23 de septiembre de 2019
23.09.2019
Pasando la Cadena

Del Moro al Mouri con Floren vacilando

23.09.2019 | 00:25
Del Moro al Mouri con Floren vacilando

Pérez mira al tendido como si el toro no estuviera en el ruedo y con él no fuera nada; Zidane vuelve a estar fuera. En marzo del 18 anticipamos aquí la fuga del Moro -aunque el presidente en público y en persona le llame Zizú arrobado- a final de esa temporada. Y desgranamos las razones del desengaño para decidir dejar en junio al Madrid y a su valedor, don Florentino, pasara lo que pasase. Y para pasmo de muchos y gloria suya, Zinedine antepuso la dignidad -pensábamos que también la inteligencia- a los réditos y oropeles inmediatos por ganar su tercera Champions consecutiva. Pero ahora, en la baraja del Madrid pintan bastos en lugar de copas.

Aquella primavera, a Zidane le dolía el flirteo navideño presidencial con el seleccionador alemán, Löw, porque el carro blanco había echado por las piedras demasiado pronto en Liga y tenía Europa cuesta arriba, y tampoco entendía el absurdo divorcio entre Florentino y el goleador Cristiano, la poderosa palanca lusa clave en sus éxitos; era consciente de las carencias que tapaban sus goles, pensábamos algunos, y de su verdadera aportación: domar los egos de un vestuario crecido, colocar a Casemiro como piedra angular del equipo y motivar a los suplentes hasta enjaretar una unidad B competitiva.

Ahora, a la vista de cómo está el Madrid, es incompresible su vuelta en marzo para no hacer lo que notoriamente necesitaba el equipo. ¿Cómo fue incapaz de ver lo que se le vendría encima sin relevos importantes? Son clamorosos sus reiterados apoyos a jugadores quemados por la edad y las circunstancias y el desprecio por otros en edad de merecer, aparte de su contumacia en el tema Pogba como si no hubiera otros para reforzar el centro del campo. Despreció a los que le pusieron en bandeja: Eriksen y Van de Beek, y largó a Llorente sin recambio para Casemiro, aparte de preferir suplentes como Mendy exiliando a Reguilón, hacer titulares y elogiar a Bale y James cuando había pedido hasta hartarse que los vendieran, etc. Y, como dijimos hace semanas, subyace una duda existencial: ¿realmente, vino a revolucionar o fue Pérez quien lo trajo para seguir camuflando su calamitosa dirección deportiva? El ejemplo más palpable ha sido lo de Keylor, que nunca fue del agrado presidencial y sí del suyo. ¿Por qué le dijo rotundamente que no jugaría, sin darle margen a ganarse el puesto de ninguna forma? Pero lo contradictorio con eso, sin embargo, es el ninguneo a Ceballos, Vinicius, Rodrygo y Kubo, cada cual de una forma, siendo las apuestas jóvenes de don Florentino. Es decir, que sin contentar a nadie, salvo a ciertas vacas sagradas refugiados en su zonas de confort gracias a su también pasmosa miopía, se ha labrado a pulso el despido demasiado pronto. Su suerte es que la guadaña presidencial, siempre presta, prolífica y afilada en estos casos, no lucirá sobre su cuello porque Pérez aguarda que dimita antes si, como todo apunta, el Sánchez Pizjuán y/o el nuevo Metropolitano dictan sentencia. París solo fue una muestra reiterada de la realidad blanca. Resumiendo, en el 2018 salió a hombros y ahora saldrá entre los almohadillazos de una afición que lo adoraba y la indiferencia de los nobles blancos, acompañado del desprestigio futbolero y la incomprensión general. Salvo milagro súbito, que también podría suceder -no olvidemos la decimotercera, aunque entonces tenía al santo Cristiano-, Zidane ya es pasado.

Y, ¡tatachín, tatachán!, ¡dedos fuera!, como anunciamos en agosto, llega el azote del antimadridismo imaginado por los forofos más rancios con el propio Pérez al frente: el único, el auténtico, el número uno, el madridista en estado puro, el inigualable merengue Xosé Mourinho; ¡válgame Dios! Para don Florentino, quien no está con él está no solo contra él sino contra el Real Madrid. El dedo y las patas del luso saltarín son la penúltima estampita de su chaqueta trilera. Durará poco. La última, curiosamente, será Raúl.

Los periodistas ya celebran los titulares que les regalará tamaña estulticia. Y don Florentino bien puede mesarse la soberbia antes de escoger olivo para su segunda huida. Pero esta vez, y a pesar de las apariencias, su ruinosa herencia será catastrófica.

Pocos creían lo que desvelamos hace mucho sobre su confesa afirmación en la intimidad de que si sabe de algo es de fútbol, hasta que lo fanfarroneó ante los socios asamblearios. En un tipo tan brillante en otras cosas, es para echarse a temblar.

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