09 de diciembre de 2019
09.12.2019
La Opinión de Murcia
Pasando la cadena

Equilibrio, cuentistas, pesebres y fútbol

08.12.2019 | 23:17
Equilibrio, cuentistas, pesebres y fútbol

Como casi todo en esta vida, el fútbol se explica desde lo más sencillo. Empezando por los triunfos y fracasos, solo hay una vara para medir los diferentes resultados y sus causas al final de temporada. La puntuación de la tabla es la que manda, que diría el doctor Ripoll, y esa escalera, normalmente, es el resultado de la relación entre los coeficientes de goles a favor y en contra según los partidos jugados.

Así, si un equipo recibe medio gol o tres cuartos por encuentro y marca dos y medio debe ser campeón. A saber, si en cuarenta partidos encaja menos de treinta goles y marca noventa o más se llevará de calle la competición. Eso le explicaba a un amigo cartagenero hablando de su equipo este año. El Cartagena, al margen de resultados puntuales, está en ese camino con la única duda de los goles a favor, pues en mi modesta opinión les haría falta otro delantero de quince goles por año. Tienen al mejor portero de la categoría, una defensa sólida con dos centrales de lujo para Segunda B, una media tan sobrada como solvente „esta temporada sí„, y unos delanteros que les garantizan treinta o treinta y cinco goles. Serán los menos goleados, pero para asegurar el ascenso, aun con la lotería que supone la liguilla final, necesitarían sumar un goleador más, pues sumando los treinta que sumarán entre medios y defensas, estarían a falta de diez o quince más para no frustrarse de nuevo en junio del año que viene. De momento, cumplen bien en goles encajados, pero deberían llevar el doble de goles a favor. Ahí tienen el punto débil que deben reforzar en invierno.

Y subiendo peldaños, el Madrid y el Barça andan en paralelo. Los blaugranas cumplen el ratio descrito de goles a favor y los blancos en goles encajados. Ese equilibrado desequilibrio, estando ambos cerca de cumplir también los otros, les hace liderar la tabla, aunque si quieren triunfar en la Liga los culés deben mejorar atrás y los blancos delante. Y mirando a los demás, el Atlético los mejora en seguridad defensiva, pero adolece del mismo gran desequilibrio atacante de sus homónimos bilbaínos, que lideran ese aspecto. Llevar poco más de un gol a favor por partido abona a los dos rojiblancos a transitar por la zona media alta de la tabla. Lo mismo podríamos decir del Sevilla.

En fútbol, todo lo demás son cuentos o, al menos, secundario. Que si juego de posesión, de contraataque con transiciones rápidas, que si jugando desde atrás, en largo o presionando arriba, que si esa gilipollez del juego de estrategia... no son sino medios para conseguir los equilibrios antes señalados. En resumen, jugando cortito y al pie, que diría Di Stéfano, o hablando desde la sencillez, las direcciones deportivas de los clubes deben plantearse esos equilibrios defensivos y ofensivos al planificar la temporada según los medios humanos y económicos con que cuente. Y lógicamente los objetivos que de tales realidades se derivan, para fichar y rescindir, y dejarse de leyendas futboleras que tanto gustan a los teóricos y retóricos de medio pelo, o de alta cuna y baja cama, parafraseando la canción de la tristemente desaparecida Cecilia; que tanto abundan por ahí.

Y también, según avanza la temporada o al final, analizar dónde se ha fallado para corregir lo antes posible. Pero en fútbol es corriente lo de sostenella y no enmendalla, como demuestra el enorme error de Florentino Pérez cuando largó a Cristiano Ronaldo sin recambio y no corrigió enseguida su tremendo fallo; prescindir de cuarenta goles significaba partir por la mitad el equilibrio goleador que citábamos. Su solución de acumular medias puntas me recuerda lo de un antiguo amigo cuando decía que por muchos pequeños que empalmes uno encima de otro no haces un gigante.

Y enlazamos con los pesebreros. Ahora resulta que la sabiduría del baranda blanco es apostar por los jóvenes para competir con los jeques. Eso dicen los pseudo periodistas y comunicadores que escriben al dictado o para hacer méritos. Labrar futuro siempre está bien, pero a un club como el Madrid, y eso lo sabe mejor que nadie su presidente, hay que llegar ya jugado. ¿Y lo de los cedidos? Pues siempre fue así. Desde que recuerdo, cedidos blancos y de otros grandes pululaban en equipos punteros de Segunda y Primera. Unos triunfaban y volvían y otros no. Así de sencillo –aunque no fácil– es el fútbol.

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