30 de diciembre de 2019
30.12.2019
La Opinión de Murcia
Pasando la cadena

Encrucijada vital en el Real Murcia

29.12.2019 | 18:52
Encrucijada vital en el Real Murcia

Una más en su centenaria historia. Una historia cargada de sentimiento. No hay otra virtualidad que lo distinga más en su sinuosa marcha que esa íntima sensación de pertenencia, con tantos ascensos épicos y hasta brillantes como descensos dolorosos incluso en los despachos. Y ahí sigue, con una vitalidad insospechable hace solo unos meses. Pocos clubes parecidos pueden lucirla, por cierto, y de ahí que siga existiendo. Un Real Murcia ilusionante, que es el mayor mérito de quienes han conseguido reflotarlo tras las dos etapas lamentables –de las que aún no se han exigido responsabilidades, ¡ojo!– que siguieron a la de Samper, como antes lo fue de algunos otros.

Pero este murcianismo se acerca al sentimiento que durante décadas llenaba La Condomina lo mismo con el primer equipo que con sus juveniles y la selección regional. Rutilantes estrellas en ciernes que atraían tanto como los profesionales y de los que se hablaba en cualquier rincón de la Murcia futbolera. Incluso en España, porque bastantes fueron internacionales destacados con la camiseta roja española.

Y ese sentimiento recobrado, con la prueba palpable de los miles de accionistas que acudieron a la llamada angustiosa del club y de los once mil abonados actuales, debe guiar a sus directivos ante esta nueva encrucijada. Pero sin que el corazón nuble la cabeza. La prioridad es el futuro inmediato que puede deparar la todavía delicada situación del Murcia. Reflexión profunda e inteligente, sobre la que asentar el Real Murcia que han esbozado Paco Tornel y compañía.

Sensatez, trabajo, seriedad y murcianía. Esa es la mecha que ha cebado el renacido sentimiento murcianista. Y, además, con un efecto desconocido en la afición pimentonera: el de la santa paciencia con un proyecto austero basado en lo que da la tierra. Cualidad que nunca fue la más destacada de tan veterana afición. Lo saben bien quienes siguen al Real Murcia desde niños. Y mejor aún los que alguna vez gestionamos el club. La impaciencia, incluso desde el éxito, ha sido el marchamo que mejor define por qué nunca cuajó un Murcia basado en la cantera; vieja aspiración de tantos buenos aficionados e incluso de los profesionales canteranos que defendieron con orgullo su camiseta. Solo recuerdo el equipo de primeros de los setenta del siglo pasado, presidido por Moreno Jiménez, que con una mayoría de futbolistas murcianos fue capaz de subir de tercera a primera en dos años. Seguramente, el éxito que más se asemeja al objetivo que tendrán en la alforja de sus sueños los actuales gestores granas. Pero hay una enorme diferencia entre el Murcia actual y el de entonces. Aquellos jugadores llenaban La Condomina porque jugaban muy bien y goleaban en Tercera –no había Segunda B– y en Segunda. Era fácil entusiasmarse. Y no había nada más relevante detrás. Ahora sí.

Ahora hay un concurso de acreedores con final todavía incierto. Una tenebrosa historia reciente. Una respuesta tan generosa del murcianismo como merecedora de la máxima consideración. Una situación deportiva tan delicada como la económica. Y amenazas recurrentes de todo tipo. Hay que pensar.

Un año futbolístico mediocre, a pesar del gran mérito de dirigentes, jugadores y técnicos, es suficiente. Si hay suerte, que esperemos, la temporada próxima habrá que doblar al menos el presupuesto para intentar subir a Segunda A ¿Puede avalarlo alguien?

La deuda, a pesar del encomiable trabajo desarrollado, sigue siendo asfixiante. ¿Puede garantizar alguien que no acabará enterrando al club?

Los aficionados responden magníficamente, ¿pero puede asegurar alguien que sin un proyecto de garantías en lo deportivo continuarán luciendo paciencia franciscana?

Los anunciantes y algunas empresas se han sumado, ¿pero si no hay brillo, acudirán otros para llenar el hueco de lo hipotecado por años?

¿Puede prever alguien una nueva y decisiva capitalización del club?

Sin un futuro prometedor, ¿se podrán retener los jugadores jóvenes que destaquen?

¿Podemos confiar en que el murcianismo pervivirá, arrastrando su nombre por eses campos de Dios?

La confianza reside en lo previsible. Las dudas generan ansiedad. Y la ansiedad, desánimo. Piensen, señores consejeros, pero no tarden en responderse, y actúen.

Y sobre todo, aviven el renacido sentimiento murcianista que posibilitaron. La gente que confía en ustedes lo merece. Y ustedes también. El romanticismo es bueno–si es solo eso, ¡cuidado!–, pero si no se alimenta, muere. Conocen mejor que nadie los riesgos que corren. Fórmulas hay. Se trata de sumar imaginando desde la realidad, la cooperación y la generosidad.

Es tiempo de pensar en grande.

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