación del Real Murcia sería suficiente, pero que para el club grana basta dado el conformismo que se ha instalado esta temporada en los despachos y en el vestuario de Nueva Condomina.

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