16 de diciembre de 2019
16.12.2019
La Opinión de Murcia
El deporte, en primera persona

Gemma Sardina Álvarez: "Después de ser tercera de Europa me dejaron de lado por una lesión de rodilla"

"Dejé Barcelona y me vine a Torre Pacheco para entrenar en el Koryo, pero me rompí otra vez", afirma la taekwondista de 21 años

16.12.2019 | 04:00
Gemma Sardina Álvarez.

Estudiante y taekwondista. Gemma Sardina Álvarez (Barcelona, 13 de diciembre de 1998) fue elegida mejor deportista senior en 2018 por la Federación Murciana de Taekwondo. Después de ser una gran promesa nacional, tuvo que dejar la alta competición tras romperse las dos rodillas. En 2015 abandonó su ciudad natal para venirse a Torre Pacheco. Ahora estudia Nutrición con una beca en la UCAM.

¿Cómo llegó hasta la Región?
Por el taekwondo. En agosto de 2015 nos vinimos mi madre y mi hermana y después mi padre.

¿Cómo fueron sus primeros pasos en el taekwondo?
Mis padres me apuntaron porque llegaba a casa llena de moratones y mordiscos. Se ve que era el juguete de mi clase. Entonces me apuntaron a un arte marcial para que los niños se achantaran un poco ante mí. Estamos hablando de que estaba en 1º de Primaria. Y desde que me apunté ya la gente no se metía conmigo porque les decía que hacía taekwondo, ya les daba respeto.

Pero fue avanzando en este deporte.
Sí, primero empecé con los pumses y luego vino a mi club Juan Antonio Ramos, cuarto en unos Juegos Olímpicos, y empecé a salir a competir en infantiles en Cataluña. Me di cuenta de que eso me gustaba. Y de allí pasé al CAR de Barcelona.

¿Y no le llamaba la atención ningún otro deporte?
Sí, antes del taekwondo hacía tenis y llegué a compaginarlos durante un tiempo, pero en 3º de Primaria mis padres me hicieron elegir.

¿Cómo acabó en Torre Pacheco?
Me lesioné en la rodilla por cansancio. Llevaba tres años becada en el CAR de Barcelona y después de un preolímpico me rompí la rodilla entrenando. Entonces le dije a mi entrenador que si no me cambiaba las condiciones tenía que hacer algo, porque yo me levantaba a las siete de la mañana y volvía a casa a las once de la noche, todos los días. Quería dormir en el CAR porque me pillaba a 40 minutos de mi casa y como vieron que me partí la rodilla, no me cambiaron las condiciones. Entonces opté por volver a mi gimnasio, pero me comunicaron que si hacía eso, no me sacarían a campeonatos.

¿Y por qué eligió Murcia como solución?
Por Rafa Alcázar, director técnico de la Federación Murciana y presidente del Koryo. Lo conocía de haber ido a Europeos con él. Entonces me propuso que me bajara para acá. Hablé con mis padres y me dijeron que adelante.

¿Y se la jugó de esa manera? Hay que tener las cosas bien claras.
Nos la jugamos mi madre y yo, que se vino conmigo y no se lo pensó.

¿Le costó tomar la decisión?
La verdad es que no. La Federación Catalana ha hecho que sea quien soy en el taekwondo, pero como lo hizo mal cuando me lesioné y después de operarme, la verdad es que no me costó mucho, pensé que si quería seguir tenía que hacerlo en Torre Pacheco.

¿Se sintió un juguete roto?
Claro, claro, es que encima venía de una temporada muy buena, había estado en el preolímpico juvenil, había sido tercera de Europa, campeona de España€ Y por una lesión me dejaron de lado. Llamé a Rafa y me dijo que tranquila, que aquí me acogían.

Menudo contraste, de Barcelona a Torre Pacheco, ¿no?
Pues sí, es que vinimos en agosto de 2015, con 40 grados aquí. El pueblo vacío, solo había gente extranjera en la sombra. Y nosotros veníamos de una ciudad, edificios altos, centros comerciales€

¿Y por qué ha dejado la alta competición?
Porque recaí otra vez. Me recuperé de la rodilla y en la segunda competición que hice me rompí la otra. Y ahí fue cuando empecé a plantearme dejármelo.

