16 de septiembre de 2019
16.09.2019
Pasando la cadena

A los buenos, hay que ponerlos

16.09.2019 | 00:14
A los buenos, hay que ponerlos

Y no cederlos. Esa sería la mejor razón de un Ernesto Valverde vanidoso, pero el técnico del Barça es modesto. También se podría decir que si Ansu Fati ha debutado en su equipo ha sido por las lesiones de Messi, Suárez y Dembélé, pero lo relevante es la osadía de alinear a un chico de dieciséis años en todo un Barça, el año del bluf Neymar.

La historia de algunas leyendas coincide con la del juvenil bisauguineano. Por necesidad o intuición de sus entrenadores, pero siempre con valentía, Casillas y Raúl debutaron en el Real Madrid siendo juveniles. Toshack y Valdano le echaron coraje y cabeza para darles la titularidad en Bilbao y Zaragoza y para repetirlos después. El delantero se convertiría en el madridista con más partidos en el Real, 741, y el portero en el segundo con 725. Idéntico valor tuvo Di Stéfano haciendo titulares a Sanchís y Martín Vázquez siendo juveniles también. Debutaron en La Condomina contra el Real Murcia, partido que recuerdo perfectamente, con triunfo blanco por uno a cero y diana del luego legendario defensa. Y enseguida se incorporaron los otros componentes de aquella extraordinaria Quinta del Buitre„ D.O de Julio César Iglesias„, por Butragueño, con él mismo y Míchel, y Pardeza durante dos temporadas alternas. Los cinco habían sido campeones de Segunda con Amancio de técnico en 1983. Y sin comparaciones, lo mismo Feola, haciendo debutar a Pelé con diecisiete años en su exitoso mundial de Suecia en 1958.

Una especie común en la enciclopedia futbolera no escrita defiende foguear a los jóvenes antes de darle la alternativa a lo grande. Pero eso no es ley sino costumbre de dudosa fiabilidad, acobardada demasiadas veces; nada es seguro en este deporte. En todo caso, depende de cada jugador y de cada ocasión y circunstancia. Lo único claro, sin embargo, es que en los momentos difíciles es negativo echar la responsabilidad en las espaldas de los más jóvenes. Y también es evidente que para que un juvenil triunfe en el fútbol profesional son necesarias tres premisas: ser verdaderamente bueno, tener un entrenador tan intuitivo como valiente y suerte. Y esas tres condiciones se cumplieron en los casos citados y ahora con el sorprendente Ansu Fati. Ojalá pueda ser pronto internacional con España en la selección que corresponda. Puede ser una de las rarezas extraordinarias que surgen en el fútbol cada cuarto de siglo.

En el Madrid actual, el debate está en torno a otro que debutó también siendo juvenil, Vinicius. Pero hay notables diferencias con el blaugrana. La primera es que tiene tres años más, la segunda no ser canterano y venir al Madrid por cuarenta y cinco millones, y la tercera es que pareciendo similar en el desborde es inferior de cara al gol. El carioca se enreda y le cuesta un mundo dirigir la pelota entre los tres palos, y el bisauguineano ve puerta con notable facilidad tanto con el pie como de cabeza. De todos modos, tal vez su mayor parecido sea que no se arrugan ante cien mil espectadores y que piden el balón y se ofrecen con tanta insistencia como descaro. Pero en esa muestra de loable carácter, rodeados de figuras, también gana el culé: no es lo mismo hacerlo sin ser nadie y con dieciséis años, circunstancia insólita, que con tres más siendo internacional brasileño y venir con vitola de grande.

Y volviendo a la importancia del gol, lanzo una idea. Si tan importante es impedir goles como marcarlos, ¿por qué los porteros cuentan con técnicos especialistas para entrenar aparte y los delanteros no? Y algunos dirían, como yo mismo en ocasiones, que con el gol se nace. Se tiene gol o no se tiene, y esa circunstancia que muchas veces es meramente intuitiva no se aprende. Pero como me apuntó con sabiduría el también legendario Marcial Pina en una entrañable comida, sí se puede mejorar entrenándolo. ¿Es que no podrían Roberto Carlos y Raúl, que andan por allí, darles clases particulares a ese proyecto de futuro que es Vinicius, cada cual desde su perspectiva? El brasileño en el golpeo y el madrileño en colocación, oportunidad y en la décima de segundo precisa.

A los buenos hay que ponerlos, para que tengan ocasión, y mantenerlos para que ganen confianza. La genialidad, como el buen paño, en el arca no se vende. Y acabo con un pálpito: ¿qué hace Kubo en el Mallorca? Perder tiempo, seguramente, porque es otro fenómeno.

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