07 de octubre de 2019
07.10.2019
Pasando la cadena

Apasionante desequilibrio estable

06.10.2019 | 23:16
Apasionante desequilibrio estable

Cuando vamos para dos meses de liga, media docena de equipos encabezan la tabla con escasas diferencias. Lo bueno es su interés competitivo. Lo contradictorio, que tal acicate sea por la irregularidad generalizada en la competición de la regularidad. Y lo malo, que los grandes estén establecidos en el desequilibrio, como Europa demuestra.

El Madrid ha cogido un tono doméstico efectivo, con lucimiento parpadeante, tan esperanzador como imprevisible. En otra paradoja, aparecen jugadores pujantes, como Valverde ante el Granada, que no les asegura continuidad. Vinicius, otro caso raro, marcó su mejor gol de blanco hace dos jornadas y esta no estuvo ni convocado. Rodrygo, por el estilo. Bale y James ni se vistieron contra el Brujas. Y para no cansar, la portería es un nido de dudas. ¿Alguien entiende que pese a tan inusual desconcierto sea líder? Salvo por la irregularidad citada, no puede explicarlo ni el propio Zidane, que debe tener la cabeza tan embrollada como evidentes son sus nervios ante la prensa para justificar supuestas rotaciones. Los tiempos de sonrisas y comedida elegancia acabaron. Los ha nublado la zozobra que provoca la inseguridad.

El Barça espera frotar la lámpara de Messi para medir sus posibilidades. Solo en Champions contra el Inter hubo destellos mágicos del jefe que se recuerdan más por haber remontado que por su efectividad. Eso, y los dos golazos de Suárez, que por fin recordó al delantero de hace tiempo. Y también parece que la vuelta del mejor del mundo a tiempo completo acabará con las probaturas de futbolistas que más parecían becarios a prueba que profesionales. Si miramos hacia atrás, desde agosto la noticia era Ansu Fati, por encima de otras realidades como el brillo de Arthur en lo positivo, y en lo negativo la desubicación de Griezmann y el juego errante de De Jong, quienes deberían ser fundamentales en el futuro blaugrana, además del runrún sobre un Valverde que patina entre serpientes.

Simeone también anda con demasiadas probaturas en el Atlético que debe enjaretar este año, aunque se justifican porque está desarrollando otro equipo de autor. Imaginen qué ocurriría en el Madrid o Barça si les hubiesen desarbolado la plantilla. La suerte atlética es un técnico indiscutible con un estilo innegociable para sus directivos y afición. Carencias clamorosas por otros lares. Con todo, las mejores noticias del Atlético son Thomas, por extraordinaria revelación, la confirmación de Oblak como uno de los mejores del mundo y el prometedor Joao Felix.

El Valencia sigue de manicomio con un dueño que mueve a su gente como si fueran cristobicas, un presidente mindundi que manda callar a su afición, un director general que no dirige nada y un nuevo técnico que bastante tiene con mantener el tipo con jugadores que tampoco entienden a su club. Menudo papelón el de Celades. Sin duda un buen entrenador, pero con la sospechosa etiqueta de debutante amable en fútbol de club.

Y su antiguo superior, Lopetegui, empezó la temporada por empeño de su director deportivo y entre murmullos, aunque pronto se ganó la aprobación inicial de la exigente grada sevillista con el excelente juego exhibido por Navas, Banega y compañía. Una compaña también de estreno en Nervión, cuyo autor, Monchi, sigue demostrando la importancia del trabajo y del conocimiento profesional. Quizá la mejor noticia de esa plantilla sea Reguilón, quien ha roto en figura tras desprenderse del garrote canterano. Una losa para quienes llegan desde abajo a cualquier grande, porque él ha llegado desde uno más grande al Sánchez Pizjuán. Claro que en esa extraordinaria irrupción, aparte de su indudable valía, cuenta la confianza de un técnico que lo conocía bien.

Granada y Real Sociedad son punto y aparte. Los equipos revelación de este año tienen dos entrenadores desconocidos. Y su mérito es competir brillantemente con mimbres tan humildes como ellos, exceptuando en los donostiarras a los internacionales Oyarzábal e Iñigo Martínez más la eterna promesa noruega merengue, Odegaard. Pero les une lo más importante, un buen sistema, fruto siempre de cabezas bien amuebladas. Si Diego Martínez e Imanol Alguacil mantienen la tensión, serán notables.

Resumiendo, la estabilidad de la irregularidad generalizada, con pasmosas bipolaridades en el mismo partido o de uno al siguiente, pueden hacernos disfrutar de una Liga apasionante. A estas alturas, nadie puede asegurar nada ni aunque un grande vaya ganando 3-0. Hasta el final hay partido; Madrid contra Granada como muestra. Aparte de su belleza ocasional y la pasión, es la mejor adrenalina. El imán del fútbol.

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