Tiene 21 años, ¿cómo se asimila a esa edad tanto cambio?
Ha sido poco a poco. En la primera rodilla no me costó tanto, pero cuando recaí una segunda vez, sí que me dije 'qué pasa, ¿por qué a mí?'. Estaba en 2º de Bachiller y me costó muchísimo, incluso repetí curso, fatal. Pero al final, con mis compañeros y mi familia salí de ahí. A partir de esa segunda rodilla ya dejé de tomarme tan en serio los entrenamientos porque acababan doliéndome las dos rodillas. Ya no estaba con la mentalidad de alto rendimiento, solo de disfrutar y hacer el deporte que me gusta.

Imagino que pasaría momentos muy malos.
Y tanto. Era todos los días ir al fisio, durante un año entero, teniendo a Rafa ahí encima diciéndome que podía superarlo, pero veía que hasta el niño más pequeño me ganaba en un combate. El taekwondo es elasticidad, marcar las distancias con el contrincante y fue volver a empezar de nuevo todo tras un año parada entero.

¿En la segunda lesión identificó rápidamente lo que le había ocurrido?
Fue algo estrambótico. Yo estaba en la final, caí al suelo y escuché el crack que también noté en la primera. Sabía que estaba rota pero me levanté y seguí. Me volví a caer y le dije a Rafa que continuaba luchando, pero se metió en el tapiz y me dijo que como siguiera me echaba del club. Me hicieron una resonancia y en el informe pusieron que sufría una distensión del ligamento lateral, que solo era eso. Entonces volví a entrenar con una protección y después fui al traumatólogo ilusionada porque no tenía nada roto, pero en cuando él vio la resonancia soltó 'esto está roto'. Creía que me estaba vacilando, pero me dijo que el informe estaba mal. Me puse a llorar y se me cayó el mundo encima.

Lógico que se hundiera.
Así fue, llamé a Rafa llorando y me llevó a otro médico que confirmó el diagnóstico. Incluso me puse a entrenar con la protección, pero me caía al suelo y lloraba. Por la cabeza solo se me pasaba que otra vez tenía que pasar por lo mismo. En la primera ocasión me caí al suelo y no me pude mover, pero en la segunda llegué a entrenar con un cédula puesta pese a que tenía la rodilla rota, pero es que cuando acababa el entreno me ponía a llorar del dolor.

¿Se arrepiente de haber dado el paso de venirse aquí?
No me arrepiento por la universidad, porque estoy estudiando una carrera que me gusta, Nutrición, y encima por beca deportiva en la UCAM. Y eso lo he conseguido porque estoy aquí, porque en Barcelona no dan nada. Llevo tres años en la Universidad y estoy encantada.

¿Cómo se toma ahora el deporte?
Ahora me lo tomo por la universidad, pero también lo disfruto. Lo que noto es que en Barcelona tenía mucha gente con la que pelear y en Torre Pacheco somos cinco personas nada más, no tienes esa variedad de oponentes. Ahora la más próxima a mi edad es mi hermana, que tiene 15 años.

¿Y se ve reflejada en su hermana?
Claro, la intento ayudar en todo lo que puedo, tiene que ser mejor que yo y conseguir el doble.

¿Qué otra actividad tiene diariamente?
Bueno, voy todas las mañanas al gimnasio a fortalecer porque los médicos me dijeron que tengo que hacerlo toda la vida, que tengo que cuidar las rodillas porque si no lo voy a tener bastante fastidiado de mayor.

Vamos, que no es una tontería lo que le ha pasado.
No ha sido una tontería, es que me he roto los dos cruzados.

¿Cómo fue la segunda vez?
La primera vez no podía ni mover los dedos del pie ni levantar la pierna entera, estaba paralítica. Y en la segunda, que me operó en el hospital Virgen de la Caridad el doctor Martínez Victorio, lo hicieron por un mecanismo mejor. Pero sentir que no podía mover la pierna fue durísimo. Estuve un mes levantándola con la mano para bajarme y subirme de la camilla.

¿Y ya se queda aquí?
Hasta que acabe la carrera sí, luego ya no sé qué me deparará el futuro.

¿Qué es lo que más la he costado de vivir aquí?
Que en Barcelona tenía a mi familia y mis amigos y aquí solo tenía a mi madre y mi hermana, sin conocer a nadie más salvo a Rafa.

¿Y qué tiene el Koryo, el club al que pertenece, para que una chica de Barcelona se venga aquí?
El Koryo es un gimnasio pero no es un gimnasio. Allí al final están los mejores por Rafa. De hecho hay un chico de Murcia que se ha ido allí.

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